Tres años

El pasado 31 de enero este humilde blog cumplió tres años de vida. He publicado 113 entradas sin contar esta de hoy. El promedio de vistas o lecturas es casi 45, así que mil gracias a ese estupendo promedio de 45 lectores.

Ha habido unas pocas entradas que han superado el centenar de lecturas, ¡guau! Por pura estadística, dejo aquí el “top 5”, las cinco entradas que más vistas han tenido en estos tres años:

11/12/2018 Perdona nuestras ofensas……………………..173 vistas

04/04/2018 Semblanza………………………………………………119 vistas

21/04/2020 Los olvidados………………………………………….109 vistas

05/02/2019 Tengo afasia de género, criaturas…………103 vistas

20/03/2018 Chanel nº 5………………………………………………101 vistas

Muchísimas gracias a los lectores fieles, a los ocasionales, a los que leyeron algo y no regresaron más, a mi familia por su aliento y sus elogios, a mis amigos por los debates que se suscitan tras cada publicación, y a la fibra óptica y el portátil que me permiten dar rienda suelta a mis tonterías. Por muchos años más.

La culpa es del guisante

¿Recuerdan el cuento de La princesa y el guisante? Para casar al príncipe, debían encontrar a una verdadera princesa a la que hicieron pasar una prueba sin ella saberlo: colocaron un guisante debajo de una decena de colchones. Al día siguiente, la candidata contó que no había descansado nada porque notaba algo molesto bajo el colchón. Ella era la nuera perfecta: delicada y de piel fina hasta para notar un mísero guisante a bastante distancia de su trasero.

Vivimos rodeados de princesas de piel fina que denuncian pequeñeces. La última, que Disney haya señalado tres clásicos suyos por contenidos racistas. Pueden leer el asunto aquí: https://www.huffingtonpost.es/entry/disney-bloquea-por-racismo-dumbo-peter-pan-y-los-aristogatos-para-menores-de-7-anos_es_600ea626c5b6fe97669e0eaa

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Para no alargarme mucho, me centraré en una de mis películas favoritas: Peter Pan. Resulta que se ridiculiza a los nativos americanos -nativos de Nunca Jamás, como todo el mundo sabe- llamándolos ‘pieles rojas’. A qué está esperando la tropa de censores para eliminar por siempre todos los wéstern de extensas praderas, indios (perdón, nativos americanos) emplumados que no saben hablar inglés, oh my God, salvajes cortacabelleras que montan a caballo “a pelo” y tienen una endiablada puntería con el arco y las flechas. Qué imagen denigrante para esos antepasados venerables. Normal que el cine los retratara así, crueles y salvajes, para justificar de algún modo la masacre deliberada que llevaron a cabo los estadounidenses contra las tribus que obstaculizaban la expansión política y territorial. Si les gusta la historia, lean sobre ello porque hemos crecido engañados viendo pelis de John Wayne: https://www.abc.es/historia/abci-verdad-7-caballeria-jinetes-lideraron-genocidio-indio-eeuu-201908210124_noticia.html

Más allá de cuestiones raciales, facilitemos el trabajo a los ‘pieles finas’ y desmenucemos Peter Pan hasta dejarla como la bazofia infumable que quieren que sea. Qué dirían…

  • El Partido Pirata en defensa del Ron (PPR): la imagen que se da en Peter Pan de la piratería es falsa: se nos pinta como torpes, cobardes e inútiles, incapaces de pararles los pies a unos mocosos maleducados e insolentes. Pardiez.
  • Los Coleguis Animalistas en defensa de los Peluditos (CAP): el personaje de Nana, un perro san bernardo al que explotan laboralmente como niñera de tres hermanos, acaba expulsado de su hogar y durmiendo a la intemperie. Es intolerable.
  • La Asociación Brigitte Bardot contra las Pieles (ABB): esos pulgosos Niños Perdidos van ataviados con pieles de animales muertos. ¿Qué clase de mensaje estamos enviando a las nuevas generaciones: que pueden matar a su antojo para abrigarse?
  • Hadas en Lucha (HL): Nosotras tenemos voz, no como esa Campanilla ridícula y muda que suspira como una tonta por Peter, que no le hace ni caso hasta que Garfio la enjaula y él teme por su vida. La película no retrata bien a las hadas, no nos representa. Tonto Pan y tonta Wendy.
  • Sirenas Veganas (SSVV): Las sirenas salimos en la película como seres frívolos y holgazanes, sin objetivos en la vida, y no es así porque llevamos siglos denunciando la pesca indiscriminada y la contaminación de los mares.
  • Amigas de Irene Montero por la Igualdad (AIMI): El personaje de Wendy es un insulto a la inteligencia: una niñita remilgada cuya gran aspiración es ser madre para contarles cuentos a sus hijos, una tonta que bebe los vientos por un duende con mallas verdes al que aún no le ha salido pelo en el pecho. Wendy perpetúa los estereotipos de género porque sabe coser sombras, cantar, contar cuentos, no lleva pantalones, tiene el pelo largo y tirabuzones, y ha de cuidar de sus hermanos porque sus padres pasan del tema. Es un personaje desvalido y sin recursos que necesita en todo momento que la rescate una figura masculina.

Ahora en serio. Estamos llegando a un punto en que todo ofende y es censurable, cualquier cosa es susceptible de herir sentimientos. La corrección política lleva camino de ir acabando con películas, libros, series y canciones. Los personajes malvados, ¿alguien sabe qué tipo de actores o actrices deberán interpretarlos? Si son mujeres, será machismo. Si no son blancos caucásicos, será racismo. Si hablan otro idioma, será xenofobia. Si son bajitos, o gordos, o calvos, o miopes, será discriminación. Cualquier manifestación cultural que hable de hechos pasados será censurable a ojos de la corrección política: los mencionados western, el conocido caso de Lo que el viento se llevó y HBO, las pelis de nazis, todos los cuentos clásicos, cualquier historia en la que la mujer no aparezca empoderada, líder y resolutiva, sino sumisa y unida a un hombre que se lleva el protagonismo.

Disney tiene trabajo si quiere limpiar su imagen, porque la mayoría de sus películas, al menos las antiguas, retrata a princesas enamoradas a primera vista de un hombre que acaba rescatándolas con un beso de amor o luchando contra dragones. Hay que esperar a Mérida, Vaiana, Elsa y Anna para descubrir mujeres jóvenes tenaces, luchadoras e independientes. Es la simple evolución de los tiempos, lo cual no significa que haya que cargarse lo del pasado.

Se trata de ignorar el guisante y disfrutar del sueño reparador.

Anecdotario librero

Ahora que llevo casi una semana en mi nuevo trabajo, voy a echar la vista atrás y a recordar anécdotas de mi anterior ocupación durante casi catorce años: librera. Si me hubiera dado por llevar un registro diario de hechos curiosos, habría tenido material para escribir un libro: es lo que tiene trabajar de cara al público. Pero vayan aquí unas pinceladas.

Una señora llegó un día preguntando por “colecciones de libros elegantes”. Supuse que se refería a libros con cubierta de piel o de tela, algo poco habitual, pero resultó que lo que ella quería era rellenar unas estanterías con libros de apariencia lujosa, y que fueran de igual tamaño; el contenido le era indiferente. Tentada estuve de venderle todos los códigos de legislación de Aranzadi -todos tremendos, de color verde oscuro y similares dimensiones pero con tapas de cartón, no de piel-, pero le enseñé alguna edición especial de algún clásico, poca cosa para la cantidad de libros que ella necesitaba. Inevitablemente imaginé el salón de esta señora como los montajes de las tiendas de muebles, en donde los libros que decoran la exposición son de cartón hueco, más falsos que un duro de madera.

Un chaval entró otro día buscando algún libro de pocas páginas y que, a ser posible, tuviera versión cinematográfica para poder ver la peli y evitarse gran parte de la lectura, obligada por algún retrógrado profesor de literatura. Otro mocete me pidió La familia de Pascual Duarte de Cela en “castellano moderno, no en castellano antiguo”. Don Camilo es que hablaba muy a la antigua, claro, igual que un juglar.

En otra ocasión alguien fue a devolver un diccionario de inglés porque no aparecían todas las palabras. Me puso de ejemplo un verbo en pasado y, además, irregular, y yo respiré hondo y le expliqué que las entradas del diccionario contienen los verbos sin conjugar, en infinitivo. No recuerdo si cambió el diccionario o se marchó con él decepcionado… Si es que hay que explicarlo todo.

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Una señora bastante mayor venía cada poco a preguntar por un libro cuyo autor era su difunto marido. Ella tenía en casa bastantes ejemplares que le proporcionaba la editorial y no se habían vendido, y se recorría varias librerías para asegurarse de que el libro en cuestión estuviese bien expuesto, a la vista y, por supuesto, en el escaparate, aunque esto supusiera quitarles el espacio a las novedades editoriales, de exposición prioritaria. No importó cuántas veces le expliqué la política del establecimiento a este respecto: la mujer no dejaba de venir casi todos los meses a ver dónde estaba el libro de marras, que no lo veía en el escaparate, y a preguntar si se habían vendido y si necesitábamos más. Después dejó de venir, imagino que empeoraría su salud o se cansó de insistir.

Otra señora había comprado un librito que resultó estar encuadernado bocabajo. Lo trajo para devolverlo y recuperar su dinero. Le ofrecí otro ejemplar sin defecto, ya que era lo que hacíamos en casos de defectos de impresión o encuadernación. Insistió en que no quería ya el libro, sino el dinero. Deduje que había leído el libro porque el defecto de encuadernación no impedía su lectura, y una vez leído ya no lo necesitaba, y esto sumado a su actitud altiva me sacó tan de quicio que no accedí a darle el dinero, y acabó rellenando una hoja de reclamaciones. Días más tarde, se le dio la razón y volvió a por el dinero, y ese día, a Dios gracias, no me tocaba trabajar.

En el apartado “tiquismiquis” había anécdotas casi a diario. Cualquier pequeña mancha en las tapas o en las hojas, o una pequeña arruga en alguna esquina de la cubierta era motivo para solicitar otro ejemplar “nuevo”. Nuevos eran todos, llegaban de las editoriales pasando después por las distribuidoras, pero algunas personas necesitaban los libros impolutos, inmaculados. Los libreros solíamos usar una goma de borrar para limpiar los cantos de pequeñas manchas de dedos o de roces, o utilizar un algodón mojado en alcohol para limpiar las cubiertas, que tenían que ser de papel satinado, ya que otro tipo de papel o cartón absorbía el alcohol, se humedecía y se estropeaba. Había veces en que el “defecto” era tan nimio que yo no alcanzaba a verle la importancia, y más aún cuando el destino de un libro es ser manipulado por su lector. Imagino a estas personas colocando su adquisición con esmero en un atril y pasando sus páginas con unos guantes de algodón egipcio, como si fuera un incunable. A veces los trucos de limpieza no eran suficientes y acabábamos encargando ejemplares al distribuidor, con tan mala suerte que no siempre los libros que llegaban estaban en mejor estado que el rechazado por el cliente. Al fin y al cabo, los libros habitan en almacenes, los meten en cajas, viajan en camiones y furgonetas de reparto y terminan en estanterías donde los coge la gente, que no siempre es cuidadosa al volverlos a colocar en su sitio. Lo increíble de los tiquismiquis es que deben de pensar en los libros como objetos intocables y vírgenes, y precisamente su naturaleza los obliga a ser hojeados, manoseados, doblados, subrayados y anotados. O quizá temen no agradar a la persona destinataria del regalo porque este no está en condiciones óptimas. Por muy bien que tratemos un libro, nunca va a volver a estar igual que de recién comprado. Y, por otro lado, ya saben: nunca juzguen un libro por su portada.

Atender a clientes que buscaban un libro “para regalar” era sinónimo de armarse de paciencia. Acertar con un libro no es fácil, por mucho que se conozcan los gustos del destinatario del regalo. Las respuestas a la pregunta del librero “¿qué tipo de libros le gustan?” solían ser estas: “no lee nunca”/ “apenas lee”/ “no lo sé, recomiéndame algo”. Ahí un librero demuestra su capacidad para acertar, sorprender y no perder la paciencia cuando ha sacado dos docenas de títulos diversos de los estantes y ninguno le cuadra al cliente. “Siempre puede cambiarlo por otro, ¿le hago un tique-regalo?”, sugieres con una sonrisa desesperada cuando la cola que se ha formado entretanto es kilométrica.

Las colas, la espera y el gentío sacan lo mejor y lo peor de las personas. Daba igual que yo fuera cargada con un rimero de libros de una punta a otra de la tienda: me paraban para preguntarme por un título, obviando que había ya una larga fila de personas asesinando con la mirada a quienes se saltaban el orden para interpelar a cualquier empleado con el simple preámbulo de “una preguntica…”

Trabajar de cara al público es, a pesar de todo, muy gratificante. Tuve la suerte de conocer a personas muy agradables e interesantes, con las que mantuve conversaciones sobre libros la mayoría de las veces, pero también sobre la vida en sus muchas facetas. Una vez una señora nos trajo unos dulces de su pueblo porque le guardábamos los marcapáginas de publicidad que nos enviaban las editoriales; otra señora me regaló un pijama para mi futuro bebé. Angelita Alfaro, cocinera riojana, nos traía cosicas dulces hechas por ella para que, por favor, le pusiéramos su último libro de recetas en donde se viera bien. De mi querido Victorino ya hablé en otra entrada del blog. Al final, los clientes habituales eran caras amigas.

Siempre guardaré buenos recuerdos de aquellos años entre libros. El de librero es un oficio precioso, vocacional y de gran dedicación. Cada vez que cierra una librería, grande o pequeña, se muere un pedacito del alma de la ciudad.

Termino con una petición si viven en España. Compren los libros en las librerías, y si les da mucha pereza ir a la más próxima, a golpe de clic en http://www.todostuslibros.com pueden comprar lo que quieran en cualquiera de las muchísimas y buenas librerías de este país. Hay más opciones fuera de Amazon. Porque una librería no es solamente un comercio. Felices lecturas.

Olentzero está enfadado

“Olentzero da «un tirón de orejas» a los niños de Leioa por no escribirle las cartas en euskera”

https://www.elcorreo.com/bizkaia/margen-derecha/polemica-olentzero-tiron-orejas-ninos-euskera20201211092855-nt-20201211105711-nt.html

No sé qué me parece más rastrero: si abroncar a los niños por expresarse libremente en la lengua que dominan o que simplemente están más habituados a utilizar, o si amenazarlos con dejarlos sin regalos si Olentzero no recibe las peticiones en la lengua exigida.

A ver, que lo de amagar con dejar a los críos sin regalos no lo ha inventado el ayuntamiento de Lejona/Leioa. En cuanto arrancamos del calendario la hoja de noviembre, todos los padres recurrimos al «si no te portas bien, igual no te traen lo que has pedido, que se enteran de todo». Incluso antes de noviembre, si me apuran. Pero eh, son nuestros hijos, y Olentzero, majo, ahí te has metido en el fango. ¿Amenazas con no regalarles lo que desean porque no entiendes el castellano? De esto último no queda ninguna duda: ni lo entiendes ni te sabes expresar bien en esa lengua. Aquí pueden leer íntegra la carta de Olentzero a los niños de Leioa:

Además de tener una redacción bastante deficiente y con numerosos anacolutos, el texto omite tildes (varias veces en cómo, pero también en carbón), pone comas donde no hace falta y las omite donde sí se necesitan, o confunde el porque con el por qué. Los signos de apertura de exclamación e interrogación brillan por su ausencia, y en su conjunto el texto parece sacado del traductor de Google en sus peores momentos. Olentzero y Mari Domingi se pasan el día “preparando carbón” (igual querían decir carbonara, no sé), no extrayéndolo. Sobre las cartas de los niños dicen que “estaremos deseando recibirlas”, construcción extraña si la comparamos con la simple y llana “estamos deseando recibirlas”.

En fin, podría hacer un extenso comentario sobre los errores de redacción y estilo, pero al margen de esto tengo una preocupación mayor. De todos es conocido el afán del nacionalismo -de todo nacionalismo- por utilizar las lenguas como signo identitario y diferenciador y no como mero instrumento de comunicación o bien cultural. A nadie le es desconocida la forma de pensar a este respecto del Partido Nacionalista Vasco, que gobierna en coalición con el PSE en la localidad que nos ocupa. Pero embadurnar unas fiestas entrañables, tan ligadas a la infancia, a la ilusión inocente, con el empeño de construcción nacionalista e identitaria, de odio a lo español y de afán diferenciador y segregador utilizando a los niños, que leerán emocionados ¡una carta de Olentzero! es, sencilla y tristemente, rastrero, nauseabundo y a todas luces fuera de lugar.

Desde el ayuntamiento se defienden diciendo que muchos padres agradecen que animen a sus hijos a expresarse en euskera. La enseñanza del euskera ya está perfectamente instalada en el sistema educativo del País Vasco. Su conocimiento no implica necesariamente su uso mayoritario. Fomentar no es forzar. Hay múltiples formas de activar el uso de una lengua sin pasar por las amenazas a unas criaturitas que esperan ansiosas sus regalos.

La carta termina animando a estos insensatos niños enemigos del euskera a apuntarse en una web para participar en una videollamada con el trío carbonero. Me pregunto qué hará el PNV cuando se desplieguen las ventanitas del Meet, Zoom o equivalente y la chiquillería abra una boca enorme para decir a sus ídolos “¡¡holaaaaaaaa!!” y a continuación pregunte a bocajarro si Olentzero va a atender sus peticiones a pesar de haber escrito la carta en castellano.

Apuesto a que el saco de Olentzero irá este año repleto de diccionarios y gramáticas de lengua vasca para enmendar esta inmoralidad.

Laura

Su nombre proviene del latín, del laurel de la victoria. Es amiga mía desde hace un cuarto de siglo, y algunos de los rasgos de las llamadas Laura concuerdan a la perfección con ella: persona muy franca, creativa, siempre le gusta tener una amiga confidente a quien contarle sus problemas o desahogarse. Los empleos que más encajan con ella son aquellos que requieren innovación, creatividad y energía, como la música, el teatro u otras disciplinas artísticas.

Desde luego, la música ha estado ligada a ella desde pequeña. La recuerdo sacando tímidamente en casa de sus padres el acordeón si se lo pedíamos las amigas, o tocando un poco el piano del salón. Se dedica a la docencia con total vocación desde que salió de la universidad, y en su profesión lo da todo, mastica lo vivido en el aula y se lo lleva a casa, a veces con honda preocupación, pues es una persona muy sensible y bondadosa. En el instituto éramos almas gemelas, las dos calladas, las dos estudiosas, poco amigas del barullo y el desenfreno. Tenemos muchas anécdotas de esa época, nos aferrábamos la una a la otra sintiéndonos unas incomprendidas. Fuimos por letras puras, siempre juntas hasta COU.

De conversación tranquila y serena, pocas veces la he oído levantar la voz y mucho menos gritar. Sabe escuchar como pocas personas saben hacerlo, y siempre regala consejos útiles. Adora la naturaleza, y sabe diferenciar especies de árboles y de aves, cosa que yo no. Se pirra por un plato de croquetas, y ahí donde la ves, a veces tan seria, es capaz de hacer mucho el payaso con las amigas. Hace años, en pleno agosto y con la ciudad desierta, saqué la videocámara de mis padres -un mamotreto en aquel entonces- y, con unos folletos de Pamplona que cogimos en la oficina de turismo, fuimos grabando los rincones más conocidos leyendo en voz alta la información que se daba en el folleto. Luchamos contra el aburrimiento y nos echamos unas cuantas risas pensando que la poca gente con la que nos cruzábamos nos tomaría por turistas, sobre todo por mi lechoso tono de piel.

Con todo esto de la pandemia nos hemos visto sin pantallas de por medio un par de veces y en la calle. Hablamos por teléfono siempre que podemos, pero echo de menos los ratos en cafeterías, los paseos por el centro, las cenas de guarrerías en mi casa. Siempre la tengo ahí para calmar mis nervios, contarle mis neuras, mis miedos, mis alegrías. Es otra tía más para mis hijos, que la quieren mucho.

Hoy cumple los años la peque de nuestro grupo de amigas. Le mando un abrazo de los gordos y una gran sonrisa sin mascarilla, y toda mi fuerza para que pueda con todo, que podrá porque es una currante infatigable. ¡Feliz cumpleaños, Laura!

Almas tristes

En la película de animación Trolls (Dreamworks), esos pequeños seres de pelos de colores, canciones pegadizas y purpurina a raudales se ven por un momento atrapados por los tristes “bergen”, y sus esperanzas de escapar se desvanecen. Sus cuerpos de colores y sus cabelleras llenas de luz y vida se apagan y se tornan grises. Hasta que uno de los trols entona una melodía llena de amor y poco a poco hace que cada trol vuelva a recuperar sus colores, su esperanza y el ánimo para intentar un plan de huida en equipo que finalmente resulta exitoso.

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Vivimos un tiempo gris, nuestras cabelleras han perdido su arcoíris, y entonar canciones felices resulta cada vez más difícil. Siguiendo con el símil cinematográfico, vivimos un día de la marmota perenne. De casa al trabajo y del trabajo a casa -el que tenga trabajo, claro. El ocio se ha reducido a ver pelis y series en el sofá, guasapear mensajes a nuestros familiares y amigos, a quienes no vemos o vemos muy poco, en la calle y sin un triste abrazo, y marchar al monte más próximo a pasear a ver si la naturaleza es capaz de sanar nuestra alma triste.

El otro día fui con mis hijos al cine, no habíamos estado desde el verano. Era miércoles, no esperaba ver mucha gente en la sala. La película, Trolls 2, quizá por eso he empezado esta entrada hablando de estos seres. Sesión de las 18:30 y la sala vacía, sin poder comer ni beber. Vacía a excepción de nosotros cuatro. Ignoro cuánta gente podría haber en las demás salas, pero a juzgar por cómo estaba el pasillo de acceso imagino que estarían desiertas o casi.

La pandemia nos está quitando muchas cosas y a muchas personas, y una de esas cosas es la capacidad de dar sorpresas. Se nos ha acabado presentarnos de improviso en casa de un amigo, o tomar unos potes después del trabajo y terminar yendo de farra sin haberlo planeado. O visitar a los abuelos y que los niños imploren a la hora de marchar a casa quedarse a dormir con ellos, porfi, porfi. Las fiestas de cumpleaños con mucha gente y soplando muchas velas también se han extinguido. Por cierto, nunca hasta ahora habíamos pensado en la guarrería que supone soplar encima de un alimento. En fin. El azúcar de la rutina se va desvaneciendo, y estamos permanentemente ante un plato de brócoli hervido.

Será esta luz de otoño, será la proximidad de unas no-navidades. Será la crispación que atraviesa la pantalla del televisor cuando vemos las noticias. La tristeza nos inunda, y necesitamos un trol cantarín y colorido que nos devuelva la sonrisa. Busquen a su trol, quizá es ese amigo con el que hace tiempo que no habla. Quizá son sus hijos ya crecidos e independientes, a los que debe recordar más a menudo que los quiere mucho y los echa de menos. O sus hijos pequeños, esos valientes que no se quejan de todo lo que están viviendo porque su capacidad de adaptación es asombrosa. O un libro por abrir y que inesperadamente les hace olvidar un rato las penurias. Les deseo de corazón que encuentren a diario a su trol cantarín que les anime el alma. Cuídense y dejen que la vida les sorprenda, por difícil que sea.

Bares

“Qué lugares tan gratos para conversar, no hay como el calor del amor en un bar” cantaba Jaime Urrutia con su Gabinete Caligari. https://www.youtube.com/watch?v=GjOnJhZLfes La ficción televisiva española está repleta de estos lugares: Tinín (Cuéntame cómo pasó), La Oficina (Los ladrones van a La Oficina), el Bar Réinols (Aída), el Casi k no (7 vidas), El Búho (El comisario), El vuelo (Estoy vivo), el CBC (Al salir de clase), La Tertulia (Periodistas), Barlovento (Farmacia de guardia), la tasca del Frasco (Verano azul), Henry & Max (La que se avecina), El Asturiano (Amar en tiempos revueltos), El chiringuito de Pepe (de la serie del mismo nombre), y hasta algún local de varios siglos atrás, como la taberna de Cipri (Águila roja). Si nos vamos a series made in USA no podemos olvidarnos del mítico Central Perk (Friends) o del conocidísimo Cheers (serie homónima). Les dejo la “intro” de esta última, para nostálgicos: https://www.youtube.com/watch?v=rS0VQOHX7lM

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El cine o la literatura no serían tampoco lo mismo sin, por ejemplo, el café de Rick en Casablanca https://videokrypt.files.wordpress.com/2012/09/casablanca_ricks.jpg?w=604 o el café Gijón de Madrid que tantas tertulias literarias con grandes genios de las letras albergó desde comienzos del siglo XX. http://resources1.news.com.au/images/2012/08/21/1226454/522405-cafe-gijon.jpg Sin movernos de Pamplona, nuestro café Iruña ha pasado a la historia por las horas que echaba allí el amigo Ernesto (Hemingway), casi las mismas que pasó en Casa Marceliano, hoy desaparecido https://www.pamplona.es/sites/default/files/20181121_114440.jpg. El club de fútbol de mis amores, que está a punto de celebrar su 100º cumpleaños, nació en uno de estos sitios con barra y taburetes, el también desaparecido café Kutz de la Plaza del Castillo. https://i.pinimg.com/originals/27/db/b1/27dbb1b8b88fb468dd1602c897e3fe91.jpg

Estos logrados intentos de recrear un hogar, con sus bebidas y comidas, sus parroquianos que dan conversación y ambiente (como los cuñados), sus barman, sus meseros (hermosa palabra de allende el Atlántico), son parte de la idiosincrasia de un país que se está viniendo abajo en términos económicos, sanitarios y morales. No es justo cargar todas las culpas sobre los hombros de los hosteleros, que ya hacen bastante creando empleos, pagando impuestos, dando vida a las calles, apagando nuestra sed, colmando nuestros estómagos y dándonos refugio en un día de lluvia y frío, o refresco cuando afuera caen a plomo más de 35 grados. Han adaptado sus locales, han invertido en mamparas o gel y puesto en ERTE a más de un empleado. Siguen pagando religiosamente su cuota de autónomos, y no han levantado ni media voz ante la progresiva reducción de aforos (que, por otro lado, es lo que tocaba y sigue tocando). Encima tienen que aguantar la dura competencia del botellón, esa lacra que sí contribuye a la expansión del virus. Ahora ya les toca echar el cierre por quince días aquí en Navarra. En Cataluña les tocó un poco antes. Muchos quizá no vuelvan a levantar la persiana. Y para colmo se ven señalados como los culpables de la imparable curva de contagios.

Mañana la Vuelta a España pasa por Pamplona. A las 00:00 entrarán en vigor las nuevas restricciones en Navarra, como el cierre de la comunidad para entradas y salidas o el cierre durante al menos quince días de los establecimientos hosteleros. El evento deportivo no parece entrañar ningún riesgo de contagios “coronavíricos”. En Navarra hay mucha afición por el ciclismo, pero es más importante cerrar los bares a cal y canto, una vez que pase la Vuelta, claro. Todos los días nos desayunamos con este tipo de contradicciones. Aulas con treinta alumnos pero entremos de uno en uno en la farmacia. Tiendas con aforo limitado pero líneas de metro abarrotadas. Plazas de toros con el graderío a tope pero estadios de fútbol desiertos. Ciudadanos anónimos trabajando y levantando este país y políticos trabaj… No, perdón. Tocándose la barriga y tocando las narices a los demás.

Emes en la M-30

Tendremos que seguir trabajando hasta no tener dientes, arrastrarnos con un bastón y tener más surcos en la piel que el feo de los Calatrava, pero eh, ojito, no podremos ir conduciendo, porque estaremos decrépitos y no aptos para ir al volante, y además lo sabrá todo el mundo porque irá escrito en el parabrisas trasero de nuestro coche. https://www.antena3.com/noticias/sociedad/la-fiscalia-de-salamanca-propone_202009285f7212501a2cb80001ac4e3b.html

La Fiscalía de Salamanca propone que los conductores mayores de 70 años lleven una ‘M’ como distintivo, cual la ‘L’ de los conductores noveles, debido a la gran tasa de accidentes protagonizados por conductores de tal rango de edad. La propuesta quiere hacerse extensiva a todo el territorio nacional. La famosa ‘L’ blanca sobre fondo verde viene de learner, aprendiz en inglés (me enteré hace poco, por cierto). La ‘M’ parece ser que responde a mayor. Menos mal que no se les ha ocurrido la ‘V’ de viejo, es lo que tiene vivir en una sociedad eufemística y políticamente correcta. Así pues, ya veo en un futuro toda una retahíla alfabética para etiquetarnos a todos los conductores. Porque sería injusto señalar con una letra a los noveles y con otra a los viejales y no hacerlo, por ejemplo, con los cocainómanos asiduos (con la ‘C’), alcohólicos impenitentes (con la ‘A’), conductores adictos al móvil (con la ‘S’ de smartphone), al cigarrito mientras conducen (con la ‘T’ de tabaco), a discutir con la suegra, la pareja o los niños (con la ‘D’ de discutidor), a cambiar la emisora cada tres canciones (con las siglas ‘FM’) o cada vez que ponen las cuñas publicitarias, etcétera, etcétera.

carpe diem

vivimos en un mundo de destrucción, colapso e injusticias la gente muere en Siria, Yemen, Afganistán, Libia, Sudán del Sur, Somalia, la gente muere de hambre, muere enferma, muere de soledad

muchos niños soldado muchos niños explotados sexo pederastia pornografía analfabetismo mujeres maltratadas explotadas olvidadas violadas

niños del primer mundo hiperestimulados infraatendidos adictos a las pantallas niños adultos jóvenes desmotivados quequierenseryoutubers y ganar mucho dinero sin esfuerzo parejas sin trabajo con trabajo precario sin piso con hipoteca sin hijos no pueden tener hijos no les llega pero

incendios en Australia, Argentina, Bolivia, Brasil, Rusia, California, incendios que matan destruyen calcinan destrozan ecosistemas hectáreas animales flora fauna vidas

gobiernos que desgobiernan gobiernos dictatoriales señores de la guerra gobiernos de millonarios con pelo imposible gobiernos que solo piensan en su gobierno y no se preocupan por la gente mientras puedan seguir cobrando

inundaciones sequías sequías inundaciones terremotos tsunamis aguas contaminadas mares océanos llenos de basura más basura que peces toneladas de basura generada por ¿humanos?

despilfarro comida tirada a la basura indigencia desigualdad falta de recursos de ayuda de generosidad

virus pandemia global contagios futuro incierto nueva realidad distanciamiento no abraces no toques no beses no te reúnas

necesitamos esperanza necesitamos implicarnos cambiar involucrarnos luchar por las cosas buenas de este mundo por las personas buenas por la humanidad porque

busco motivos de alegría motivos para estar agradecido no es fácil pero he de intentarlo porque

no llevo cinturón de castidad no me va a aplastar un mamut nada más desayunar no han llegado alienígenas que comen ratas ni mi esperanza de vida llega solo a los cuarenta y nueve años como en el siglo XIII

no he vivido una guerra -todavía- abro el grifo y sale agua -potable- tengo amigos familia sueños dos brazos dos piernas cerebro y alma

exprimamos cada segundo todo es una mierda lo sé pero eh, estamos aquí hagamos lo que podamos

tengo ganas de vivir

¿las tienes tú?

PCR: Paciencia, Constancia y Resignación.

Que quede de claro que no busco desprestigiar a los grandes profesionales sanitarios y de administración que estos días y desde hace meses se parten el pecho en unas condiciones nada fáciles. Pero quería dejar constancia de cómo está funcionando la citación para PCR desde que cantidad de aulas en Navarra deben confinarse al haber un positivo en ellas. El caso concreto de mi hija:

17 septiembre por la mañana: nos llaman del colegio para informarnos del positivo en clase de mi hija. No podrá volver a clase hasta el 1 de octubre. Primera contradicción: hablan de cuarentenas de 11 días, y de entrada nos ponen 14.

18, 19 y 20 de septiembre: sin noticias. No llega la cita para la PCR. Seguimos sin salir de casa. PACIENCIA.

20 septiembre, domingo, por la tarde: me entero de que varios compañeros de mi hija se han hecho la PCR ya, ese mismo domingo. Como no hemos recibido nada, decido llamar el lunes. PACIENCIA.

21 septiembre, lunes. Llamo a mi centro de salud y explico la situación. Entran en la historia de mi hija y me leen los dos teléfonos que aparecen. Uno es el fijo de casa (2º teléfono), y el principal es un móvil que, cosas de la vida, es el que usa mi marido para trabajar y el que a veces da ya que va con él encima la mayor parte del día. Salvo ahora, claro. Por circunstancias, ese móvil lleva un tiempo sin usarse. Le digo a la persona que me atiende que vamos a comprobar los mensajes, y cuelgo después de pedir que quiten ese número y pongan el mío. Miramos en el móvil del trabajo y ¡ahí está la cita!: domingo por la mañana. Hemos perdido la ocasión; es lunes. RESIGNACIÓN.

Me llaman casualmente del colegio y me preguntan si le han hecho a la niña la PCR. Explico por qué no, y me aseguran que Salud cruza los datos con la base de datos EDUCA, que manejan colegios y docentes y que actualizan todos los años por si ha habido cambios de domicilio o teléfonos. En EDUCA no consta ese teléfono del trabajo, sino nuestros teléfonos móviles personales. Por tanto, quien sea que haya enviado la cita por SMS no ha usado el EDUCA. Desde el colegio alucinan, y me cuentan además que hay dos niños del B que han recibido citación sin necesitarla. Un caos, vamos.

Paso los siguientes 45 minutos llamando al centro de salud. CONSTANCIA. Por fin me cogen y explico lo sucedido, y hay por suerte un hueco para el lunes a mediodía, faltan unas dos horas. Me explican amablemente que los datos no se cogen de EDUCA (??), y que Salud tira de sus propias bases de datos. Decido no rebatir esto, quizá los propios centros de salud no están al tanto del procedimiento que sigue Salud, no lo sé. Pregunto, antes de colgar, si ahora hay que ir a pie (las PCR en Refena se hacían hasta este domingo 20 de septiembre desde los coches). Me confirman que sí, que a pie. La persona que está al otro lado del teléfono me dice que ellos se han enterado por la prensa este fin de semana, igual que yo que soy una simple ciudadana y no trabajo en sanidad. La pobre resopla y se disculpa como diciendo: esto es un verdadero caos y nos vuelven locos, bastante tenemos con atender a todo el mundo lo mejor que podemos. RESIGNACIÓN. Finalmente doy las gracias y cuelgo, aliviada porque, con un día de retraso con respecto a sus compañeros, mi hija va a hacerse la prueba.

Veinticinco minutos antes de la cita (la niña ha ido con su padre), me llama la enfermera de pediatría para que le explique lo que ha ocurrido. Casualmente ve en su ordenador que desde administración ya han puesto una cita para el día de hoy (repito, faltan 25 minutos). Me dice que va a generar el volante para que conste en el ordenador de los que están en Refena haciendo las PCR, porque si no hay volante es como si no hubiera cita. Le digo que la niña ya está yendo para allá. Si no llega a llamarme a tiempo la enfermera, mi marido habría llegado allí y no hubiera constado que mi hija tenía cita en ese momento. HAY CONSTANCIA: el volante ha llegado a tiempo.

Lo único que me consuela de todo esto es que mi hija está perfectamente. Espero que no nos tengan varios días en vilo, pero visto lo visto habrá que armarse de PACIENCIA.