Feliz cumpleaños, S.

Sé que me lee, de hecho se suscribió muy pronto al blog, y un día me dijo que leyéndome se le hacía más corto el trayecto del trabajo a casa. Hoy es su cumpleaños, y estará en su casa de Barcelona con su marido y sus dos niños, “teletrabajando” para sus alumnos universitarios. Sirva esta pequeña entrada para desearle un feliz cumpleaños, aunque no se librará de mi llamada telefónica.

Nos conocemos desde niñas: nacimos el mismo año, fuimos al mismo colegio, al mismo instituto y a la misma universidad. Pero ella tiró por ciencias, y yo no. Compartimos profesora particular de inglés para sacarnos el First Certificate, allá en un piso frente al hotel Tres Reyes. Nos veo a las dos también en su casa de la Rochapea recibiendo alguna clase de matemáticas -gratis, encima- de su padre, que fue profesor de FP y hoy está jubilado. Nos veo también en la Renault de mi padre, montadas en la parte de atrás junto con otras tres o cuatro amigas (cuando no era obligatorio el cinturón de seguridad) yendo al Sadar en unos años muy malos para el club rojillo. Estuvimos en el mismo grupo de amigas del colegio hasta que la vida nos fue separando y cada una tiró por caminos distintos y frecuentó nuevas amistades. Pero los años no han dejado que perdamos el contacto.

two people holding cake with lit candles

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Desde hace unos cuantos ya, cuando viene a visitar a su familia a Pamplona, me llama y quedamos un rato con los niños. Suelen ser un par de veces al año: en verano y en Navidad. Pero siempre me avisa, y encontramos un hueco que nos vaya bien. Valoro mucho su amistad; desde niñas siempre nos entendimos: ambas estudiosas, tímidas, poco amigas de llamar la atención. Es una luchadora y la admiro mucho.

Terminó la carrera y se embarcó en un doctorado. Después se marchó a Barcelona a trabajar, y lleva años en la docencia universitaria. Sin tener a su familia cerca, está criando a dos hijos. La vida le ha puesto unas cuantas pruebas en esta carrera de fondo, y las está salvando con creces.

Estas semanas de confinamiento quizá estén influyendo para que nos demos cuenta de lo importantes que son las personas que pueblan nuestras vidas. No solemos expresar lo que sentimos por los demás, hasta que quizá es demasiado tarde. No he querido dejar pasar la ocasión de felicitarte en tu cumpleaños, un día extraño para cualquiera que cumpla años metido en casa, sin que esta se encuentre llena de invitados. Tienes suerte, y yo también, de pasar este día -y todos los que haya que pasar- con las tres personas más importantes de tu vida. Comeos a besos, recibe estoicamente los tirones de orejas de los peques, y sopla las velas para que se cumplan todos tus deseos.

El año que viene, mejor. Seguro.

A nuestros mayores

Enseñadores de la vida,

maestros siempre.

De acostarse tarde y no madrugar,

de pasarse con los dulces.

O de hacer pasteles, metiendo

las manos hasta el codo.

Y amasar, amasar la alegría

hasta convertirla en enorme bola

rebotona y con arrugas en las manos.

Manos que nos levantaron

al aprender a caminar. Manos

que nos acariciaron en consuelos

cotidianos.

Manos encallecidas, duras de sol y de tierra.

Algunas olían a lejía. Otras a limón o canela.

Las de ahora huelen a enfermedad canalla

y no tienen otras manos conocidas que agarrar.

Tan solo -y no es poco- las de ángeles de la guarda

sin alas pero con bata blanca, verde, azul clara.

Con mascarillas ocultando mil sonrisas que cuestan

y que, al mismo tiempo, no cuestan nada.

Si a alguien debemos ser quienes somos,

esos son ellos: nuestros abuelos.

No merecen la cuneta de una cama de hospital.

Rezaremos por todos vosotros.

couple elderly man old

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De China para el mundo

Todos teníamos muchos planes para este fin de semana, y un bicho asqueroso de rapidísimo contagio nos los ha desbaratado. Hemos pasado en poco tiempo de la incredulidad y la negación, al miedo o la tristeza, al enfado y la rabia, a la aceptación y, finalmente, la resignación. En menos de una semana se han dejado atrás las reivindicaciones por el 8M, que ocupaban desde hacía días todos los informativos, y hemos asistido al goteo constante y machacón de noticias en torno al COVID-19.

Antes de la reclusión voluntaria en casa, pude oír opiniones de todos los tipos. Gente alarmista había, pero también personas que le quitaban importancia y no estaban tomando ninguna precaución y confesaban no estar siguiendo todas las noticias porque se agobiaban más y se estaban saturando de tanto martilleo catastrofista. Reconozco que, hace unas semanas, vivía tranquilamente haciendo mis rutinas diarias (que eran muy “sencillicas” y de escasa vida social), pero el paso de los días nos tiene a todos así, haciendo alarde del #YoMeQuedoEnCasa, haciendo acopio de víveres en la medida en que la locura colectiva nos lo permite y, quienes somos padres, haciendo acopio de toneladas de paciencia.

woman sitting while reading a book

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Un poco de reflexión sobre todo esto del bombardeo de los medios y el tono apocalíptico en las redes sociales me ha hecho acordarme de la segunda Javierada, prevista para el domingo 14 de marzo, y suspendida por el mismo motivo por el que se llevan suspendiendo multitud de eventos con más o menos concentración de personas. Se pospone la segunda Javierada ante la expansión del coronavirus ¿Qué tenía que ser emprender un viaje a un país muy, muy lejos de tu casa, sin conocer apenas nada de ese destino exótico, sin saber el idioma, y sin los medios de transporte modernos? San Francisco Javier, patrón de Navarra, santo a quien se dedican las llamadas Javieradas, se pasó trece meses viajando entre 1541 y 1542 para llegar a Goa (India) a evangelizar habiendo partido de Lisboa en 1541. Voyages of St Francis Xavier

No somos conscientes del privilegio que supone poder estar conectados con cualquier persona a un clic de distancia. En otros siglos el correo -en papel- era el único medio de transmisión de noticias, y una carta podía tardar años en llegar a su destino. Se enfrentaban a enfermedades desconocidas, la mayoría mortales, y poquísimas personas tenían acceso a la educación o a fuentes fiables de información sobre las epidemias que les asolaban. La asepsia era una práctica desconocida en medicina, de ahí las innumerables muertes, evitables con los debidos conocimientos.

Puede resultar un fastidio estar oyendo a todas horas informativos con noticias a cada momento más pesimistas y poco esperanzadoras. Pero agradecidos deberíamos estar de que contamos con medios de difusión, de que cualquier noticia de cualquier punto del planeta nos va a llegar al momento.

Ahora más que nunca, somos ciudadanos del mundo. Olvidemos el terruño, sintámonos compatriotas de un lugar llamado Tierra. Quizá las terribles circunstancias que estamos viviendo sirvan para labrar un futuro mejor entre todos. No perdamos la esperanza ni la fe en la humanidad, que ya ha demostrado de qué es capaz en las figuras de médicos, científicos, enfermeros y personal sanitario en general. Ellos son nuestros ángeles de la guarda y, a pesar de las dificultades con las que se están encontrando, a pesar de ser ellos los más expuestos al contagio, siguen dándolo todo para intentar atender a todos los enfermos, los del coronavirus y los de otras patologías.

Nada más que añadir, no voy a repetir lo que ya sabemos todos porque ya lo oímos en la tele, la radio, lo leemos en prensa, internet, etc. Solo me queda desearles precaución, paciencia, cordura y salud para quien ya esté contagiado. Quien crea, que rece mucho. Quien no, que cruce los dedos para que esto se vaya frenando más pronto que tarde. No olvidaremos en mucho tiempo lo vulnerables que somos y lo poco que, a veces, apreciamos lo que tenemos.

8 de marzo

No saldré a las calles hoy a corear lemas vestida de morado.

  • No me siento parte de unas marchas de tono político monocromo que se arrogan la bandera de un mal entendido feminismo, o blanden una doble vara de medir dependiendo de si la insultada o la parodiada es de izquierdas, a la que hay que defender, o de derechas, y entonces nos callamos todas y miramos para otro lado (casos ha habido unos cuantos).
  • No necesito que, para sentirme incluida, destrocen nuestro idioma con atrocidades como portavoza, miembra, Consejo de Ministras, todes, todxs, etc., ni desdoblamientos innecesarios: chicos y chicas, españoles y españolas, seguros y seguras, contentos y contentas.

No creo en los favoritismos por ser mujer (ni por ser hombre, claro está).

  • Ya hablé en otra entrada (Oferta en la uni) de cómo el gobierno quería ofrecer gratis a las mujeres el primer curso de carreras científicas para fomentar estos estudios, minoritarios entre las chicas. En la Ley Foral 17/2019 de 4 de abril de igualdad entre mujeres y hombres, hablando también de educación universitaria e investigación, se dice: “En las convocatorias de ayudas y subvenciones a proyectos de investigación, se podrán valorar y priorizar los proyectos liderados por mujeres y los presentados por equipos de investigación que tengan una composición equilibrada de mujeres y hombres […]”. Ser directora de cine va a salir más rentable que ser director: Cultura reservará un 35% de las ayudas al cine a películas dirigidas por mujeres. Menos mal que queda gente cabal en la farándula: Candela Peña, sobre las ayudas a mujeres en el cine

No creo en la criminalización del hombre.

  • Ciertos discursos feministas colocan a todo ser masculino en el mismo saco de inmundicia y machismo patriarcal. Hay hombres maravillosos y hay auténticos cabronazos, con perdón, y lo mismo pasa con las mujeres. Como reza un texto que circula por mensajería: “A los hombres también les duele cuando matan, violan, acosan o lastiman a una mujer; esta lucha no es de mujeres contra hombres, es de gente buena contra gente mala”.
  • Hombres y mujeres, en conjunto, han ido construyendo el mundo como lo conocemos hoy, cada cual con sus propios sacrificios y miserias. Los hombres como fuerza protectora de la familia, como proveedores del sustento en fatigosos trabajos, como luchadores en las guerras -el servicio militar obligatorio, ya extinto, era solo para hombres; las mujeres como madres, gobernadoras y ecónomas del hogar, como la parte emocional del binomio.
  • La salida de la mujer de puertas para afuera, a la conquista del mercado laboral, trajo cambios positivos. La persecución de la igualdad real y efectiva es lo que interesa, no la lucha entre sexos ni el buscar culpables o dar prioridad, prebendas y privilegios a las mujeres para reparar todo el daño sufrido en el pasado.

Creo en los méritos y el esfuerzo con independencia de la condición de hombre o mujer.

  • Reivindico la igualdad de salarios, la corresponsabilidad en el hogar y la crianza de los hijos. Necesitamos horarios flexibles para todos, permisos de paternidad y maternidad más prolongados (en otros países nos sacan tremenda ventaja). Los empresarios tienen que poner de su parte para favorecer la conciliación y, en consecuencia, la natalidad. Creo que hombres y mujeres somos iguales en lo esencial pero también diferentes, y esa diferencia, que no puede negarse, nos complementa y nos hace mutuamente necesarios para construir la sociedad.
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No entiendo ni papa de la ley Montero, la del “solo sí es sí”.

  • Creo que ni la misma ministra la entiende del todo, tal como intenta explicarse en televisión. No me la he leído ni soy jurista pero, según ha informado la prensa, “se entenderá que no existe consentimiento cuando la víctima no haya manifestado libremente por actos exteriores concluyentes e inequívocos, conforme a las circunstancias concurrentes, su voluntad expresa de participar en el acto”. ¿Vamos a tener que grabar los encuentros sexuales? ¿O llevarnos un testigo que acredite que ha habido consentimiento? ¿Vale retractarse, o sea, vale decir olvídate del consentimiento de antes, que ahora ya no me apetece? ¿Qué son las circunstancias concurrentes? ¿Van a escuchar la versión del presunto agresor/violador o se van a limitar a preguntar a la mujer si hubo consentimiento expreso? ¿Está a salvo la presunción de inocencia?
  • El Gobierno da luz verde al anteproyecto de ley de libertad sexual que lleva el ‘solo sí es sí’ al Código Penal.
  • Si alguien quiere profundizar, le recomiendo este artículo: La garantía de la libertad sexual y el ‘pensamiento jurídico’ de Podemos

No entiendo tampoco qué de heroico tiene el lema que promueve el Ministerio de Igualdad para gritarlo a pleno pulmón hoy, 8-M. “Sola y borracha quiero llegar a casa”.

  • Menudo nivel el del Ministerio: similar al de un graderío de fútbol o al de una rave preuniversitaria. El sentido común dicta a cualquiera que, si se ha bebido de más, lo razonable es ir acompañado, y a ser posible evitando zonas oscuras y poco transitadas. Está claro que lo que se intenta transmitir con este desafortunado lema es que las mujeres queremos sentirnos seguras por la calle, sea la hora que sea, sobrias o no, sin temor a que un desaprensivo -o más de uno- nos agreda sexualmente. Pero hay otras formas de decirlo, eso también. No olvidemos, por otra parte, que, de noche y a ciertas horas, nadie está totalmente a salvo, seas mujer o no.

No quiero que cuestionen mi feminidad.

  • Hay muchas maneras de ser mujer, todas respetables. Pero parece que suspirar por un amor romántico, sentirse deseada al vestir un traje espectacular, o querer recibir un piropo amable son actitudes censurables. Nos quieren homogeneizar e incluso masculinizar. Hasta quieren que vuelva la censura: ¿anuncios publicitarios donde se exhibe el cuerpo femenino? ¡Hasta ahí podíamos llegar! Propongo entonces que dejen de salir tíos musculados nadando en aguas bravas en ciertos anuncios de perfume. Ah, no, que ahí sí está justificado un torso desnudo porque es de hombre.

La igualdad entre mujeres y hombres es un objetivo loable y muy necesario. Pero la demagogia que reina en muchos sectores del actual feminismo no tiene cabida en mis ideales. Si es igualdad, no puede primarse a un sexo sobre el otro, no puede haber favoritismos, no cabe denostar al sexo masculino. Tampoco se puede dar por sentado que todas las mujeres pensamos igual por el hecho de serlo. Para muestra, un botón. Lo triste es que a quienes pensamos distinto ya se nos empieza a tachar de antifeministas.

Niñofobia

Me sugiere una amiga que hable de los restaurantes «solo para adultos» porque están en auge: Adults only en bares y hoteles. Apuesto a que es un tema de lo más controvertido, cuyas posturas al respecto se verán influidas por ostentar o no la condición de padres. En mi caso, madre como soy, puedo entender la postura en contra así como la postura a favor. Veamos: los empresarios hosteleros quieren una clientela feliz que se encuentre a gusto en sus locales, permanezca el mayor tiempo posible consumiendo y vuelva más veces. Comprensible y respetable: han invertido esfuerzo y dinero y se reservan el famoso derecho de admisión.

Aparte del sector hostelero, están aquellos clientes que salen a comer o cenar buscando un local acogedor, innovador, gastronómicamente satisfactorio, en el que mantener una conversación tranquila sin oír llantos o tiroriros de juguetes estridentes ni presenciar escenas «médico de familia» (si son niños bien portados) o «los Simpson» (si son niños pa echar de comer aparte). A todos nos gusta la calma en ese contexto de gastrónomos y gourmets, en ese romper la rutina que supone que nos mimen el paladar y nos sirvan plato tras plato. Unos niños ruidosos y maleducados destrozan cualquier intento de contexto gastrónomo.

people sitting beside table

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Y sin embargo, prohibir la entrada a alguien que lleva a un niño o más de la mano tiene algo de capitán Garfio, de niñofobia. El término lo verán así a nada que lo busquen en Google: encontrarán opiniones de todos los colores. A mí me resulta incómodo ver en la mesa de al lado en un restaurante a alguien mascando a dos carrillos y hablando al mismo tiempo, y supongo que no seré la única. ¿Deben prohibir la entrada a las personas sin un mínimo de buenos modales? No digamos si nos regalan un «provechito» ruidoso, si en otra mesa le cantan a un colega de curro el cumpleaños feliz más desafinado de la historia o en otra se ponen a entonar jotas a la hora de los cafés y licores. He visto locales que no permiten la entrada si vas en bañador o similar (los típicos bares junto a la playa), y locales anti-despedidas de soltero/a (en Logroño hay bares con carteles al respecto). Puro sentido común en pro del decoro y el saber estar.

No voy a erigirme ahora en madre coraje ni a defender a mis niños: reconozco que me cuesta que se comporten si estamos comiendo fuera de casa; ni son buenos comedores -raritos me han salido- ni aguantan demasiado tiempo de sobremesa. Pero al menos suelen quedarse sentados -no corretean por todo el restaurante-, no gritan ni tiran comida al suelo. Una libreta y unas pinturas son mano de santo para que nos dejen acabar de comer.

La culpa de la niñofobia no solo hay que buscarla en los padres permisivos que dejan al crío a su libre albedrío y no le afean su mala conducta. La sociedad actual cada vez es menos tolerante con la infancia. Babeamos viendo un anuncio de pañales, pero luego gritamos «los niños, para sus padres». Olvidamos que los niños de hoy serán adultos en menos que canta un gallo. Los niños estorban: paralizan la vida laboral, especialmente la de la madre; nos joroban planes, viajes, vida social. Nos contagian sus virus, nos ponen en evidencia, airean nuestras intimidades. Dificultan el poder compaginar nuestras mil historias con sus horarios y necesidades. Son dependientes, exigentes, egocéntricos, desagradecidos; ensucian, desordenan, hablan cuando queremos silencio. Puedo entender tanta animadversión hacia ellos porque yo misma la siento en muchas ocasiones, y eso que son mis propios hijos. Con más motivo pueden sentirla quienes no han sido padres por decisión propia.

Pero no olvidemos que todos fuimos niños una vez. No hace mucho tiempo, a los niños se les dejaba más en paz. Corrían libres por la calle, no tenían ni la cuarta parte de los juguetes que tienen ahora; celebraban los cumpleaños con toda la familia y algunos amigos apelotonados en un cuarto de estar diminuto, sin “parques de bolas” ni salas de fiestas infantiles a «cojón de pato» el cubierto de sándwich de chorizo y bolsa de gusanitos. Hemos pasado del «calla, que estamos hablando los adultos» al «¿qué quiere mi chiquitín para merendaaar?». Es curioso esto último: cuanto más los mimamos con cosas materiales, peor nos salen. Los niños de hoy palpan ese sentir general de que estorban: Toma el móvil y cállate. Vete a tu cuarto y déjame ver la tele. Notan que se les deja con abuelos (quienes tengan la suerte de tenerlos), vecinos y nannies para que sus padres puedan hacer esto o aquello. Crecerán y serán adultos con los mismos o peores problemas, con situaciones laborales precarias y con un afán desmedido por encontrar la felicidad en el consumo, el autobombo, las experiencias y demás mandangas que dejan fuera el sacrificio, el dar la vida por la familia, el darse entero a los demás. Serán adultos que no querrán hijos.

Un último apunte: estos restaurantes para adultos sin niños deberían replantearse si no les merece la pena reconvertirse en restaurantes «kids-friendly». Si lo ponen así, en inglés, éxito seguro. Lugares donde aceptan niños, con salas donde estos puedan comer acompañados de otros niños, mientras cerca y a la vista están sus padres comiendo tranquilamente sabiendo que lo están pasando bien. Si el negocio va bien, esos mismos niños volverán de mayores al mismo restaurante… pero acompañados de sus propios hijos.

Ya es mala suerte (el calvario de una avería)

Cuando alguien se compra un coche, la marca suele ser un dato relevante por el prestigio y las prestaciones que promete y que los consumidores asociamos o no con dicha marca. La que tiene por símbolo una estrella y proviene de Alemania suele vender esto: prestigio, excelencia hacia el cliente, alta tecnología, innovación, confort, etc. Cuando, tras una avería gorda, descubres que tu vehículo es, en una grandísima parte, Renault y no Mercedes, se te cae el mito. Un vistazo a los bajos y al motor y el logo de Renault aparece por doquier.

El pasado septiembre, mi coche, de apenas un lustro de vida, sufrió una avería poco frecuente: no era la batería, ni un sensor, ni nada de lo habitual. No quise llevarlo al taller de la marca por, digamos, no muy buenas experiencias anteriores. Le encargué el arreglo a mi taller de confianza, cerca de donde vivo. Mi mecánico llamó a “Recambios” de Mercedes para pedir la pieza que necesitaba para la reparación, y según sus palabras no se la quisieron proporcionar, imagino que porque él era competencia directa. No me extrañó porque en otra ocasión tampoco le quisieron suministrar otra cosa. Así pues, intentó conseguir la pieza a través de un intermediario conocido y habitual de muchísimos talleres, que tardó bastante en hacérsela llegar, y para colmo resultó estar defectuosa, a pesar de ser un recambio original Mercedes. Hay que explicar aquí que esta avería no se solucionaba solamente con sustituir la pieza rota, sino que después había que realizar una maniobra nada cómoda que requería de un tubo especial (difícil también de conseguir), maniobra sin la cual la reparación no estaría acabada. La cosa se complicaba y, aún sin pieza, mi mecánico terminó pidiéndola a “Recambios” de Mercedes, y la respuesta entonces fue que no había stock, que habría que pedirla a la fábrica. Según mi mecánico, las demás marcas con las que él trabaja no le ponen jamás ningún obstáculo para conseguirle el recambio que sea y en un plazo más que razonable. Es más, están obligadas a disponer de estocaje, y en este caso no era así.

black and silver car engine

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A finales de noviembre, y ya hartos de que la pieza siguiera sin llegar, pusimos una reclamación por teléfono en atención al cliente, a sugerencia del propio concesionario. En esta llamada, tomaron nota de toda la historia, y a los días me llamaron para decirme que ¡en un mes! saldría la pieza desde el país de origen. Mientras tanto, me entero de que al mismo tiempo el concesionario ya llevaba días reclamando este pedido. Finalmente, la pieza llegó a mediados de diciembre y, después de varios imprevistos, por fin tengo el coche reparado, cinco meses después.

Habrá quien piense que quizá todo habría ido mejor si de primeras la reparación se la hubiese encargado a Mercedes. Las malas experiencias previas (un día entero perdido para un simple cambio de aceite habiendo cogido cita previa, o alguna avería simple que no me solucionaron estando el coche en garantía), la deficiente atención al cliente (nada de vehículo de sustitución si la cosa se alarga), la casi nula información sobre lo que le hacen a mi coche las veces que lo he llevado; todo ello (sumado al hecho de que el concesionario está muy lejos de mi casa, y que encima el coche ha resultado ser más Renault que Mercedes), hace que haya preferido llevarlo a reparar al lado de casa y por alguien que sí me explica paso por paso qué le ocurre al coche; alguien que me ha demostrado en otras ocasiones que es un gran profesional que podría haber trabajado con más diligencia si desde el principio se le hubiera suministrado la pieza como otras marcas lo hacen, con premura.

 

Pasen por taquilla

     El 9 de febrero Osasuna se enfrentará al Real Madrid en el Sadar, en un partido declarado por el club rojillo como “medio día del club”, circunstancia que obliga a los socios que deseen ir al encuentro a pagar su correspondiente entrada, a un precio inferior al que pagaría el público general no socio. El partido ante el Real Madrid será Medio Día del Club
Parece que a algunos abonados de Osasuna la noticia les ha sentado como una rotura de ligamento cruzado. Argumentan que el club podría haber anunciado en la renovación de abonos que se iba a hacer “medio día del club”, y así haber cobrado por adelantado este partido a quienes lo deseasen. Ha sentado mal que se anuncie nueve días antes del encuentro. Si bien es cierto que en campañas anteriores Osasuna daba la posibilidad de incluir en el precio del abono de temporada el o los partidos de pago (Real Madrid y Barcelona, casi siempre), y esta práctica era habitual y resultaba cómoda para quienes acudimos a todos los partidos ya esté cayendo una nevada apocalíptica o tengamos que ir con muletas al estadio, no es menos cierto que hace bastantes temporadas que no se nos cobra un “extra” a los socios. Sea porque las últimas temporadas han sido un ir y venir de Primera a Segunda, sea porque el último año en Primera (temporada 2016-2017) no se celebró “día del club” como premio a la afición por el apoyo prestado en la campaña anterior, la del ascenso con Martín Monreal, sea porque el río Sadar pasa junto al estadio homónimo, el caso es que este año en que ha habido que fichar a última hora porque se nos ha roto la estrella (fuerza, Chimy), este año en que tenemos el campo en obras y hay que pagarlas, este año la directiva ha decidido, por estos u otros motivos, cobrar a los socios para ver al Real Madrid. Allá cada cual con su decisión: habrá quien pase por taquilla y compre su entrada, habrá quien no lo haga y prefiera gastarse ese dinero tomando unos pacharanes en el bar y viendo el partido en la tele; habrá quien se gaste el triple o más de lo que cuesta la entrada en pagar autobús, entrada, comida y bebida en algún desplazamiento más o menos lejano por ver a Osasuna; habrá quien no entienda además que al renunciar a comprar la entrada el club pueda disponer en consecuencia de su asiento para venderlo a alguien que sí esté interesado en ir al partido y no sea socio de Osasuna. Yo a esto no lo llamo traición ni pido que se lleve a los juzgados, como se ha insinuado en alguna red social. Lo llamo rentabilizar un asiento: si no lo ocupa el socio, vendo una entrada para que lo ocupe otra persona. El gran beneficiado es el Club Atlético Osasuna, no lo olvidemos.

house money capitalism fortune

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Si de verdad es el club de nuestros amores, no es tan grande el sacrificio económico pagar una entrada cuyos beneficios van a reportar una mejora económica a Osasuna. No son precios tan astronómicos para lo que se estila en otros campos. Cuando muchísimos aficionados acompañan al equipo a Bilbao, a Madrid, a Valencia o a Sevilla, mayores serán los gastos que tendrán que soportar, y lo hacen encantados porque su ilusión es ver al equipo (dicen que estamos locos de la cabeza, cantamos en el Sadar). También habrá quienes paguen la entrada para luego revenderla por treinta o cuarenta euros más y sacarse así un beneficio a costa de algún “merengue”. Todas las opciones son respetables.
Lo que no puedo entender es que haya gente que lapide a un equipo directivo que cogió en sus manos a un club desahuciado y en pleno escándalo por temas extradeportivos. Ellos, con sus aciertos y sus errores, han saneado el club y lo han vuelto a llevar a la élite deportiva. Algunos aficionados, en rebeldía ante la decisión de cobrarnos a los socios, están hablando ya de boicot y de protestas el día del partido. Un partido que debería ser una fiesta: no todos los años pasa por Pamplona el Real Madrid (o cualquier otro equipo de Primera). Nos acordaremos de esto cuando regresen (espero que tarden mucho en regresar) los años fatídicos de Segunda. No está muy lejos aquel partido de Sabadell. Ojalá estemos muchas temporadas teniendo que rascarnos el bolsillo porque vienen aquí a jugar los equipos grandes. A Fermín Ezcurra también se le criticó sobremanera cuando cobró a los socios mil pelas de entonces porque venía el Ajax de Amsterdam al Sadar (año 1991, eliminatoria de UEFA), equipo que acabaría ganando el torneo europeo. Si alguna vez volvemos a Europa, ¿también nos quejaremos si hay que pagar?

Sube el volumen

Iba en coche esta mañana oyendo Cadena 100, y sus presentadores, Javi Nieves y Mar Amate, han anunciado nueva sección en el programa: “canciones de subidón”. Los oyentes van a poder pedir para que suenen en la radio esas canciones que les provocan buenas “vibras” (como dicen ahora). Javi Nieves ha roto el hielo pinchando esta: The Communards: Don’t Leave Me This Way

Definición de canción que da subidón (perdón por la repetición-ción-ción). Es personal: canción que normalmente escuchamos subiendo el volumen, tarareándola casi entera, bailándola (o como mínimo acompañándola con movimientos de cabeza), y a veces imitando los gestos del cantante original como si estuviéramos en un concierto. Les voy a dejar mi lista de canciones, pueden ponerla en su Spotify (yo no tengo, aún; soy del siglo pasado, pero sí que tengo un USB con música seleccionada). No siguen un orden especial. Solo puedo decir que todas ellas cumplen para mí los requisitos citados.

Un estudio científico la coronó como la canción más efectiva del mundo para hacerte sentir bien Don’t Stop Me Now de Queen es la canción más edificante del mundo. Ciertamente es una maravilla, es imposible no saltar de la cama por mucho sueño que tengamos por la mañana si está sonando esto: Queen: Don’t Stop Me Now

Más clásicos guitarreros. Los dos son rubios y con pelazo: Joey Tempest y Jon Bon Jovi. Imprescindible mover el cuello de atrás hacia delante, agitar la melena si se tiene y poner la manita con los dedos pulgar, índice y meñique en alto. Está permitido desgañitarse en la parte del oh-oh: Bon Jovi: Living On A PrayerEurope: The Final Countdown

Hagamos un salto al blanco y negro con esta maravilla versionada infinitas veces. La mímica aquí obliga a tocar un piano invisible con mucha vehemencia: Jerry Lee Lewis: Great Balls Of Fire . Y sin quitarnos el tupé, bailemos encima del coche al ritmo de John Travolta (magnífica toda la banda sonora de la película): Greased Lightning

person doing tricks on cassette tape

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El estribillo de este tipo de canciones tiene que pegarse como el Loctite, y la sencillez ha de ser su característica imprescindible. ¿Qué hay más sencillo que un na-na-na-na? Escuchen e intenten estarse quietos con esto: Wilson Pickett: Land Of 1000 Dances

Tampoco podían estarse quietos en esta escena impagable de la película Intocable (si no la han visto, ¿qué están haciendo? ¡corran!). Earth, Wind & Fire tienen temazos a patadas, como este Boogie Wonderland Intocable (2012): Lección de música y baile de Driss

Los últimos dos temas los interpretaban músicos negros (de color, afroamericanos, como prefieran). No puedo evitar acordarme del también estadounidense y afroamericano Alfonso Ribeiro, actor que encarnó a Carlton Banks en la exitosa serie El príncipe de Bel Air. No por cantar, sino por bailar al ritmo de Tom Jones será recordado por los siglos de los siglos: It’s Not Unusual (Carlton Banks’ dance) Da subidón, ¿a que sí?

Melanie B, rizos al viento, da comienzo con gran fuerza a un temazo que empieza con el estribillo en lugar de con una estrofa como suele ser habitual. Parece mentira que hayan pasado ¡veinticuatro años! desde que estas chicas pusieron al planeta patas arriba: Spice Girls: Wannabe

Sigamos con chicas con “power”. Extravagante era un rato, pero la tía ha vendido en su carrera más de 80 millones de discos. Tiene canciones conocidísimas e icónicas como ella, pero me quedo con esta, cuyo videoclip, además, es muy divertido: Cindy Lauper: Girls Just Want To Have Fun

Otra mujer extravagante, pero culta, diva e hispanohablante. Lo siento, hoy me ha dado por las rimas internas. Alaska tiene tantas canciones subidoneras que es difícil quedarse con una, pero elijo A Quién Le Importa. Y esta otra gran mujer tiene tantas operaciones que es difícil también quedarse con una. De sus canciones me encanta esta Cher: Strong Enough. Cómo olvidarnos en este punto de Gloria Gaynor y el himno en que se ha convertido I Will Survive

Podría hacer una lista muy larga, pero voy a terminar aquí con tres bandas de nuestro país. Las dos primeras creo haber leído que se admiran mutuamente, y han tenido locas a las fans en distintas épocas. No hay mujeres (lo siento, Irene Montero), pero ni falta que les hace. A mí estas dos canciones me ponen muy loca, con ganas de ir a un concierto, saltar, bailar y lo que haga falta: Hombres G: Voy A Pasármelo BienEl Canto Del Loco: Zapatillas

Y como zapatillas rima con esta última canción, cerramos la lista patria comiéndonos unas natillas: Seguridad Social: Chiquilla

PD. Repito que esta selección es personal. Hay incontables canciones imprescindibles para el buen rollo, podríamos alargar esto y no acabar. Espero que alguna les haya traído buenos recuerdos. Y acabo con una reflexión viejuna: ya no se hacen canciones como las de antes.

 

 

 

 

Para Reyes, un gobierno

De siempre fui una chiquilla apocada y discreta. Me sonrojo con facilidad, me cuesta hablar en público, pero al mismo tiempo disfruto de largas conversaciones con gente de mi entorno. He callado muchas veces por miedo a encontrarme una opinión contraria: lo descubrí en una sesión terapéutica familiar por motivos que no vienen al caso. Ese día tomé la determinación de no callarme las cosas, porque el nudo que se forma en la garganta, el estómago y la cabeza es demasiado grueso y difícil de soportar.

Pues bien, a riesgo de perder lectores -e incluso amistades, no sería la primera vez-, voy a abrir una rendija de la caja de los truenos.

Seguí por televisión algunas partes del debate de investi-dura. Dura fue un rato, como un parto, según el Rey. Dura, bronca, crispada y tensa. No voy a analizar las intervenciones de unos y de otros: para eso ya tienen ustedes tertulianos muy bien pagados en las televisiones, plumas mejores que la mía y cuñados a quienes recurrir para que les cuenten las salidas de tono de algunos diputados.

Spanish Congress of Deputies. Built in Madrid in 1850.

Lo que sí haré es llamar la atención sobre un hecho al que no se puede llamar en realidad un “hecho” porque no se ha producido: nadie ha salido a las calles a rodear el Congreso, ningún contenedor ha resultado incendiado, ningún aeropuerto ha sido bloqueado ni invadido, ninguna vía, autopista o carretera ha sido cortada. No hay pintadas, caceroladas ni huelgas convocadas. Lo que hay es una ciudadanía que admite el juego democrático que permite que se viertan opiniones tan dispares como las que escuchamos todos este pasado fin de semana. Hay otro tipo de ciudadanos que se echan a las calles cuando no ganan los suyos y arrasan con todo Dos detenidos, quema de contenedores y agresiones a periodistas en la manifestación “antifascista” de Cádiz convocada por Podemos contra Vox Acabo de citar una noticia que habla de las reacciones violentas de algunos tras las elecciones de Andalucía, porque estoy hablando de votos y de decisiones democráticas. No voy a extenderme recordando lo que pasó tras la sentencia del procès en Cataluña: de sobra sabemos la que se armó. Todo muy civilizado y democrático.

Lo mismo que digo aquello, digo esto: no estuvo bien que los diputados de Vox salieran del hemiciclo cuando iba a intervenir la portavoz de Bildu, ya que nadie se marchó cuando Vox intervino en la tribuna de oradores. Igual que hay gente a la que se le revuelve el estómago cuando Abascal abre la boca, hay gente que sufre lo mismo cuando EH Bildu lanza sus proclamas.

Es lo que tenemos, la gente les ha votado a todos ellos, pero eso no significa que haya que tolerarlo todo. Por eso, hago mías las palabras de Carlos García Adanero, diputado por Navarra, y escribo aquí bien claramente: no nos van a callar. Creo que fue la intervención más digna, transparente y respetuosa al mismo tiempo de todas las que pude ver Debate de investidura 7/1/2020: intervención de Carlos García Adanero

Unas líneas más arriba me he referido al juego democrático. Como todos los juegos, tiene unas reglas que seguir, aunque algunos partidos se las quieran saltar todas. Lo que nuestro flamante presidente Sánchez ha estado haciendo estas últimas semanas no puede llamarse juego; en todo caso doble juego, que según el Diccionario fraseológico documentado del español actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos es la “manera engañosa de actuar, haciendo dos cosas contrarias y en propio beneficio”.

No iba a pactar con Pablo Iglesias, y se fundió con él en un abrazo. No iba a hablar ni a negociar con ERC, y su abstención propició su investidura (veremos pronto las exigencias que Esquerra llevará a cabo). No iba a sentarse a hablar con Bildu, y estos han contribuido también a hacerlo presidente, y a que también los socialistas gobiernen en Navarra, después de haberlo negado categóricamente. No iba a dormir tranquilo si Podemos estaba en el gobierno, y les ha comprado otro colchón igual al suyo a Pablo e Irene. En fin, ahí tienen la hemeroteca, que es inagotable.

De veras deseo que estos pactos y esta coalición acaben con los problemas de los españoles: que desciendan las cifras de paro, las listas de espera, que sea factible comprar una vivienda o pagar un alquiler, que acaben las desigualdades, que suba la natalidad, que asesinatos y violaciones dejen de abrir los telediarios, que… Ojalá. De verdad. Pero algo me dice que seguiremos igual. O peor, pero espero equivocarme.

Ah, y feliz año nuevo, que no lo he dicho. Je.

 

Yo procrastino, ¿tú?

La Fundación del Español Urgente (Fundéu) elige al término de cada año la palabra del ídem. Este 2019 la agraciada -sin ser una palabra- ha sido ‘emoji’ Los ‘emojis’, elegidos como la palabra del año 2019 por la Fundéu BBVA

Yo no soy la Fundéu pero les voy a regalar no una palabra del año. Ni siquiera la palabra de la década -década que, por otra parte, aún no ha terminado, no se me pongan impacientes. Eso ocurrirá dentro de poco más de un año. ¿Cuándo acaba realmente esta década? No, yo voy más allá. Les voy a dar gratis LA PALABRA DE LA VIDA. Con mayúsculas, y esa no es otra que un latinajo cuyo significado es ‘diferir, aplazar’: procrastinar (del latín procrastinare).

No sé ustedes, pero yo me pego la existencia procrastinando. En Pamplona, además, somos expertos en la materia en dos momentos del año: los días previos a San Fermín y los previos a Nochevieja. Tenemos al 6 de julio acechando con sus txistus y tamboriles, nos probamos la ropa blanca del año anterior, y ¡oh, sorpresa! ¡No entro! Estos duendes del armario que me encogen la ropa… ¡malandrines! Corriendo a la tienda más cercana, a ver qué queda. Pillaremos un par de pantalones de urgencia y tira millas.

Hoy, 31 de diciembre, cientos de jóvenes y no tan jóvenes improvisan en Pamplona a pocas horas de las campanadas un disfraz apañadico para salir a la calle a darlo todo después de las uvas. Los hay aplicados que, mes y medio antes, quedan con la cuadrilla, consensuan de qué van a disfrazarse en fin de año, compran el material, recortan, cosen, ultiman, detallan. Y son los reyes de la noche, los que saldrán en la galería de fotos del periódico el 2 de enero (porque el 1 no hay prensa), los que suscitarán sonrisas, aplausos y exclamaciones de admiración por las calles del casco viejo pamplonés.

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Están los que, dos días antes, se lanzan a la compra acelerada de cualquier accesorio que dé a entender que hay ahí un atisbo de disfraz. Siempre queda el recurso de reciclar el disfraz del año anterior o el de Halloween si se celebró tal importado festejo. Quienes estén atónitos pensando si en Pamplona celebramos el carnaval dos veces al año, deben saber que desde hace bastantes años es tradición salir disfrazado a llenar los bares y vaciar los cubatas. Tarea harto complicada cuando queremos lograr la ideal combinación de: disfraz original, disfraz cómodo de llevar y disfraz abrigado. No sé cuándo nos dio aquí por adelantar el carnaval al 1 de enero. Lo qué sí sé es que, cuando yo empezaba a salir con las amigas después de las campanadas, ya todo el mundo se disfrazaba. Y de eso hace más de veinte años, así que es muy probable que la cosa comenzara mucho antes. Un cotilleo: fue en el año nuevo 2003 cuando conocí al que hoy es mi marido. Nuestros disfraces eran una bazofia, pero aquí seguimos, oigan.

De cotillón, de cena de gala, en bata y zapatillas, trabajando en urgencias o en hostelería, o disfrazados de sudoku, capitán Garfio, monja, gigante Josemiguelerico, Caravinagre, Pablo Iglesias o Peppa Pig, tengan todos una feliz entrada en el año 2020.

Gracias por haber estado ahí este año leyendo este humilde blog. Espero que sigan haciéndolo el año que viene, prometo intentar no defraudar.