Ya es mala suerte (el calvario de una avería)

Cuando alguien se compra un coche, la marca suele ser un dato relevante por el prestigio y las prestaciones que promete y que los consumidores asociamos o no con dicha marca. La que tiene por símbolo una estrella y proviene de Alemania suele vender esto: prestigio, excelencia hacia el cliente, alta tecnología, innovación, confort, etc. Cuando, tras una avería gorda, descubres que tu vehículo es, en una grandísima parte, Renault y no Mercedes, se te cae el mito. Un vistazo a los bajos y al motor y el logo de Renault aparece por doquier.

El pasado septiembre, mi coche, de apenas un lustro de vida, sufrió una avería poco frecuente: no era la batería, ni un sensor, ni nada de lo habitual. No quise llevarlo al taller de la marca por, digamos, no muy buenas experiencias anteriores. Le encargué el arreglo a mi taller de confianza, cerca de donde vivo. Mi mecánico llamó a “Recambios” de Mercedes para pedir la pieza que necesitaba para la reparación, y según sus palabras no se la quisieron proporcionar, imagino que porque él era competencia directa. No me extrañó porque en otra ocasión tampoco le quisieron suministrar otra cosa. Así pues, intentó conseguir la pieza a través de un intermediario conocido y habitual de muchísimos talleres, que tardó bastante en hacérsela llegar, y para colmo resultó estar defectuosa, a pesar de ser un recambio original Mercedes. Hay que explicar aquí que esta avería no se solucionaba solamente con sustituir la pieza rota, sino que después había que realizar una maniobra nada cómoda que requería de un tubo especial (difícil también de conseguir), maniobra sin la cual la reparación no estaría acabada. La cosa se complicaba y, aún sin pieza, mi mecánico terminó pidiéndola a “Recambios” de Mercedes, y la respuesta entonces fue que no había stock, que habría que pedirla a la fábrica. Según mi mecánico, las demás marcas con las que él trabaja no le ponen jamás ningún obstáculo para conseguirle el recambio que sea y en un plazo más que razonable. Es más, están obligadas a disponer de estocaje, y en este caso no era así.

black and silver car engine

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A finales de noviembre, y ya hartos de que la pieza siguiera sin llegar, pusimos una reclamación por teléfono en atención al cliente, a sugerencia del propio concesionario. En esta llamada, tomaron nota de toda la historia, y a los días me llamaron para decirme que ¡en un mes! saldría la pieza desde el país de origen. Mientras tanto, me entero de que al mismo tiempo el concesionario ya llevaba días reclamando este pedido. Finalmente, la pieza llegó a mediados de diciembre y, después de varios imprevistos, por fin tengo el coche reparado, cinco meses después.

Habrá quien piense que quizá todo habría ido mejor si de primeras la reparación se la hubiese encargado a Mercedes. Las malas experiencias previas (un día entero perdido para un simple cambio de aceite habiendo cogido cita previa, o alguna avería simple que no me solucionaron estando el coche en garantía), la deficiente atención al cliente (nada de vehículo de sustitución si la cosa se alarga), la casi nula información sobre lo que le hacen a mi coche las veces que lo he llevado; todo ello (sumado al hecho de que el concesionario está muy lejos de mi casa, y que encima el coche ha resultado ser más Renault que Mercedes), hace que haya preferido llevarlo a reparar al lado de casa y por alguien que sí me explica paso por paso qué le ocurre al coche; alguien que me ha demostrado en otras ocasiones que es un gran profesional que podría haber trabajado con más diligencia si desde el principio se le hubiera suministrado la pieza como otras marcas lo hacen, con premura.

 

Pasen por taquilla

     El 9 de febrero Osasuna se enfrentará al Real Madrid en el Sadar, en un partido declarado por el club rojillo como “medio día del club”, circunstancia que obliga a los socios que deseen ir al encuentro a pagar su correspondiente entrada, a un precio inferior al que pagaría el público general no socio. El partido ante el Real Madrid será Medio Día del Club
Parece que a algunos abonados de Osasuna la noticia les ha sentado como una rotura de ligamento cruzado. Argumentan que el club podría haber anunciado en la renovación de abonos que se iba a hacer “medio día del club”, y así haber cobrado por adelantado este partido a quienes lo deseasen. Ha sentado mal que se anuncie nueve días antes del encuentro. Si bien es cierto que en campañas anteriores Osasuna daba la posibilidad de incluir en el precio del abono de temporada el o los partidos de pago (Real Madrid y Barcelona, casi siempre), y esta práctica era habitual y resultaba cómoda para quienes acudimos a todos los partidos ya esté cayendo una nevada apocalíptica o tengamos que ir con muletas al estadio, no es menos cierto que hace bastantes temporadas que no se nos cobra un “extra” a los socios. Sea porque las últimas temporadas han sido un ir y venir de Primera a Segunda, sea porque el último año en Primera (temporada 2016-2017) no se celebró “día del club” como premio a la afición por el apoyo prestado en la campaña anterior, la del ascenso con Martín Monreal, sea porque el río Sadar pasa junto al estadio homónimo, el caso es que este año en que ha habido que fichar a última hora porque se nos ha roto la estrella (fuerza, Chimy), este año en que tenemos el campo en obras y hay que pagarlas, este año la directiva ha decidido, por estos u otros motivos, cobrar a los socios para ver al Real Madrid. Allá cada cual con su decisión: habrá quien pase por taquilla y compre su entrada, habrá quien no lo haga y prefiera gastarse ese dinero tomando unos pacharanes en el bar y viendo el partido en la tele; habrá quien se gaste el triple o más de lo que cuesta la entrada en pagar autobús, entrada, comida y bebida en algún desplazamiento más o menos lejano por ver a Osasuna; habrá quien no entienda además que al renunciar a comprar la entrada el club pueda disponer en consecuencia de su asiento para venderlo a alguien que sí esté interesado en ir al partido y no sea socio de Osasuna. Yo a esto no lo llamo traición ni pido que se lleve a los juzgados, como se ha insinuado en alguna red social. Lo llamo rentabilizar un asiento: si no lo ocupa el socio, vendo una entrada para que lo ocupe otra persona. El gran beneficiado es el Club Atlético Osasuna, no lo olvidemos.

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Si de verdad es el club de nuestros amores, no es tan grande el sacrificio económico pagar una entrada cuyos beneficios van a reportar una mejora económica a Osasuna. No son precios tan astronómicos para lo que se estila en otros campos. Cuando muchísimos aficionados acompañan al equipo a Bilbao, a Madrid, a Valencia o a Sevilla, mayores serán los gastos que tendrán que soportar, y lo hacen encantados porque su ilusión es ver al equipo (dicen que estamos locos de la cabeza, cantamos en el Sadar). También habrá quienes paguen la entrada para luego revenderla por treinta o cuarenta euros más y sacarse así un beneficio a costa de algún “merengue”. Todas las opciones son respetables.
Lo que no puedo entender es que haya gente que lapide a un equipo directivo que cogió en sus manos a un club desahuciado y en pleno escándalo por temas extradeportivos. Ellos, con sus aciertos y sus errores, han saneado el club y lo han vuelto a llevar a la élite deportiva. Algunos aficionados, en rebeldía ante la decisión de cobrarnos a los socios, están hablando ya de boicot y de protestas el día del partido. Un partido que debería ser una fiesta: no todos los años pasa por Pamplona el Real Madrid (o cualquier otro equipo de Primera). Nos acordaremos de esto cuando regresen (espero que tarden mucho en regresar) los años fatídicos de Segunda. No está muy lejos aquel partido de Sabadell. Ojalá estemos muchas temporadas teniendo que rascarnos el bolsillo porque vienen aquí a jugar los equipos grandes. A Fermín Ezcurra también se le criticó sobremanera cuando cobró a los socios mil pelas de entonces porque venía el Ajax de Amsterdam al Sadar (año 1991, eliminatoria de UEFA), equipo que acabaría ganando el torneo europeo. Si alguna vez volvemos a Europa, ¿también nos quejaremos si hay que pagar?

Sube el volumen

Iba en coche esta mañana oyendo Cadena 100, y sus presentadores, Javi Nieves y Mar Amate, han anunciado nueva sección en el programa: “canciones de subidón”. Los oyentes van a poder pedir para que suenen en la radio esas canciones que les provocan buenas “vibras” (como dicen ahora). Javi Nieves ha roto el hielo pinchando esta: The Communards: Don’t Leave Me This Way

Definición de canción que da subidón (perdón por la repetición-ción-ción). Es personal: canción que normalmente escuchamos subiendo el volumen, tarareándola casi entera, bailándola (o como mínimo acompañándola con movimientos de cabeza), y a veces imitando los gestos del cantante original como si estuviéramos en un concierto. Les voy a dejar mi lista de canciones, pueden ponerla en su Spotify (yo no tengo, aún; soy del siglo pasado, pero sí que tengo un USB con música seleccionada). No siguen un orden especial. Solo puedo decir que todas ellas cumplen para mí los requisitos citados.

Un estudio científico la coronó como la canción más efectiva del mundo para hacerte sentir bien Don’t Stop Me Now de Queen es la canción más edificante del mundo. Ciertamente es una maravilla, es imposible no saltar de la cama por mucho sueño que tengamos por la mañana si está sonando esto: Queen: Don’t Stop Me Now

Más clásicos guitarreros. Los dos son rubios y con pelazo: Joey Tempest y Jon Bon Jovi. Imprescindible mover el cuello de atrás hacia delante, agitar la melena si se tiene y poner la manita con los dedos pulgar, índice y meñique en alto. Está permitido desgañitarse en la parte del oh-oh: Bon Jovi: Living On A PrayerEurope: The Final Countdown

Hagamos un salto al blanco y negro con esta maravilla versionada infinitas veces. La mímica aquí obliga a tocar un piano invisible con mucha vehemencia: Jerry Lee Lewis: Great Balls Of Fire . Y sin quitarnos el tupé, bailemos encima del coche al ritmo de John Travolta (magnífica toda la banda sonora de la película): Greased Lightning

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El estribillo de este tipo de canciones tiene que pegarse como el Loctite, y la sencillez ha de ser su característica imprescindible. ¿Qué hay más sencillo que un na-na-na-na? Escuchen e intenten estarse quietos con esto: Wilson Pickett: Land Of 1000 Dances

Tampoco podían estarse quietos en esta escena impagable de la película Intocable (si no la han visto, ¿qué están haciendo? ¡corran!). Earth, Wind & Fire tienen temazos a patadas, como este Boogie Wonderland Intocable (2012): Lección de música y baile de Driss

Los últimos dos temas los interpretaban músicos negros (de color, afroamericanos, como prefieran). No puedo evitar acordarme del también estadounidense y afroamericano Alfonso Ribeiro, actor que encarnó a Carlton Banks en la exitosa serie El príncipe de Bel Air. No por cantar, sino por bailar al ritmo de Tom Jones será recordado por los siglos de los siglos: It’s Not Unusual (Carlton Banks’ dance) Da subidón, ¿a que sí?

Melanie B, rizos al viento, da comienzo con gran fuerza a un temazo que empieza con el estribillo en lugar de con una estrofa como suele ser habitual. Parece mentira que hayan pasado ¡veinticuatro años! desde que estas chicas pusieron al planeta patas arriba: Spice Girls: Wannabe

Sigamos con chicas con “power”. Extravagante era un rato, pero la tía ha vendido en su carrera más de 80 millones de discos. Tiene canciones conocidísimas e icónicas como ella, pero me quedo con esta, cuyo videoclip, además, es muy divertido: Cindy Lauper: Girls Just Want To Have Fun

Otra mujer extravagante, pero culta, diva e hispanohablante. Lo siento, hoy me ha dado por las rimas internas. Alaska tiene tantas canciones subidoneras que es difícil quedarse con una, pero elijo A Quién Le Importa. Y esta otra gran mujer tiene tantas operaciones que es difícil también quedarse con una. De sus canciones me encanta esta Cher: Strong Enough. Cómo olvidarnos en este punto de Gloria Gaynor y el himno en que se ha convertido I Will Survive

Podría hacer una lista muy larga, pero voy a terminar aquí con tres bandas de nuestro país. Las dos primeras creo haber leído que se admiran mutuamente, y han tenido locas a las fans en distintas épocas. No hay mujeres (lo siento, Irene Montero), pero ni falta que les hace. A mí estas dos canciones me ponen muy loca, con ganas de ir a un concierto, saltar, bailar y lo que haga falta: Hombres G: Voy A Pasármelo BienEl Canto Del Loco: Zapatillas

Y como zapatillas rima con esta última canción, cerramos la lista patria comiéndonos unas natillas: Seguridad Social: Chiquilla

PD. Repito que esta selección es personal. Hay incontables canciones imprescindibles para el buen rollo, podríamos alargar esto y no acabar. Espero que alguna les haya traído buenos recuerdos. Y acabo con una reflexión viejuna: ya no se hacen canciones como las de antes.

 

 

 

 

Para Reyes, un gobierno

De siempre fui una chiquilla apocada y discreta. Me sonrojo con facilidad, me cuesta hablar en público, pero al mismo tiempo disfruto de largas conversaciones con gente de mi entorno. He callado muchas veces por miedo a encontrarme una opinión contraria: lo descubrí en una sesión terapéutica familiar por motivos que no vienen al caso. Ese día tomé la determinación de no callarme las cosas, porque el nudo que se forma en la garganta, el estómago y la cabeza es demasiado grueso y difícil de soportar.

Pues bien, a riesgo de perder lectores -e incluso amistades, no sería la primera vez-, voy a abrir una rendija de la caja de los truenos.

Seguí por televisión algunas partes del debate de investi-dura. Dura fue un rato, como un parto, según el Rey. Dura, bronca, crispada y tensa. No voy a analizar las intervenciones de unos y de otros: para eso ya tienen ustedes tertulianos muy bien pagados en las televisiones, plumas mejores que la mía y cuñados a quienes recurrir para que les cuenten las salidas de tono de algunos diputados.

Spanish Congress of Deputies. Built in Madrid in 1850.

Lo que sí haré es llamar la atención sobre un hecho al que no se puede llamar en realidad un “hecho” porque no se ha producido: nadie ha salido a las calles a rodear el Congreso, ningún contenedor ha resultado incendiado, ningún aeropuerto ha sido bloqueado ni invadido, ninguna vía, autopista o carretera ha sido cortada. No hay pintadas, caceroladas ni huelgas convocadas. Lo que hay es una ciudadanía que admite el juego democrático que permite que se viertan opiniones tan dispares como las que escuchamos todos este pasado fin de semana. Hay otro tipo de ciudadanos que se echan a las calles cuando no ganan los suyos y arrasan con todo Dos detenidos, quema de contenedores y agresiones a periodistas en la manifestación “antifascista” de Cádiz convocada por Podemos contra Vox Acabo de citar una noticia que habla de las reacciones violentas de algunos tras las elecciones de Andalucía, porque estoy hablando de votos y de decisiones democráticas. No voy a extenderme recordando lo que pasó tras la sentencia del procès en Cataluña: de sobra sabemos la que se armó. Todo muy civilizado y democrático.

Lo mismo que digo aquello, digo esto: no estuvo bien que los diputados de Vox salieran del hemiciclo cuando iba a intervenir la portavoz de Bildu, ya que nadie se marchó cuando Vox intervino en la tribuna de oradores. Igual que hay gente a la que se le revuelve el estómago cuando Abascal abre la boca, hay gente que sufre lo mismo cuando EH Bildu lanza sus proclamas.

Es lo que tenemos, la gente les ha votado a todos ellos, pero eso no significa que haya que tolerarlo todo. Por eso, hago mías las palabras de Carlos García Adanero, diputado por Navarra, y escribo aquí bien claramente: no nos van a callar. Creo que fue la intervención más digna, transparente y respetuosa al mismo tiempo de todas las que pude ver Debate de investidura 7/1/2020: intervención de Carlos García Adanero

Unas líneas más arriba me he referido al juego democrático. Como todos los juegos, tiene unas reglas que seguir, aunque algunos partidos se las quieran saltar todas. Lo que nuestro flamante presidente Sánchez ha estado haciendo estas últimas semanas no puede llamarse juego; en todo caso doble juego, que según el Diccionario fraseológico documentado del español actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos es la “manera engañosa de actuar, haciendo dos cosas contrarias y en propio beneficio”.

No iba a pactar con Pablo Iglesias, y se fundió con él en un abrazo. No iba a hablar ni a negociar con ERC, y su abstención propició su investidura (veremos pronto las exigencias que Esquerra llevará a cabo). No iba a sentarse a hablar con Bildu, y estos han contribuido también a hacerlo presidente, y a que también los socialistas gobiernen en Navarra, después de haberlo negado categóricamente. No iba a dormir tranquilo si Podemos estaba en el gobierno, y les ha comprado otro colchón igual al suyo a Pablo e Irene. En fin, ahí tienen la hemeroteca, que es inagotable.

De veras deseo que estos pactos y esta coalición acaben con los problemas de los españoles: que desciendan las cifras de paro, las listas de espera, que sea factible comprar una vivienda o pagar un alquiler, que acaben las desigualdades, que suba la natalidad, que asesinatos y violaciones dejen de abrir los telediarios, que… Ojalá. De verdad. Pero algo me dice que seguiremos igual. O peor, pero espero equivocarme.

Ah, y feliz año nuevo, que no lo he dicho. Je.

 

Yo procrastino, ¿tú?

La Fundación del Español Urgente (Fundéu) elige al término de cada año la palabra del ídem. Este 2019 la agraciada -sin ser una palabra- ha sido ‘emoji’ Los ‘emojis’, elegidos como la palabra del año 2019 por la Fundéu BBVA

Yo no soy la Fundéu pero les voy a regalar no una palabra del año. Ni siquiera la palabra de la década -década que, por otra parte, aún no ha terminado, no se me pongan impacientes. Eso ocurrirá dentro de poco más de un año. ¿Cuándo acaba realmente esta década? No, yo voy más allá. Les voy a dar gratis LA PALABRA DE LA VIDA. Con mayúsculas, y esa no es otra que un latinajo cuyo significado es ‘diferir, aplazar’: procrastinar (del latín procrastinare).

No sé ustedes, pero yo me pego la existencia procrastinando. En Pamplona, además, somos expertos en la materia en dos momentos del año: los días previos a San Fermín y los previos a Nochevieja. Tenemos al 6 de julio acechando con sus txistus y tamboriles, nos probamos la ropa blanca del año anterior, y ¡oh, sorpresa! ¡No entro! Estos duendes del armario que me encogen la ropa… ¡malandrines! Corriendo a la tienda más cercana, a ver qué queda. Pillaremos un par de pantalones de urgencia y tira millas.

Hoy, 31 de diciembre, cientos de jóvenes y no tan jóvenes improvisan en Pamplona a pocas horas de las campanadas un disfraz apañadico para salir a la calle a darlo todo después de las uvas. Los hay aplicados que, mes y medio antes, quedan con la cuadrilla, consensuan de qué van a disfrazarse en fin de año, compran el material, recortan, cosen, ultiman, detallan. Y son los reyes de la noche, los que saldrán en la galería de fotos del periódico el 2 de enero (porque el 1 no hay prensa), los que suscitarán sonrisas, aplausos y exclamaciones de admiración por las calles del casco viejo pamplonés.

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Están los que, dos días antes, se lanzan a la compra acelerada de cualquier accesorio que dé a entender que hay ahí un atisbo de disfraz. Siempre queda el recurso de reciclar el disfraz del año anterior o el de Halloween si se celebró tal importado festejo. Quienes estén atónitos pensando si en Pamplona celebramos el carnaval dos veces al año, deben saber que desde hace bastantes años es tradición salir disfrazado a llenar los bares y vaciar los cubatas. Tarea harto complicada cuando queremos lograr la ideal combinación de: disfraz original, disfraz cómodo de llevar y disfraz abrigado. No sé cuándo nos dio aquí por adelantar el carnaval al 1 de enero. Lo qué sí sé es que, cuando yo empezaba a salir con las amigas después de las campanadas, ya todo el mundo se disfrazaba. Y de eso hace más de veinte años, así que es muy probable que la cosa comenzara mucho antes. Un cotilleo: fue en el año nuevo 2003 cuando conocí al que hoy es mi marido. Nuestros disfraces eran una bazofia, pero aquí seguimos, oigan.

De cotillón, de cena de gala, en bata y zapatillas, trabajando en urgencias o en hostelería, o disfrazados de sudoku, capitán Garfio, monja, gigante Josemiguelerico, Caravinagre, Pablo Iglesias o Peppa Pig, tengan todos una feliz entrada en el año 2020.

Gracias por haber estado ahí este año leyendo este humilde blog. Espero que sigan haciéndolo el año que viene, prometo intentar no defraudar.

¿No tendrás una compresa?

A lo mejor es porque en estos momentos yo misma estoy en “código rojo”, pero el caso es que he recordado algo que leí por ahí sobre que en una tienda de Japón han colocado a las empleadas unos distintivos que indican si se encuentran o no con el periodo. Polémica en una tienda de Japón por el uso de distintivos para identificar a las empleadas que tienen la regla

Al parecer el fin de esta práctica es fomentar la solidaridad entre compañeros para que las mujeres en tal situación reciban más ayuda o disfruten de descansos más frecuentes. La polémica está servida, y más en un país en el que la regla es tabú (en el nuestro, de otra manera, también lo es), ya que en Japón “se tiene la creencia de que la menstruación interfiere en el sentido del gusto, por lo tanto, las mujeres no tienen capacidad de hacer trabajos dentro de la cocina y tienen que ceder espacios a los hombres. La práctica totalidad de los chefs de sushi, de hecho, lo son. Así, el chef Yoshikazu Ono dijo en una entrevista al The Wall Street Journal, el año 2011, que “ser profesional significa tener un gusto constante pero debido al ciclo menstrual, las mujeres tienen un desequilibrio en su gusto, y por eso las mujeres no pueden ser chefs de sushi”. Sin embargo, este hecho estaría cambiando y cada vez hay más mujeres en las cocinas de muchos restaurantes del país. (Fuente: Los tabúes de la regla).

Caray con los nipones. La polémica en Japón por la prohibición a las mujeres de usar anteojos en el trabajo No solamente estipulan como norma de vestimenta femenina el uso obligatorio de tacones, en especial en el terreno laboral, o prohíben el uso de gafas en el trabajo porque dan una imagen de frialdad, sino que además nos marcan a las mujeres de tan evidente forma para que todo el mundo sepa que estamos sangrando entre las piernas. Y aún creen que nos hacen un favor porque, pobrecitas, necesitamos descansar más o no podemos coger pesos. Bonito favor que nos hacen para lograr la igualdad. En otros lugares del mundo, hay todo tipo de tabúes y estigmas sobre la regla: mujeres obligadas a abandonar el hogar en los días del periodo por estar impuras, prohibición de tomar lácteos porque se cortan, prohibición de estar cerca de animales y cosechas porque se malogran, o mujeres que no se duchan porque eso les puede provocar infertilidad. El tema da para libros enteros, que ya se han escrito, por otra parte.

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Mi abuela, nacida en 1931, me contaba que su primera regla le pilló durmiendo fuera de casa, con una pariente, y al descubrir que estaba sangrando despertó a la mujer a grito pelado diciendo que se estaba muriendo. También decía que la mujer que estaba menstruando no podía elaborar mayonesa porque se cortaba, y tampoco podía ducharse ni bañarse. Prejuicios así los habrá a patadas, solo hay que hablar con nuestras mayores.

Parece que hoy ya estamos avanzando en esto, aún incluso en nuestro país, tan occidental y avanzado si lo comparamos con Nepal o la India. Pero aún tenemos que ver anuncios de compresas donde la “sangre” es azul y las mujeres están activas, sexis y optimistas aun estando con la regla (nada más lejos de la realidad). De acuerdo, el propósito del anuncio es vender, y no lo logrará si refleja lo que a la mayoría nos pasa: nos sentimos hinchadas y doloridas, a ratos abatidas, dormimos peor, estamos irritables y sensibles. El chocolate nos llama a voces para que nos atiborremos de él. Demandamos abrazos y sofá-manta-peli. Habrá quienes no sientan nada de esto, es verdad. Porque, como en casi todo el universo femenino, igual que no hay dos embarazos iguales ni dos pechos iguales, tampoco hay dos maneras de sentir o vivir la regla iguales.

Que se lo digan a quienes padecen endometriosis, esa enfermedad invisible que provoca unos dolores incapacitantes y que tan difícil es de diagnosticar porque se nos puede tachar de quejicas y porque el dolor no es mensurable. Ya se le está dando más visibilidad a esta enfermedad exclusivamente femenina que a veces debe ser tratada con hormonas o quirúrgicamente.

Nosotras debemos normalizar la menstruación. Acabemos con eso de prestarnos un tampón como si pasáramos droga. Hablemos a nuestros hijos (ellos y ellas) de la regla, de su función, su ciclo, también sus inconvenientes. En el trabajo no hace falta que lo llevemos escrito en la cara, pero si no nos sentimos bien podemos decirlo con naturalidad. Es lo más normal del mundo. Lo que no es normal es que se nos cobren los productos higiénicos femeninos con impuesto de caviar. O que la regla tenga la inquietante capacidad de aparecer cuando peor nos viene. ¿A que sí?

Con todas las sillas ocupadas

Algún que otro alcalde ya está peleando con sus colegas sobre quién lo tiene más grande. El árbol, se entiende: el de Navidad. Más alto, más frondoso, con más luces. En Vigo saben de eso. Melania ha recibido ya el que va a decorar la Casa Blanca, y se ha ido luego al vestidor a elegir modelo para la foto navideña oficial.

Ya estamos todos empezando a comprar cosas que no necesitamos. A llenar el congelador de comida que engulliremos para, inmediatamente después, arrepentirnos de haber ingerido porque nos echará al cuerpo unos kilos de más. Ya hemos empezado a adquirir décimos de lotería a la que no jugamos jamás el resto de los días del año. En nada mantendremos conversaciones de cortesía en persona, por teléfono, por correo, WhatsApp o Facebook con gente a la que el resto de los días del año no hacemos casi ni recordar.

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Los pasillos de los supermercados ya se encuentran atiborrados de cajas de turrón y mazapanes. Luces de mil colores pueblan escaparates, calles y tiendas. Y falta un mes aún, pero nunca es demasiado pronto para que nos recuerden con un sinfín de señales que debemos empezar ya a gastar indiscriminadamente, a tirar de tarjeta de crédito, a poner el árbol, a asaltar jugueterías, perfumerías o, en el mejor de los casos, librerías.

Los restaurantes ya se están frotando las manos con las comidas de empresa y las cenas de cuadrillas. Las salas de fiestas publicitan sus packs de cena y cotillón, y en Pamplona alguno está ya confeccionando su disfraz para fin de año, o al menos pensando de qué personaje u objeto va a disfrazarse.

En las casas en las que somos afortunados de tener niños pequeños, nos quedan ellos. Son la alegría de estas fechas, porque las viven con ilusión, con mirada inocente y el relajo de saberse de vacaciones. Los mayores que estamos a su alrededor deberíamos desprendernos de todo lo demás, y dar gracias porque, de la pasada Navidad a esta, ninguna silla se va a quedar vacía. Ese es el mejor de los regalos: sentarnos con quienes todos los días del año nos demuestran su amor, mirarles a los ojos y decirles “gracias por estar siempre a mi lado, por regalarme tu amistad. Perdona si en algo te ofendí, y aquí me tienes para cualquier cosa”.

Felices 28 días previos a Navidad. Y feliz Navidad.

Y media hora para comer (10N)

La vida es acumular experiencias, y el domingo sumé una a mi mochila particular: ser vocal en una mesa electoral. Qué ilusión hace, madre mía, levantarse un domingo a las siete y cuarto, mirar por la ventana cómo diluvia (aguanieve llegó a caer incluso) y ver en la predicción que va a estar así todo el día y no va a pasar de 8 grados la temperatura máxima. La frase más escuchada este domingo electoral por los que estábamos de vocales o presidentes fue: ¡Y lo bien que estáis aquí, calenticos! Total, con el día que está…

Pues allí que me fui, con mi cojín, mi termo de leche caliente, mi botella de agua, unos caramelos para la garganta, mucho sueño y una buena dosis de paciencia ante las, como mínimo, catorce o quince horas que me iba a pegar detrás de dos urnas. Tuve la suerte de que me tocaran de compañeros de mesa dos chicos muy simpáticos y habladores. Así acabó mi garganta, tocada y hundida. No se me hizo excesivamente largo el día gracias, en parte, a las conversaciones y a que el goteo de electores fue constante sin llegar a aglomeraciones en ningún momento. Que estuvimos entretenidos, vamos.

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Game over

     Mi hijo mayor acaba de cumplir ocho años, y hemos ido esta tarde a cambiar uno de los regalos que le hicieron sus amigos porque ya lo tenía. En uno de los pasillos de la juguetería no he podido evitar fijarme en el despliegue de muñecos y juguetes basados en el videojuego Fortnite. No hace demasiado que escuché por primera vez este nombre, en boca de una de las madres del colegio al referirse a que hijos de amigas suyas juegan con siete u ocho años a este juego en línea. Ya en aquel momento escuché por ahí que contiene violencia no demasiado extrema, pero violencia al fin y al cabo, y que se puede jugar en línea con desconocidos o chatear con ellos. Investigando un poco más, leo que es muy adictivo porque las partidas son muy cortas -como máximo de veinte minutos si consigues que no te maten-, que promueve la competitividad y genera frustración en el niño que no consigue durar los veinte minutos de la partida. Además incita a consumir porque, aunque es gratuito y tiene su app para móviles, los personajes mejoran en habilidades y aspecto comprándoles todo tipo de armas y vestimenta, tirando, claro está, de la tarjeta de papi y mami. La edad recomendada en Europa para iniciarse en él es 13 años. Guía para padres sobre el videojuego Fortnite: Battle Royale

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Al recreo

Aprovechando que es domingo y puedo tomarme un respiro, no podía venir al caso mejor tema que el recreo, pero el de los chiquillos, no el nuestro, al que llamamos “fin de semana” (o “finde”, ya puestos a ahorrar esfuerzos).

El otro día tuve la reunión de curso con los profesores de mi hijo. En ella, entre otras muchas cosas, se nos mencionó a los padres que, un año más, el colegio contaría con la “dinamización de patio”. Esta práctica, de nombre rimbombante, no es más que llevar a cabo una serie de actividades lúdicas en la hora del recreo para que los escolares no se limiten a jugar al balón o a aburrirse por las esquinas. En el gimnasio, juegos diversos; en la biblioteca, rato para leer o hacer alguna tarea pendiente; el “bibliocarro” con cuentos para todas las edades, y lápices y papel para dibujar.

La dinamización va dirigida a alumnos de entre 6 y 12 años, ya que los pequeñitos de educación infantil tienen el recreo en horario diferente. Si a niños de las mencionadas edades hay que entretenerlos para que la extendida práctica del fútbol no cope todo el terreno del patio, es que tenemos un problema de fondo y, quizá, de convivencia. Cuando iba al colegio (que entonces duraba hasta los 14 años), jamás sentí que nadie que jugara al balón me quitara mis derechos de usar el patio. Es más, jugábamos muchos -y muchas- al balón, y ocurría a diario. Ahora hay colegios en los que se fija un calendario semanal de práctica de fútbol; el día que no toca, no hay balones. Sigue leyendo