Por tierras leonesas

Acabo de pasar con mi familia unos días de vacaciones en León, lugar que visitábamos por primera vez. Al ser la semana de Pascua, ya se habían terminado las procesiones y los distintos actos religiosos, así que la ciudad estaba en calma y no había demasiados turistas. Partíamos hacia León con la expectativa de visitar muchos lugares, de la capital y de la provincia. Y aunque hemos hecho bastantes cosas, viajar con niños pequeños imposibilita en muchos momentos ver todo lo que se había planificado al comienzo. No pretendo parecer una guía turística ni este es un blog de viajes, pero me gustaría dar unas pinceladas y recomendaciones por si alguien está pensando en viajar a León alguna vez.

La ciudad nos pareció fácil de recorrer y de orientarse en ella. Nuestro hotel estaba en la zona del campus universitario san Mamés, que queda a unos veinte minutos a pie del centro histórico. Se podía aparcar libremente -así que nos movimos a pie sin necesitar apenas el coche-, y además había comercio de todo tipo en los alrededores, lo cual nos vino muy bien para comprar comida, ya que en la habitación teníamos una pequeña cocina y frigorífico.

El día después de nuestra llegada descubrimos un lugar interesante que acabaría siendo una gran solución para nosotros. Nuestros hijos no son muy andarines y no tienen edad para apreciar el arte gótico, las pinturas al fresco o la orfebrería medieval, y nos quedó muy claro la primera tarde que intentamos pasear por el casco histórico y empezar a visitar algún monumento y ellos iban pidiendo ir al parque, y se peleaban por quién iba sentado en el carrito. Decía que habíamos descubierto un lugar interesante, y es que a dos manzanas del hotel hay una guardería 0-3 años y ludoteca para niños de 4 a 12 años, abierta de 7 a 22 horas y que cobra por horas. Guardería Tataruga

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A nuestros hijos les entusiasmó la idea de estar juntos tres horas jugando y divirtiéndose. A nosotros, pasar tres horas sin niños nos dio la posibilidad de visitar la catedral de León, su museo y el claustro, con todos los sentidos puestos en ello y experimentando la maravillosa visión de las vidrieras más impresionantes.

Otro día cogimos el coche hasta Ponferrada, a hora y media aproximadamente de León. Allí recorrimos durante casi una hora el interior del castillo, cuya parte más antigua data del siglo XII. Los peques disfrutaron algo más que el día anterior, quizá por la atmósfera de cuento de reyes y princesas que parece envolver el castillo. Eso sí, la pequeña tuvo a su padre de porteador toda la visita, pues el carrito no puede acceder al recinto, y los brazos paternos le aliviaron mucho el cansancio. El padre amaneció la mañana siguiente con unas estupendas agujetas.

Después de comer como en casa en la taberna de Toño (un encanto de persona), salimos para Astorga, que queda a medio camino entre León y Ponferrada. Taberna San Andrés, Ponferrada Vimos el palacio episcopal concebido por Gaudí, que hoy es museo y se puede visitar, aunque no nos detuvimos mucho en él. Junto al palacio está la catedral de Astorga, la cual también visitamos rápidamente.

Y sin salir de Astorga, fuimos además al Museo del Chocolate. Astorga, ciudad del chocolate Esta localidad fue en su momento una gran productora de chocolate artesanal, llegando a tener en los años veinte del pasado siglo más de cincuenta empresas distintas dedicadas al chocolate. El museo está pensado también para el público menudo, es bastante interactivo y las explicaciones claras. Al salir se puede degustar chocolate, y comprarlo en la propia tienda del museo.

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Al día siguiente no pudimos hacer gran cosa porque nuestro hijo mayor estaba indispuesto, así que la pequeña disfrutó de la ludoteca mientras yo me escapaba sola a visitar la basílica de san Isidoro, su museo y el panteón de los reyes. Es este un monumento no tan conocido como la catedral, pero que merece mucho la pena visitar. La iglesia no cuenta con visita guiada, se puede entrar gratis respetando, eso sí, las horas de culto. Pero el museo y el panteón se visitan con guía, y son muy interesantes. Las pinturas al fresco del panteón fueron lo que más me gustó. La foto no es mía, puesto que no se permitían fotos:

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Sí es mía esta foto del exterior de la basílica y esta otra del interior de la iglesia:

Lo último que vimos en familia no está en la capital, sino al norte de la provincia: las hoces de Vegacervera y la cueva de Valporquero. Siguiendo el río Torío pasamos diversos pueblos como Matallana de Torío o Garrafe de Torío, hasta llegar a Vegacervera. Según se asciende, el paisaje se vuelve más impresionante. Había mucha nieve aún en las montañas, y el río bajaba atronador.

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La cueva de Valporquero es bien conocida por los vecinos del lugar, aunque sólo hace unos cincuenta años que está acondicionada para el turismo. Se puede recorrer con guía durante una hora o durante hora y media, según nuestra capacidad y espíritu aventurero. Con niños es recomendable la visita de una hora. La fuerza del agua es la responsable de su profundidad y de las formaciones de estalactitas y estalagmitas, columnas y demás fantasías pétreas. El ruido del agua en el interior era sobrecogedor, y toda la cueva era un festival para la vista. Las fotos no hacen justicia,  pero aquí van.

Animo a todos a visitar León, una tierra con mucha historia, con unas gentes muy hospitalarias. Nos queda la pena de no haber tapeado por el barrio Húmedo, pero en otra ocasión será.

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