A vista de pájaro

Se acaba de conocer que los alpinistas Reinhold Messner, italiano, y Krzysztof Wielicki, polaco, son los galardonados este año con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes. Messner, entre otras proezas, es la primera persona que ha logrado escalar las catorce cumbres de más de 8.000 metros del planeta sin ayuda de botellas de oxígeno. Algunos lo consideran el más grande alpinista de todos los tiempos, y no es para menos. Entrevista a Reinhold Messner

Wielicki fue el primero en hollar la cima del Everest, el Kangchenjunga y el Lhotse ¡en invierno! Y sí, también ha ascendido los catorce ochomiles, es el quinto hombre que lo ha logrado. Wielicki, el «guerrero del hielo»

Admiro de verdad a quienes encuentran en el alpinismo y la escalada su objetivo vital. Algo realmente inefable e inconmensurable se debe de sentir al practicar estos arriesgados ascensos para que seres humanos corrientes -y no superhéroes- se atrevan a hacerlo. Lo cual me hace extraer la conclusión de que las personas nos sentimos irremediablemente atraídas por las alturas. Quienes no tenemos el arrojo ni el físico (sobre todo el físico) para lanzarnos a tamañas empresas, nos conformamos con ascender monumentos o cuanto lugar de interés turístico que disponga de escaleras, rampas, ascensores o teleféricos y quede unas decenas de metros por encima del suelo.

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Si tocan a una, nos tocan a todas

¿Cómo comprender lo incomprensible? He intentado leer completa la sentencia del juicio contra «La Manada» en busca de explicaciones, de porqués. Quería averiguar dónde reside la diferencia entre abuso y agresión sexual. En el relato de los hechos probados, se habla de la actitud de la denunciante (así se refiere a ella la sentencia; yo voy a utilizar otro término: la víctima) como de una actitud de estupor, sometimiento, pasividad. Aparecen las palabras angustia, ansiedad, intenso agobio y desasosiego. Ella declaró que en ningún momento imaginó que iba a suceder lo que sucedió dentro del portal de la calle Paulino Caballero, al cual entró porque dos de los procesados la hicieron entrar. Ella pensaba que iban a fumar y a pasar allí el rato.

En la sentencia se describe el contenido de los vídeos que estos mamarrachos grabaron de su «hazaña». Si la descripción es desagradable, no quiero pensar cómo será su visionado. Me detengo en la víctima: tiene los ojos cerrados en todo momento. No se aprecia iniciativa alguna en sus movimientos, estos no parten de su voluntad, es como si se dejara hacer. Me viene a la cabeza la imagen de una marioneta. Que no se resistió, arguye la defensa de los sevillanos.

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Señores jueces: la víctima es casi diez años más joven que los procesados. Es una mujer, y ellos unos maromos de tamaño considerable. La víctima había consumido bastante alcohol, detalle importante ya que la fuerza física, la coordinación de movimientos y la claridad mental quedan muy mermadas. Ella declaró estar sorprendida por la deriva de los acontecimientos, y en ningún momento dijo estar al tanto de los planes de los procesados. Que la víctima no chille, no se revuelva, no patalee ni dé puñetazos o mordiscos no significa que esté gozando, disfrutando y jadeando de placer siendo penetrada oral, vaginal y analmente a discreción. ¿Acaso hay un protocolo de comportamiento cuando se está sufriendo una violación? No olviden que somos personas, no robots. Cada persona es diferente, sus reacciones ante el horror, la violencia o los desastres naturales pueden ser bien distintas. Tengo clarísima una cosa: les ha importado más el peso de la palabrería legal que los sentimientos de la víctima. De nada han servido los testimonios de los dos agentes de Policía Municipal que acudieron a la llamada de la pareja que encontró a la víctima «llorando desconsoladamente» en un banco. De nada han servido tampoco los testimonios de esta pareja, las primeras personas que hablaron con la víctima tras lo sucedido. De nada han servido las exploraciones forenses o el estrés postraumático. Pudo ser sexo consentido, incluso. ¡Ja! ¿Pero qué clase de relaciones sexuales tienen ustedes? ¿Sus parejas acaban llorando desconsoladamente?

No he estudiado Derecho ni comprendo la mayoría de los recovecos legales que se esgrimen en un juicio. Admito que no he leído entera la sentencia, las 371 páginas de sentencia. Parece ser que para que esto sea considerado agresión sexual (=violación) es necesario que los hechos se produjeran con violencia o intimidación. Qué curioso que entre los miembros de «La Manada» haya un militar de la UME y un guardia civil. Tiendo a creer que a la víctima no se le infligió violencia, entendida como golpes, patadas, bofetones, tirones de pelo, etc., porque todo ello deja marcas, y ellos -no solo ellos dos, los cinco- lo sabían. La otra violencia, la sexual, parece que no es susceptible de ser probada, a pesar de las lesiones citadas en el informe forense. Pero hay otra violencia: la psicológica. Cuando se habla de la lucha contra la violencia doméstica, esa que va dejando mujeres muertas y niños huérfanos, también se incluye la violencia psicológica. Esta chica sufrió violencia psicológica; el gran problema es que los jueces no pueden meterse en su cerebro o en sus emociones y presentarlos como prueba.

¿Y la intimidación? Es un requisito para que los hechos queden admitidos como agresión sexual, ¿no? La víctima no se sintió intimidada, noooo. Estaba encantada de la vida, pensando que mejor no me resisto, voy a cerrar los ojos, que acaben cuanto antes y me dejen en paz. No quiero intentar zafarme y que me den de hostias, me dejen inconsciente, me hagan más cosas horribles incluso durante el tiempo que quieran, me dejen aquí tirada porque no conozco a nadie en esta ciudad, me queden secuelas como algún traumatismo craneoencefálico. No voy a resistirme. Quizá así siga viva.

Ojalá dejes de sufrir. Deseo que recuperes tu vida, tu normalidad. Deseo que puedas enamorarte y sentir que la vida merece la pena, a pesar de todo. Deseo que tu caso sirva para algo. Ya ha servido para algo, de hecho: para que media España haya salido a la calle, para que las mujeres nos unamos y reclamemos nuestros derechos.

Tenías libertad para venir a Pamplona a San Fermín (desechos malnacidos que han manchado el nombre de mi ciudad y de sus fiestas), tenías libertad para beber unas copas, bailar, divertirte, conocer gente. No tuviste libertad para escapar de ese portal en el que te acorralaron.

Ojalá el recurso a la sentencia cambie las cosas. Mientras, debes saber que no estás sola.

Contradictorios

Todos, en mayor o menor medida, tenemos tendencia a la contradicción.

Presenciamos eventos deportivos con una porción -o varias- de grasas saturadas y extra de queso en la mano.

Endulzamos el café con sacarina después de una generosa ración de pastel de chocolate.

Nos quejamos toda la mañana de tener un sueño espantoso, pero nos fuimos a dormir a las mil ochocientas por estar viendo la tele o mirando el móvil.

Estamos contentos y orgullosos de que haya tiendas de siempre, autónomos y emprendedores, y comercio de proximidad, pero compramos cada vez más por internet.

Ponemos mil y una excusas para quedar con gente y amigos que hace tiempo que no vemos, pero siempre tenemos tiempo para navegar -y no hablo de barcos.

Decimos que vamos a suspender. Y sacamos un diez.

Decimos ser creyentes pero apenas pisamos una iglesia.

Aquellas navidades que tocaron en nuestra puerta para que nos hiciéramos socios de una ONG, dijimos que no nos venía bien. Y al día siguiente nos gastamos los cuartos en la juguetería más cercana. O comprando angulas en la pescadería.

Nos encantan el campo, el mar y la montaña. Pero ponemos excusas para no reciclar.

Estamos deseando que lleguen las vacaciones, ese viaje planificado y ansiado, pero volvemos a la rutina estresados y cansados.

Echamos pestes de nuestro país, pensando siempre que fuera se vivirá mejor. Pero luego salimos al extranjero y al ver a un compatriota cantamos «yo soy español, español, español», y nos abrazamos extasiados.

Nos quejamos de lo pesada que es nuestra madre, pero nos llevamos a casa todos los táperes que nos da.

Aseguramos que no somos racistas, pero agarramos más fuerte el bolso si tenemos cerca a «ese tipo» de personas.

Vamos al gimnasio a hacer spinning, zumba, kickboxing y otras artes deportivas con nombre extraño, pero luego cogemos el ascensor para subir a un primero.

Decimos «la última y me voy». Y llegamos a casa de día.

Algunas personas, incluso, dicen tener la conciencia muy tranquila tras su ¿paso? por la universidad. Pero luego salen a la luz unas imágenes algo turbias y dimiten.

 

Que gane el mejor

Esta noche se disputa la final de la Copa del Rey entre el Fútbol Club Barcelona y el Sevilla Club de Fútbol. Como ninguno de los dos es mi equipo, veré el partido relajada y plácidamente. Los prolegómenos, ni tan relajada ni tan plácidamente.

Tuve la suerte de asistir el 11 de junio de 2005 a la final de la Copa del Rey que disputaron el Real Betis Balompié y el Club Atlético Osasuna en el estadio Vicente Calderón. Esa es la única final que ha jugado el equipo de mis amores, y además la perdió. Para los aficionados de un equipo humilde que nunca ha ganado ningún gran título, aquel día quedó señalado en rojo, como el rojo del escudo y de la camiseta. Fue una jornada de fiesta, para celebrar y disfrutar, y más allá de las diferencias sociales, culturales, ideológicas o de otra índole, aquel día todos los que estuvimos allí y quienes al otro lado de una pantalla vibraron con Osasuna íbamos remando juntos en la misma dirección. Éramos Fuenteovejuna: arquitectos y fontaneros, operarios y amas de casa, estudiantes y jubilados, dependientas e ingenieras, votantes de izquierdas y votantes de derechas. Una sola cosa en común: amor a los colores de nuestro equipo.

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Por haberlo vivido así es por lo que me resulta tan desconcertante la actitud de una gran parte de la afición barcelonista al pitar el himno de España, pero no es la única. En aquella final de Osasuna hubo un sector de la grada rojilla que pitó el himno. También hinchas del Athletic de Bilbao, en la final de 2015, hicieron retumbar el Camp Nou junto con los hinchas culés silbando en contra del himno. Con la de esta noche serán cuarenta las ocasiones en que el conjunto azulgrana ha disputado la final de Copa. El F.C. Barcelona juega en la Liga española, pertenece a la Federación Española de Fútbol; muchos de sus futbolistas juegan también en la selección española; entre sus socios, aficionados y simpatizantes hay gente de muchas nacionalidades y, por supuesto, gente de otras comunidades españolas. Sigue leyendo

Francina en el País de las Incongruencias

Érase una vez una alegre socialista, a la sazón presidenta del Gobierno de Baleares, llamada Francina. Una tarde, después de darse un chapuzón en una calita ibicenca, se sentó en el sofá de un local con música chill-out y sacó el móvil para tuitear un rato y ver qué se cocía en el ciberespacio político. Fuera porque era el atardecer, fuera porque el baño la había dejado muy relajada, se quedó dormida en el sofá y soñó con un lugar llamado el País de las Incongruencias.

En este mágico paraje todos parecían conocer a Francina. Primero, unos astronautas le salieron al encuentro llevando agujas de punto en las manos. Estaban tejiendo unos jerséis porque, según le contaron, eso es lo que hacían los astronautas del País de las Incongruencias.

Poco después se topó con un profesor de inglés que cantaba ópera delante de una pizarra y ante sus embelesados alumnos. Supo que era profesor de inglés porque en la pizarra ponía: All English teachers in this country can sing opera (todos los profesores de inglés de este país saben cantar ópera).

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Francina iba absorbiendo todas estas experiencias, y lo que iba viendo le gustaba y le divertía. Siguió caminando hasta descubrir entre unos árboles un grupo de lo que parecían médicos, a juzgar por su indumentaria. Hablaban un idioma desconocido para Francina, así que se acercó a uno de ellos, a una mujer en concreto, y le preguntó en voz baja qué idioma era aquel y si sabían hablar español. La doctora le contestó en perfecto castellano que estaban hablando en rumano porque se les exigía un nivel B2 de ese idioma para poder ejercer la medicina en el Servicio Público de Salud del País de las Incongruencias (SPSPI). Francina, como estaba soñando, y en el mundo onírico la lógica no existe, asintió, asimiló la idea, la interiorizó como algo completamente normal, y siguió su camino. En un momento dado, se giró porque creyó escuchar a alguien gritando muy enfadado: ¡Que no me tienen que operar de apendicitis, que lo que tengo son piedras en el riñón! Decidió no meterse en asuntos ajenos y continuó caminando.

De pronto, se había levantado un viento fresco que hizo que Francina despertara de tan extraño sueño. Cogió su móvil, abrió el WhatsApp y escribió en el grupo «Equip de Govern»: He tingut un somni. Demà parlem (He tenido un sueño. Mañana hablamos).

Días más tarde, los habitantes del archipiélago balear y el resto de los españoles leían esta bonita y onírica noticia, propia de un país de incongruencias:

Baleares exige el catalán para tocar en la Orquesta Sinfónica

Como se puede comprobar aquí, no es una inocentada: Bolsa de trabajo Fundación Orquesta Sinfónica de las Islas Baleares

Redoble de tambores, trrrrrrrrrrr… ¡tacháááááán! (Aplausos).

Usuaria de Instagram, nivel principiante

Hace escasos dos meses decidí abrirme un perfil en Instagram, porque oía hablar mucho de esta red social y sentía curiosidad. Tengo Facebook desde hace por lo menos diez años, y tiempo después me hice también cuenta en Twitter, aunque esta última la uso poquísimo. No pertenezco a la generación de nativos digitales; en mi infancia viví con solo dos canales de televisión, conocí los teléfonos de ruleta, los casetes, los televisores de tubo, el walk-man, los walkie-talkie. Mi primer ordenador o PC no lo tuve hasta comenzar la universidad (y no tenía internet), y pasaba de los veinte años cuando tuve mi primer teléfono móvil y pude mandar mi primer SMS. Los de mi generación, los que hemos estudiado la EGB, hemos ido aprendiendo y «digitalizándonos» sobre la marcha. Nadie nos ha dado clases, somos autodidactas, y aún así, en mi caso particular al menos, muchas veces nos llegamos a sentir analfabetos digitales si nos comparamos con quienes hoy no han cumplido la mayoría de edad. Diccionario de Instagram

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El viajar es un placer

Otro año más llega la Semana Santa y con ella las procesiones. Las religiosas y las otras: la procesión A-6, la A-8, la A-1, la A-66, etc. Precaución al volante, por favor, que se trata de llegar bien y en tu propio coche, no en la ambulancia.

No era en estas fechas sino en verano, pero recuerdo la primera vez que fuimos mi familia y yo de Pamplona a Málaga, allá por 1994. Nos pegábamos el madrugón para intentar pasar Madrid antes de la hora punta. Mi hermana y yo nos tumbábamos como podíamos en los asientos traseros de una Renault Express sin cinturones atrás (ahora da escalofríos pensarlo) y sin dirección asistida. Dormíamos un par de horas o lo que nos permitiera el dolor de espalda por la postura. Mi padre era el único que conducía, y parábamos bastantes veces a estirar las piernas para que descansara. Llevábamos el repertorio musical en casetes, desde Mocedades a Roberto Carlos, lo que les gustaba -les gusta- a mis padres. Enseguida se acababa la música, no existía el MP-3 para poder llevar decenas y decenas de canciones diferentes en poco espacio. La radio tampoco era una solución a la falta de variedad, porque cada poco se iba la emisora y tenías que buscar otra entre el ruido blanco de las ondas hertzianas. Tampoco tenía la furgoneta aire acondicionado, y a mediodía, habiendo pasado Madrid y en tierras manchegas, el calor ya había hecho mella en los cuatro. A pesar de las incomodidades, un viaje largo como ese puede llegar a unir muchísimo a una familia, y nunca se olvidan las anécdotas relacionadas con él.

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Hoy queremos llegar rápido a todas partes. No hay más que fijarse un poco si vamos por la autopista, donde el límite es 120 km/hora, y contaremos muchos coches que van a más de 140. Algunos encuentran un entretenimiento magnífico en adelantar a todo quisqui, y hacen suyo el carril izquierdo, se acomodan allí y a veces ven con pasmo cómo alguien les adelanta por el carril derecho: la paradoja hecha conducción.

En ese afán «adelantatorio», muchos echan el intermitente (cuando lo echan, porque algunos ni eso) y creen que eso ya les da derecho a salir del carril y meterse con calzador en el carril izquierdo, por donde estás tú adelantando, y tienes que pisar el freno para que el listillo de turno se te ponga delante. No hay bocinas en el mundo para afear ese comportamiento, descortés pero sobre todo peligroso.

En el sopor y el aburrimiento de un viaje de tantos kilómetros, cualquier nota discordante era bienvenida: cuando veías pasar un tráiler, un camión cisterna, una autocaravana con remolque, un toro de Osborne, una escultura horrenda en la mediana, un conejo aplastado en el asfalto, un grupo de moteros en sus Harley, el Patrol de la Guardia Civil… Recurríamos también a los juegos de carretera, como el de las palabras encadenadas o el veo-veo, o nos fijábamos en la procedencia de los coches por sus matrículas, cuando todos llevaban esa señalización en la placa:

V- Valencia

M- Madrid,

AB- Albacete

VI- Vitoria (Álava)

CC- Cáceres

Hemos avanzado mucho e incluso un viaje largo se hace llevadero si se descansa adecuadamente cada tres horas. No pasamos ya calor ni frío en nuestros coches y los asientos son mucho más cómodos que antes. Muchos vehículos llevan control de velocidad, no hay peligro de que se nos acabe la música o la tengamos que oír repetidas veces. Los peajes se pueden pasar casi sin detener el coche gracias a que una antena detecta el dispositivo de nuestro coche al llegar a la barrera; ya no hay que llevar suelto para pagar en una ventanilla. Las áreas de servicio son más numerosas y modernas, y contamos con otras opciones para viajar, porque los trenes, por ejemplo, hoy muy veloces, ya no son tampoco como los de antes, y hay más kilómetros de vía que antaño.

Por encima de todo, y sea cual sea la opción que elijamos, viajar es en sí toda una experiencia, y si el viaje es por vacaciones y por placer, mucho mejor.

Lo dicho, que todo el mundo esté aquí a la vuelta, y como decía la coplilla: no corras mucho, papá.

Perlita de Huelva: Amigo conductor

«Amabiliza», que no es poco

Anoche tuve un sueño maravilloso. Me encontraba en un comercio muy cuqui, de los que hacen ciudad, de los que cambian muy a menudo los escaparates (preciosos, además), y en los que tratan al cliente con suma amabilidad y una sonrisa permanente porque les gusta ser comerciantes, llevan toda una vida haciéndolo y quieren que vuelvas a su tienda. Bien, pues en el sueño todo era como en la realidad, tal y como he descrito. Lo llamativo era que no había sistema de alarma en la puerta. Las prendas y los objetos no tenían etiquetas ni alarmas, y la dueña del establecimiento miraba todo el rato en dirección opuesta a mí. No había nadie más en el local, solo ella y yo. Por alguna extraña razón, algo me empujó a coger un abrigo preciosísimo que, aunque no llevaba precio, tenía pinta de ser muy, muy caro. Me lo probé, y desdoblé también un par de camisetas de marca que seguramente me iban a quedar divinas. Miré de reojo a la señora y seguía inexplicablemente mirando a la pared. También me fijé en una funda para el móvil y una taza de cerámica de esas con mensaje positivo que tan agradables me haría los desayunos. Con todo esto en las manos, fui reculando hasta la puerta de la tienda. Con estupor pero también con alegría inmensa salí de allí sin que sonara ninguna alarma y sin que la dueña se percatara de nada. Y desperté.

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Los comercios también son «atracados» fuera del mundo onírico. A raíz de lo tristemente sucedido en el barrio de Lavapiés en Madrid, donde murió un hombre que se dedicaba a la venta ambulante ilegal -mantero-, muchas y variadas han sido las reacciones. Aquí, en Pamplona, uno de los partidos que integran el equipo de gobierno ha propuesto unas medidas, cuando menos, curiosas:

Aranzadi propondrá un plan para reordenar el comercio de los manteros en Sanfermines

El descontento del gremio de comerciantes de Pamplona no es nuevo, llevan varios años quejándose por la permisividad de la que disfrutan los vendedores ambulantes en fiestas, que exponen en las aceras peatonales su mercancía y espantan así a su clientela. No pueden competir con un muestrario tan a la vista de los viandantes (que son muchísimos), que tiene un precio más barato por tratarse de falsificaciones de marcas conocidas (marcas que ellos venden en sus negocios) y que no tiene un horario de apertura ni cierre. Estos comerciantes de la ciudad pagan alquileres -nada baratos-, pagan impuestos, declaran a Hacienda, pagan la seguridad social a sus empleados, contribuyen a que la ciudad esté viva, a que haya empleo; sufren desde hace unos meses la «amabilización» de la ciudad, que ha hecho que llevar el coche al centro sea una tarea casi imposible, y que ha hecho descender sus ventas de manera progresiva. Ahora también se propone que los manteros tengan una parcelita exclusiva en la ciudad durante los nueve días de Sanfermines y que la policía no haga nada. Vía libre, pues. Voy a imprimir yo unas camisetas Adadas y las voy a vender delante de la estatua de los Fueros, enfrente de la Policía Foral. Como no he nacido en el África subsahariana, seguramente vendrían a por mí «en cero coma».

Tiremos por tierra el trabajo de los comerciantes, tiremos por tierra la propiedad intelectual. Si de verdad quieren ayudar a esta gente que no tiene otro medio de subsistir que vender de manera ilegal, que promuevan escuelas-taller, cursos básicos de hostelería, de comercio, que hagan convenios con las empresas para que puedan hacer prácticas y alcanzar con suerte un contrato que les permita salir de las calles; que luchen por un cambio en la legalidad para que gente que lleva tantos años en España y no ha dado problemas cambie su situación legal. Son políticos, ¿no? Les pagan para encontrar soluciones con nuestros impuestos. Los mismos impuestos que pagan los comerciantes y en los que parece que se mean encima con medidas como las que intentan aprobar.

Decálogos de 19 puntos

El sindicato CCOO ha publicado en su dosier Conquistando espacios y transformando la educación un artículo llamado Breve decálogo de ideas para una escuela feminista. Las autoras son Yera Moreno (artista, investigadora y educadora) y Melani Penna (profesora de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid). Dejo aquí el enlace, es un archivo PDF y el artículo en cuestión comienza en la página 24. Léanlo primero, y después continúen, si lo desean, leyendo esta entrada.

Dosier Conquistando espacios y transformando la educación

Empezando por el hecho de que no es un decálogo porque contiene diecinueve puntos y no diez (deca-, diez), y aunque alguno de estos puntos puede tener parte de razón (como el de la necesidad de incluir en el currículum educativo a escritoras, artistas, y músicos mujeres), me niego a tolerar tal sarta de sandeces, como la de tener que decir *todes para incluir a todo el mundo, por ejemplo. Soy licenciada en Filología Hispánica, sé de qué hablo cuando hablo de lenguaje. No me parece de recibo que haya que cambiar un sistema (porque la lengua es un sistema), porque algunas tengan un complejo de inferioridad cuando al escuchar o leer la palabra todos (o ciudadanos, alumnos, trabajadores, etc.) no se sienten incluidas. Podría escribir y escribir sobre el tema del lenguaje inclusivo y del masculino plural, pero paso a otros puntos.

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Para mañana, mates

Herrikoa, la Federación de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado de Navarra, ha hecho un llamamiento a los padres de los colegios públicos de Navarra para que secunden la campaña Stop Deberes en defensa de unas vacaciones de Semana Santa sin tareas escolares. Pide que esta campaña se difunda por Twitter con la etiqueta #StopDeberes, y persigue los siguientes objetivos: sensibilizar, alertar y movilizar.

No es la primera vez que los deberes escolares son el foco del debate educacional; incluso se llevó al Congreso a comienzos del curso 2016-2017. Los contrarios a la existencia de los deberes argumentan que estos forman parte del pasado, que demuestran la ineficacia del sistema educativo porque el hecho de que se pongan deberes es señal de que no se realiza un trabajo eficaz en las aulas; que merman la calidad de vida del alumnado, influyen negativamente en su salud y no sé que otras más consecuencias nefastas.

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