Laura

Su nombre proviene del latín, del laurel de la victoria. Es amiga mía desde hace un cuarto de siglo, y algunos de los rasgos de las llamadas Laura concuerdan a la perfección con ella: persona muy franca, creativa, siempre le gusta tener una amiga confidente a quien contarle sus problemas o desahogarse. Los empleos que más encajan con ella son aquellos que requieren innovación, creatividad y energía, como la música, el teatro u otras disciplinas artísticas.

Desde luego, la música ha estado ligada a ella desde pequeña. La recuerdo sacando tímidamente en casa de sus padres el acordeón si se lo pedíamos las amigas, o tocando un poco el piano del salón. Se dedica a la docencia con total vocación desde que salió de la universidad, y en su profesión lo da todo, mastica lo vivido en el aula y se lo lleva a casa, a veces con honda preocupación, pues es una persona muy sensible y bondadosa. En el instituto éramos almas gemelas, las dos calladas, las dos estudiosas, poco amigas del barullo y el desenfreno. Tenemos muchas anécdotas de esa época, nos aferrábamos la una a la otra sintiéndonos unas incomprendidas. Fuimos por letras puras, siempre juntas hasta COU.

De conversación tranquila y serena, pocas veces la he oído levantar la voz y mucho menos gritar. Sabe escuchar como pocas personas saben hacerlo, y siempre regala consejos útiles. Adora la naturaleza, y sabe diferenciar especies de árboles y de aves, cosa que yo no. Se pirra por un plato de croquetas, y ahí donde la ves, a veces tan seria, es capaz de hacer mucho el payaso con las amigas. Hace años, en pleno agosto y con la ciudad desierta, saqué la videocámara de mis padres -un mamotreto en aquel entonces- y, con unos folletos de Pamplona que cogimos en la oficina de turismo, fuimos grabando los rincones más conocidos leyendo en voz alta la información que se daba en el folleto. Luchamos contra el aburrimiento y nos echamos unas cuantas risas pensando que la poca gente con la que nos cruzábamos nos tomaría por turistas, sobre todo por mi lechoso tono de piel.

Con todo esto de la pandemia nos hemos visto sin pantallas de por medio un par de veces y en la calle. Hablamos por teléfono siempre que podemos, pero echo de menos los ratos en cafeterías, los paseos por el centro, las cenas de guarrerías en mi casa. Siempre la tengo ahí para calmar mis nervios, contarle mis neuras, mis miedos, mis alegrías. Es otra tía más para mis hijos, que la quieren mucho.

Hoy cumple los años la peque de nuestro grupo de amigas. Le mando un abrazo de los gordos y una gran sonrisa sin mascarilla, y toda mi fuerza para que pueda con todo, que podrá porque es una currante infatigable. ¡Feliz cumpleaños, Laura!

Almas tristes

En la película de animación Trolls (Dreamworks), esos pequeños seres de pelos de colores, canciones pegadizas y purpurina a raudales se ven por un momento atrapados por los tristes “bergen”, y sus esperanzas de escapar se desvanecen. Sus cuerpos de colores y sus cabelleras llenas de luz y vida se apagan y se tornan grises. Hasta que uno de los trols entona una melodía llena de amor y poco a poco hace que cada trol vuelva a recuperar sus colores, su esperanza y el ánimo para intentar un plan de huida en equipo que finalmente resulta exitoso.

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Vivimos un tiempo gris, nuestras cabelleras han perdido su arcoíris, y entonar canciones felices resulta cada vez más difícil. Siguiendo con el símil cinematográfico, vivimos un día de la marmota perenne. De casa al trabajo y del trabajo a casa -el que tenga trabajo, claro. El ocio se ha reducido a ver pelis y series en el sofá, guasapear mensajes a nuestros familiares y amigos, a quienes no vemos o vemos muy poco, en la calle y sin un triste abrazo, y marchar al monte más próximo a pasear a ver si la naturaleza es capaz de sanar nuestra alma triste.

El otro día fui con mis hijos al cine, no habíamos estado desde el verano. Era miércoles, no esperaba ver mucha gente en la sala. La película, Trolls 2, quizá por eso he empezado esta entrada hablando de estos seres. Sesión de las 18:30 y la sala vacía, sin poder comer ni beber. Vacía a excepción de nosotros cuatro. Ignoro cuánta gente podría haber en las demás salas, pero a juzgar por cómo estaba el pasillo de acceso imagino que estarían desiertas o casi.

La pandemia nos está quitando muchas cosas y a muchas personas, y una de esas cosas es la capacidad de dar sorpresas. Se nos ha acabado presentarnos de improviso en casa de un amigo, o tomar unos potes después del trabajo y terminar yendo de farra sin haberlo planeado. O visitar a los abuelos y que los niños imploren a la hora de marchar a casa quedarse a dormir con ellos, porfi, porfi. Las fiestas de cumpleaños con mucha gente y soplando muchas velas también se han extinguido. Por cierto, nunca hasta ahora habíamos pensado en la guarrería que supone soplar encima de un alimento. En fin. El azúcar de la rutina se va desvaneciendo, y estamos permanentemente ante un plato de brócoli hervido.

Será esta luz de otoño, será la proximidad de unas no-navidades. Será la crispación que atraviesa la pantalla del televisor cuando vemos las noticias. La tristeza nos inunda, y necesitamos un trol cantarín y colorido que nos devuelva la sonrisa. Busquen a su trol, quizá es ese amigo con el que hace tiempo que no habla. Quizá son sus hijos ya crecidos e independientes, a los que debe recordar más a menudo que los quiere mucho y los echa de menos. O sus hijos pequeños, esos valientes que no se quejan de todo lo que están viviendo porque su capacidad de adaptación es asombrosa. O un libro por abrir y que inesperadamente les hace olvidar un rato las penurias. Les deseo de corazón que encuentren a diario a su trol cantarín que les anime el alma. Cuídense y dejen que la vida les sorprenda, por difícil que sea.

Bares

“Qué lugares tan gratos para conversar, no hay como el calor del amor en un bar” cantaba Jaime Urrutia con su Gabinete Caligari. https://www.youtube.com/watch?v=GjOnJhZLfes La ficción televisiva española está repleta de estos lugares: Tinín (Cuéntame cómo pasó), La Oficina (Los ladrones van a La Oficina), el Bar Réinols (Aída), el Casi k no (7 vidas), El Búho (El comisario), El vuelo (Estoy vivo), el CBC (Al salir de clase), La Tertulia (Periodistas), Barlovento (Farmacia de guardia), la tasca del Frasco (Verano azul), Henry & Max (La que se avecina), El Asturiano (Amar en tiempos revueltos), El chiringuito de Pepe (de la serie del mismo nombre), y hasta algún local de varios siglos atrás, como la taberna de Cipri (Águila roja). Si nos vamos a series made in USA no podemos olvidarnos del mítico Central Perk (Friends) o del conocidísimo Cheers (serie homónima). Les dejo la “intro” de esta última, para nostálgicos: https://www.youtube.com/watch?v=rS0VQOHX7lM

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El cine o la literatura no serían tampoco lo mismo sin, por ejemplo, el café de Rick en Casablanca https://videokrypt.files.wordpress.com/2012/09/casablanca_ricks.jpg?w=604 o el café Gijón de Madrid que tantas tertulias literarias con grandes genios de las letras albergó desde comienzos del siglo XX. http://resources1.news.com.au/images/2012/08/21/1226454/522405-cafe-gijon.jpg Sin movernos de Pamplona, nuestro café Iruña ha pasado a la historia por las horas que echaba allí el amigo Ernesto (Hemingway), casi las mismas que pasó en Casa Marceliano, hoy desaparecido https://www.pamplona.es/sites/default/files/20181121_114440.jpg. El club de fútbol de mis amores, que está a punto de celebrar su 100º cumpleaños, nació en uno de estos sitios con barra y taburetes, el también desaparecido café Kutz de la Plaza del Castillo. https://i.pinimg.com/originals/27/db/b1/27dbb1b8b88fb468dd1602c897e3fe91.jpg

Estos logrados intentos de recrear un hogar, con sus bebidas y comidas, sus parroquianos que dan conversación y ambiente (como los cuñados), sus barman, sus meseros (hermosa palabra de allende el Atlántico), son parte de la idiosincrasia de un país que se está viniendo abajo en términos económicos, sanitarios y morales. No es justo cargar todas las culpas sobre los hombros de los hosteleros, que ya hacen bastante creando empleos, pagando impuestos, dando vida a las calles, apagando nuestra sed, colmando nuestros estómagos y dándonos refugio en un día de lluvia y frío, o refresco cuando afuera caen a plomo más de 35 grados. Han adaptado sus locales, han invertido en mamparas o gel y puesto en ERTE a más de un empleado. Siguen pagando religiosamente su cuota de autónomos, y no han levantado ni media voz ante la progresiva reducción de aforos (que, por otro lado, es lo que tocaba y sigue tocando). Encima tienen que aguantar la dura competencia del botellón, esa lacra que sí contribuye a la expansión del virus. Ahora ya les toca echar el cierre por quince días aquí en Navarra. En Cataluña les tocó un poco antes. Muchos quizá no vuelvan a levantar la persiana. Y para colmo se ven señalados como los culpables de la imparable curva de contagios.

Mañana la Vuelta a España pasa por Pamplona. A las 00:00 entrarán en vigor las nuevas restricciones en Navarra, como el cierre de la comunidad para entradas y salidas o el cierre durante al menos quince días de los establecimientos hosteleros. El evento deportivo no parece entrañar ningún riesgo de contagios “coronavíricos”. En Navarra hay mucha afición por el ciclismo, pero es más importante cerrar los bares a cal y canto, una vez que pase la Vuelta, claro. Todos los días nos desayunamos con este tipo de contradicciones. Aulas con treinta alumnos pero entremos de uno en uno en la farmacia. Tiendas con aforo limitado pero líneas de metro abarrotadas. Plazas de toros con el graderío a tope pero estadios de fútbol desiertos. Ciudadanos anónimos trabajando y levantando este país y políticos trabaj… No, perdón. Tocándose la barriga y tocando las narices a los demás.

Emes en la M-30

Tendremos que seguir trabajando hasta no tener dientes, arrastrarnos con un bastón y tener más surcos en la piel que el feo de los Calatrava, pero eh, ojito, no podremos ir conduciendo, porque estaremos decrépitos y no aptos para ir al volante, y además lo sabrá todo el mundo porque irá escrito en el parabrisas trasero de nuestro coche. https://www.antena3.com/noticias/sociedad/la-fiscalia-de-salamanca-propone_202009285f7212501a2cb80001ac4e3b.html

La Fiscalía de Salamanca propone que los conductores mayores de 70 años lleven una ‘M’ como distintivo, cual la ‘L’ de los conductores noveles, debido a la gran tasa de accidentes protagonizados por conductores de tal rango de edad. La propuesta quiere hacerse extensiva a todo el territorio nacional. La famosa ‘L’ blanca sobre fondo verde viene de learner, aprendiz en inglés (me enteré hace poco, por cierto). La ‘M’ parece ser que responde a mayor. Menos mal que no se les ha ocurrido la ‘V’ de viejo, es lo que tiene vivir en una sociedad eufemística y políticamente correcta. Así pues, ya veo en un futuro toda una retahíla alfabética para etiquetarnos a todos los conductores. Porque sería injusto señalar con una letra a los noveles y con otra a los viejales y no hacerlo, por ejemplo, con los cocainómanos asiduos (con la ‘C’), alcohólicos impenitentes (con la ‘A’), conductores adictos al móvil (con la ‘S’ de smartphone), al cigarrito mientras conducen (con la ‘T’ de tabaco), a discutir con la suegra, la pareja o los niños (con la ‘D’ de discutidor), a cambiar la emisora cada tres canciones (con las siglas ‘FM’) o cada vez que ponen las cuñas publicitarias, etcétera, etcétera.

carpe diem

vivimos en un mundo de destrucción, colapso e injusticias la gente muere en Siria, Yemen, Afganistán, Libia, Sudán del Sur, Somalia, la gente muere de hambre, muere enferma, muere de soledad

muchos niños soldado muchos niños explotados sexo pederastia pornografía analfabetismo mujeres maltratadas explotadas olvidadas violadas

niños del primer mundo hiperestimulados infraatendidos adictos a las pantallas niños adultos jóvenes desmotivados quequierenseryoutubers y ganar mucho dinero sin esfuerzo parejas sin trabajo con trabajo precario sin piso con hipoteca sin hijos no pueden tener hijos no les llega pero

incendios en Australia, Argentina, Bolivia, Brasil, Rusia, California, incendios que matan destruyen calcinan destrozan ecosistemas hectáreas animales flora fauna vidas

gobiernos que desgobiernan gobiernos dictatoriales señores de la guerra gobiernos de millonarios con pelo imposible gobiernos que solo piensan en su gobierno y no se preocupan por la gente mientras puedan seguir cobrando

inundaciones sequías sequías inundaciones terremotos tsunamis aguas contaminadas mares océanos llenos de basura más basura que peces toneladas de basura generada por ¿humanos?

despilfarro comida tirada a la basura indigencia desigualdad falta de recursos de ayuda de generosidad

virus pandemia global contagios futuro incierto nueva realidad distanciamiento no abraces no toques no beses no te reúnas

necesitamos esperanza necesitamos implicarnos cambiar involucrarnos luchar por las cosas buenas de este mundo por las personas buenas por la humanidad porque

busco motivos de alegría motivos para estar agradecido no es fácil pero he de intentarlo porque

no llevo cinturón de castidad no me va a aplastar un mamut nada más desayunar no han llegado alienígenas que comen ratas ni mi esperanza de vida llega solo a los cuarenta y nueve años como en el siglo XIII

no he vivido una guerra -todavía- abro el grifo y sale agua -potable- tengo amigos familia sueños dos brazos dos piernas cerebro y alma

exprimamos cada segundo todo es una mierda lo sé pero eh, estamos aquí hagamos lo que podamos

tengo ganas de vivir

¿las tienes tú?

PCR: Paciencia, Constancia y Resignación.

Que quede de claro que no busco desprestigiar a los grandes profesionales sanitarios y de administración que estos días y desde hace meses se parten el pecho en unas condiciones nada fáciles. Pero quería dejar constancia de cómo está funcionando la citación para PCR desde que cantidad de aulas en Navarra deben confinarse al haber un positivo en ellas. El caso concreto de mi hija:

17 septiembre por la mañana: nos llaman del colegio para informarnos del positivo en clase de mi hija. No podrá volver a clase hasta el 1 de octubre. Primera contradicción: hablan de cuarentenas de 11 días, y de entrada nos ponen 14.

18, 19 y 20 de septiembre: sin noticias. No llega la cita para la PCR. Seguimos sin salir de casa. PACIENCIA.

20 septiembre, domingo, por la tarde: me entero de que varios compañeros de mi hija se han hecho la PCR ya, ese mismo domingo. Como no hemos recibido nada, decido llamar el lunes. PACIENCIA.

21 septiembre, lunes. Llamo a mi centro de salud y explico la situación. Entran en la historia de mi hija y me leen los dos teléfonos que aparecen. Uno es el fijo de casa (2º teléfono), y el principal es un móvil que, cosas de la vida, es el que usa mi marido para trabajar y el que a veces da ya que va con él encima la mayor parte del día. Salvo ahora, claro. Por circunstancias, ese móvil lleva un tiempo sin usarse. Le digo a la persona que me atiende que vamos a comprobar los mensajes, y cuelgo después de pedir que quiten ese número y pongan el mío. Miramos en el móvil del trabajo y ¡ahí está la cita!: domingo por la mañana. Hemos perdido la ocasión; es lunes. RESIGNACIÓN.

Me llaman casualmente del colegio y me preguntan si le han hecho a la niña la PCR. Explico por qué no, y me aseguran que Salud cruza los datos con la base de datos EDUCA, que manejan colegios y docentes y que actualizan todos los años por si ha habido cambios de domicilio o teléfonos. En EDUCA no consta ese teléfono del trabajo, sino nuestros teléfonos móviles personales. Por tanto, quien sea que haya enviado la cita por SMS no ha usado el EDUCA. Desde el colegio alucinan, y me cuentan además que hay dos niños del B que han recibido citación sin necesitarla. Un caos, vamos.

Paso los siguientes 45 minutos llamando al centro de salud. CONSTANCIA. Por fin me cogen y explico lo sucedido, y hay por suerte un hueco para el lunes a mediodía, faltan unas dos horas. Me explican amablemente que los datos no se cogen de EDUCA (??), y que Salud tira de sus propias bases de datos. Decido no rebatir esto, quizá los propios centros de salud no están al tanto del procedimiento que sigue Salud, no lo sé. Pregunto, antes de colgar, si ahora hay que ir a pie (las PCR en Refena se hacían hasta este domingo 20 de septiembre desde los coches). Me confirman que sí, que a pie. La persona que está al otro lado del teléfono me dice que ellos se han enterado por la prensa este fin de semana, igual que yo que soy una simple ciudadana y no trabajo en sanidad. La pobre resopla y se disculpa como diciendo: esto es un verdadero caos y nos vuelven locos, bastante tenemos con atender a todo el mundo lo mejor que podemos. RESIGNACIÓN. Finalmente doy las gracias y cuelgo, aliviada porque, con un día de retraso con respecto a sus compañeros, mi hija va a hacerse la prueba.

Veinticinco minutos antes de la cita (la niña ha ido con su padre), me llama la enfermera de pediatría para que le explique lo que ha ocurrido. Casualmente ve en su ordenador que desde administración ya han puesto una cita para el día de hoy (repito, faltan 25 minutos). Me dice que va a generar el volante para que conste en el ordenador de los que están en Refena haciendo las PCR, porque si no hay volante es como si no hubiera cita. Le digo que la niña ya está yendo para allá. Si no llega a llamarme a tiempo la enfermera, mi marido habría llegado allí y no hubiera constado que mi hija tenía cita en ese momento. HAY CONSTANCIA: el volante ha llegado a tiempo.

Lo único que me consuela de todo esto es que mi hija está perfectamente. Espero que no nos tengan varios días en vilo, pero visto lo visto habrá que armarse de PACIENCIA.

Atención: machismo

Empecemos por fijarnos en esta señal de tráfico.

Dejando de lado su significado como señal de tráfico (y pasando por alto que a “atención” le han robado la tilde), analicemos la imagen que encierra el triángulo, como si no tuviéramos idea de qué indica esta señal. Vemos dos personas corriendo, pero no están haciendo deporte, no. Parece que corren porque llegan tarde a algún sitio. Que vayan corriendo y no andando tranquilamente es significativo: llama nuestra atención porque pueden aparecer de improviso personas cruzando la calle y no darnos tiempo a frenar, de ahí la intención de advertir de peligro. Por el rótulo sabemos a dónde van, y deducimos entonces que son dos chiquillos. En los tiempos que vivimos pudiera ser que, en lugar de ir “a”, estuvieran huyendo “de” (por mucho que Celaá insista en que el colegio es seguro). La figura de la derecha representa a una niña, se entiende por el pelo recogido (no se ofenda, señor Vicepresidente Segundo). Parece que van de la mano, y ambos llevan en sendas extremidades la cartera escolar (utensilio, por lo demás, desfasado hoy en día y reemplazado por las mochilas, lleven o no ruedas). La primera figura podría ser un varón adulto (no lleva pelo largo), pero independientemente de su edad, estaremos de acuerdo en que no es una hembra. Es la eterna controversia que ya surgió en su día con los muñequitos de los semáforos y la conveniencia de que apareciera la mujer representada, eso sí, cual muñequito con faldas (pueden leer a este respecto mi entrada en este blog Perdona nuestras ofensas, publicada en diciembre de 2018). Damos por hecho, pues, que, llevando faldita y pelo largo, es una niña (y que me perdonen por ser tan básica y tragar con tan machista estereotipo; prometo teñir toda mi ropa de morado feminista como compensación. No, ni de coña). El mismo dibujo podría haber situado a la niña delante, y entonces esta hubiese sido la de más estatura, pues se entiende también, viendo el dibujo, que el que va delante es mayor y cuida de la que se supone que es más joven. Si la persona más alta hubiese sido hembra, podría haberse interpretado que se trataba de la madre del niño. Y ahí, amigos, hubiéramos topado con los ofendiditos de turno, porque habría sido intolerable que en esa supuesta representación apareciese una madre y no un padre, como perpetuación de los roles de género y bla, bla, bla.

Al grano: lean la noticia siguiente y entenderán mi perorata https://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/09/08/la_fiscalia_rechaza_senales_trafico_machistas_mujer_aparece_una_situacion_dependencia_subordinacion_110744_1012.html

De verdad, empiezo a creer que me falta un hervor o no sé ver las cosas que otros ven ni sé ver las cosas que logran ofender e incluso poner en pie nada menos que a la Fiscalía General del Estado. No he sido dotada con tamaña sensibilidad ni con el poder de inferir a partir de elementos cotidianos semejantes dislates que atentan contra las mujeres.

Ahora en serio. ¿Qué tienen de malo cuidar a alguien o estar al cuidado de alguien? En el caso de la señal que he analizado, si hay quien interpreta que la niña está en posición subordinada o de desventaja por ser precisamente una niña, el sexo mal llamado débil, es que no abre más los ojos para ver que es menor que la otra figura, y que por eso es la figura vulnerable (que no débil ni inferior). Porque dejarse cuidar no es malo. Curiosamente, somos las mujeres quienes más nos ocupamos de cuidar de los demás, fundamentalmente de los hijos, pero también de los ancianos y personas dependientes. Y hacerlo no es denigrante, ni nos coloca en inferioridad respecto de nadie; es más, es gratificante en la mayoría de los casos, y causa envidia en muchos padres varones que pasan demasiadas horas en el trabajo y no ven a sus hijos todo lo que quisieran. Si en esta señal es el niño mayor quien cuida de su hermana pequeña, yo solo sé ver ahí afecto y preocupación por llegar ambos a tiempo a clase, o por que a la niña no le atropelle un coche (y por eso cruzan cogidos de la mano). Y si en el dibujo hubieran aparecido dos figuras iguales, ambas masculinas, también se hubieran quejado porque no hubieran aparecido representadas las mujeres. El caso es buscar indicios, significados latentes, ofensas escondidas que justifiquen el ingente gasto público en asociacionismo feminoide. Imagino a un plantel de trabajadores a la busca y captura diaria de carteles, anuncios publicitarios, titulares, eslóganes, etc. que atenten contra las mujeres. Para que los fiscales no se aburran, que deben de tener muy poco trabajo.

Por último, que no se nos olvide la verdadera finalidad de esta señal de tráfico en concreto: que cualquiera, sea cual sea su procedencia, su instrucción o su idioma, comprenda el mensaje de peligro y lo que el dibujo representa. Si han jugado al Pictionary alguna vez, entenderán lo complicado de dibujar una idea, un concepto, y que lo entienda todo el mundo. Si el dibujito de marras es machista, les pueden dar por donde yo me sé a los ofendiditos mientras se entienda el mensaje. Que está claro que se entiende. ¿Entendido?

No smoking

Por fin una buena noticia, leñe. No estaba tan contenta desde la entrada en vigor de esta ley: Ley 42/2010, de 30 de diciembre, por la que se modifica la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco. . No me voy a andar con medias tintas: no siento empatía alguna hacia los fumadores, quizá porque nunca he probado un cigarrillo, no tengo idea de a qué sabe ni de por qué es tan adictivo hasta el punto de que la gente renuncia a su buena salud por unas preciosas arrugas “código de barras” y unos dedos amarillentos que joroban cualquier manicura que se precie. Puedo hacer una concesión: a veces, y solo a veces, fumar es sexy, pero con una condición sine qua non: salir en una pantalla en blanco y negro y llamarse James Dean, Humphrey Bogart, Lauren Bacall o Audrey Hepburn.

Ya sé, ya sé, nos están recortando libertades, al menos a los fumadores. Pero ¿y la libertad de quienes no fumamos? Lo de 2010 que he citado arriba supuso una conquista de derechos, del derecho a respirar aire limpio al entrar, por ejemplo, en un bar. Por entonces yo estaba embarazada, y no sabe nadie lo feliz que iba yo a comerme una croqueta sin que esta fuera “ahumada”, que para eso ya está el salmón. En los años jóvenes de parrandas nocturnas, llegaba a casa oliendo a estanquera de Vallecas, y no me duchaba antes de dormir por no despertar a mis padres y no tener que secarme el pelo a las cinco de la mañana. No pocas veces me tuve que salir de un bar atestado de gente porque era estar adentro más de cinco minutos y empezar el picor de ojos y el lagrimeo. Ni cortando cebolla se me ponen así, oigan.

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Con esto de la pandemia, cada vez que paso cerca de un fumador me aparto cual si tuviera la viruela y yo fuera alguien nacido antes de 1798Edward Jenner y los niños que transportaron la vacuna de la viruela . Al hilo de esto de la viruela, lean, lean, y comprueben que alguna vez los españoles hicimos algo bien (bueno, más de una vez, aunque no quede bien admitirlo): Real Expedición Filantrópica de la Vacuna

Pero en fin, a lo que iba: que no tenía ningún sentido permitir fumar al aire libre cerca de otras personas que no desean, en primer lugar, contagiarse de covid-19 con las gotitas en suspensión de un fumador ni, en segundo lugar, ahumarse los pulmones mientras se toman una cerveza tan ricamente entre tapamiento y tapamiento con mascarilla. Eso quienes nos tapamos entre trago y trago o entre bocado y bocado. Porque luego están los majetes que aposentan su trasero en un establecimiento, se quitan la mascarilla y no se la vuelven a poner hasta que se van porque, ya se sabe, el virus no visita los bares. ¡Ja!

Para terminar, una apreciación para quienes no estén de acuerdo con la prohibición del fumeteo: en un país idílico, quienes fuman saben que perjudica la salud, la propia y la del resto. Entienden que deben apartarse un poco para no molestar, más aún si hay niños, embarazadas o ancianos. Preguntan a los que comparten espacio con ellos: ¿les importa que fume? En estos momentos, además, son conscientes del peligro que implica exhalar el humo y echárselo a los demás, ya que fumar no es respirar: el aire viaja a más velocidad y llega a más metros de distancia. Ese país idílico no existe, al menos no es el que habito. Y por eso, amiguitos, tienen que prohibir estas cosas: porque la gente en general (insisto, en general: no hablo de las numerosas personas respetuosas, que las hay) no tiene conciencia, ni empatía, ni respeto, y se la suda, con perdón, lo que pueda afectar a los demás mientras ellos echan su cigarrito a gusto.

Colofón: nunca menosprecien el poder transformador del amor. Cuando conocí a mi marido, era fumador. Qué ciega estaba, menos mal que lo dejó, y ha sido, según reconoce, la mejor decisión que ha tomado nunca. Exceptuando la de ligar conmigo, claro.

Miedo

De las aglomeraciones en sitios cerrados, de tocar algo y no lavarnos las manos (¿dónde he dejado el hidrogel?), de ir a un bar, de tocar la mascarilla para ajustarla mejor, aunque no se debe tocar, no, no, no, no toques. De quedar con amigos a los que estoy deseando ver, tocar, abrazar. De los desconocidos que van con la nariz al aire, o se han tocado la cara para luego tocar otra cosa. De que mis hijos jueguen en el parque con niños completamente desconocidos, muchos de los cuales no llevan mascarilla porque de 6 a 12 años no es obligatorio mientras guarden 1,5 metros de distancia (que no guardan). De ir a la piscina (cuánto la echamos de menos). La playa no, no la echo nada de menos (quien me conoce o ha leído un poco este blog, sabe que odio la playa). De ir de tiendas, probar un pantalón, una camisa, una blusa. No, no, no, no te arriesgues, no.

Miedo. Llevamos desde marzo con el miedo metido en el cuerpo, y nos estamos olvidando de vivir. Nuestro presente está invadido por el miedo, pero también el futuro más próximo. ¿Trabajaremos? ¿Cómo será la vuelta a las aulas, si es que se da? ¿Nos volverán a confinar? ¿Contagiaré, sin saberlo, a mi abuelo, a mis padres?

El enemigo está ahí fuera, nos lo han grabado a fuego, nos lo repetimos día a día. Es un enemigo invisible, no sabes cuándo ataca, no sabes quién ya ha sido atacado. Pero ¡no se puede vivir con miedo! Vivir es un morir lentamente, nos guste o no. Se puede vivir en la angustia, atenazado, alerta, temeroso, receloso de todo y de todos, siempre en pro de la seguridad y de preservar la salud. Pero no es vivir. Lejos de fortalecernos, nos debilita.

Viajamos en coche, continuamente. Nos ponemos el cinturón, respetamos los límites de velocidad e intentamos conducir con los cinco sentidos. Estas son nuestras mascarillas a la hora de coger el coche. ¿Significa eso que no pueda llegar un loco, un borracho, un metepatas, y nos haga sufrir un accidente fatal? No estamos a salvo nunca: es un virus, pero es también una caída, un accidente, un cáncer. La vida es corta y única.

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Soy consciente de lo poco estructurado de esta entrada, y es a propósito, porque la cabeza no para de dar vueltas desde hace meses. Ha sido una primavera entre cuatro paredes y está siendo un verano de mierda, con perdón, y lo que espera a la vuelta no depara cosas más halagüeñas. Hay necesidad de descargar, desahogarse, llorar si hace falta. Hemos vivido un duelo, pasando de la negación o incredulidad a la rabia, la negociación, la depresión, la aceptación, y no precisamente en ese mismo orden, porque todos estos estados de ánimo se repiten, se entrecruzan, vuelven a la carga.

Me digo hoy: ¡basta ya! Voy a seguir siendo precavida, con mascarilla como cinturón de seguridad, con distancia e higiene como límites de velocidad. Pero con ganas de vivir, de ser consciente de todo lo bueno que me rodea, de ser agradecida. Lucharé para que mis hijos y todos los que me importan sean felices en esta nueva forma de estar y de convivir. Sin miedo. Y si vienen mal dadas, lo afrontaremos juntos.

Deshumanizados: #SinLatínYGriegoNoHayFuturo

Para saber de qué va esta entrada: Sentencia de muerte para Latín y Griego, por Jesús de la Villa Polo

El debate Ciencias o Letras viene de muy atrás. A los de Letras siempre nos han mirado por encima del hombro, minimizando nuestras salidas laborales, la dificultad de las materias (Humanibares era un recurrente juego de palabras) o dando por hecho que el que no valía para estudiar o era más “cortito” acababa yendo por Letras.

Cuando estudié el extinto BUP (bachillerato), Latín era materia obligatoria en segundo curso, con quince años. También lo era Matemáticas, con unos temas endiablados -funciones, números irracionales, trigonometría, cálculo de límites- que nunca jamás me han servido para nada, ni me servirán, en toda mi vida. Algunos argumentarán que saber las declinaciones tampoco les ha servido de nada en su vida. La diferencia, en cambio, estriba en que todos hablamos una lengua, el español o castellano, que no deja de ser un latín muy evolucionado. Conocer el latín, de entrada, es conocer más a fondo la propia lengua y otras lenguas romances -francés, italiano, gallego, catalán, portugués…

Según Wikipedia, “el léxico del español está constituido por alrededor de un 70 % de palabras derivadas del latín, un 10 % derivadas del griego, un 8 % del árabe, un 3 % del gótico, y un 9 % de palabras derivadas de distintas lenguas”. Vemos que el 80 % de nuestro vocabulario viene de dos lenguas maliciosamente llamadas muertas. Dejando de lado el aspecto meramente lingüístico, nuestra sociedad y forma de vivir son consecuencia de aquellas civilizaciones grecolatinas antiguas, y conocerlas mediante materias como Cultura clásica, sumada al estudio de dichas lenguas, provee a los estudiantes de unos conocimientos y un bagaje cultural aplicables en terrenos varios como la historia, la arqueología, la paleontología, la archivística y documentación, la traducción e interpretación, el arte, la arquitectura, etc. 

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El estudio y traducción de textos en latín o griego ponen en marcha unos mecanismos del pensamiento que, sin ser yo pedagoga ni experta en la materia, resumiré aquí por mi mera experiencia de estudiante (aunque hayan pasado casi dos décadas). Para empezar, es indispensable la memoria. Latín y griego se declinan y tienen unas conjugaciones verbales muy complejas que, igual que las declinaciones, hay que saberse de memoria. Ante un texto, reconocer a un golpe de vista sustantivos y adjetivos que concuerdan en caso, género y número, es básico para ir agrupando la sintaxis y, por tanto, poder traducir correctamente. La sintaxis clásica no es sencilla, pero dominar sus bases clarifica muchísimo el funcionamiento de nuestra propia lengua y fomenta nuestra capacidad analítica. Un ejemplo: en español decimos “La casa de Pablo es grande”, y “Estuve en la casa de Pablo”. El sintagma casa de Pablo es invariable en español, pero su función cambia porque le añadimos, en este caso, una preposición de lugar en la segunda oración. En latín sería: Domus Pauli magna est (La casa de Pablo es grande); In domu Pauli fui (Estuve en la casa de Pablo); la función sintáctica nos la dicta el caso gramatical. Con el griego ocurre parecido, pero es más complejo porque también hay artículos (en latín, no), y el alfabeto es diferente (preciosas letras con las que nos mandábamos mensajes ocultos que los de ciencias no entendían, ja). En definitiva: memorizar, observar, agrupar, analizar, traducir. Pocas materias del bachillerato ordenan la mente y exprimen tantas capacidades como el estudio del latín y el griego, amén de los conocimientos lingüísticos y culturales que proporcionan. 

Como en estos tiempos nuestros solo parecen importar las ciencias, las nuevas tecnologías, la robótica, el progreso y el futuro con mayúsculas, todo lo antiguo, arcaico, muerto, rancio u obsoleto parece que no sirven para nada. Todo se mide en rentabilidad y en trabajos lucrativos, y nada interesa el pasado, al contrario, se denuesta. Ahí tienen a los derribaestatuas iconoclastas e ignorantes, que no saben la diferencia entre a ver / haber, o haya, halla, aya, o vaya / valla / baya.