Mi pequeño

Hoy es tu cumpleaños, cariño: ¡felicidades!. Cumples diez preciosos años durante los que has aprendido valiosas enseñanzas: pedir las cosas por favor, dar las gracias, no arrojar basura al suelo, tomar tus propias decisiones sin importar qué dirán, no insultar a nadie y respetar a todo el mundo. Cosas que parecen comunes y corrientes pero que no todos ponen en práctica: felicidades por ser uno de los que sí. Felicidades, hijo, por ser como eres, con tu simpatía y cariño a raudales, tu sensibilidad y creatividad, tu sentido del deber y de la justicia.

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Gracias por haberme hecho crecer tanto, por tener paciencia conmigo cuando a veces pierdo la paciencia. Por comprender que los adultos trabajamos y ocupamos mucho tiempo, a veces demasiado, en cosas de adultos. Gracias por tus ansias de saber, por tus preguntas curiosas y tu escucha atenta. Gracias por ese amor infinito hacia tus abuelos y tus tíos, y por esos abrazos que nos das a todos acompañados siempre de un «te quiero». Gracias por querer tanto a tu hermana, por cuidarla y jugar tanto con ella como sueles hacer. Nunca dejéis de cuidaros el uno al otro. Vosotros dos sois lo más importante para papá y para mí, y estáis por delante de cualquier cosa.

Llevo diez años currando en esto de la maternidad, y no ha sido fácil ni lo será nunca. Pero le pongo todo el empeño: espero estar haciéndolo bien, y seguir creciendo contigo a mi lado, aprendiendo cada día con tu evolución. Te estás haciendo mayor y pronto serás un jovencito con muchos proyectos en la cabeza: seguirás estudiando, trabajarás, te enamorarás. Estaremos a tu lado para lo que necesites, ya lo sabes. Me convertiste en madre un mediodía de noviembre, me encontraba exhausta pero tu llegada me hizo olvidar todos los males, y trajiste contigo el amor más puro, genuino e incondicional.

Estoy orgullosa de ti, mi niño. Disfruta muchísimo de uno de tus días favoritos, el de tu cumple. Te quiere: mamá.

Game over

     Mi hijo mayor acaba de cumplir ocho años, y hemos ido esta tarde a cambiar uno de los regalos que le hicieron sus amigos porque ya lo tenía. En uno de los pasillos de la juguetería no he podido evitar fijarme en el despliegue de muñecos y juguetes basados en el videojuego Fortnite. No hace demasiado que escuché por primera vez este nombre, en boca de una de las madres del colegio al referirse a que hijos de amigas suyas juegan con siete u ocho años a este juego en línea. Ya en aquel momento escuché por ahí que contiene violencia no demasiado extrema, pero violencia al fin y al cabo, y que se puede jugar en línea con desconocidos o chatear con ellos. Investigando un poco más, leo que es muy adictivo porque las partidas son muy cortas -como máximo de veinte minutos si consigues que no te maten-, que promueve la competitividad y genera frustración en el niño que no consigue durar los veinte minutos de la partida. Además incita a consumir porque, aunque es gratuito y tiene su app para móviles, los personajes mejoran en habilidades y aspecto comprándoles todo tipo de armas y vestimenta, tirando, claro está, de la tarjeta de papi y mami. La edad recomendada en Europa para iniciarse en él es 13 años. Guía para padres sobre el videojuego Fortnite: Battle Royale

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La (fea) costumbre de etiquetar

En septiembre mi hija pequeña empezará su etapa escolar en el segundo ciclo de educación infantil. Estuve el otro día en la jornada de puertas abiertas del colegio en donde estudia el mayor, y a la salida una de las madres se me acercó y me preguntó mi opinión, como madre de un niño escolarizado allí, sobre el nivel educativo del centro teniendo en cuenta la procedencia de la mayoría del alumnado.

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Le contesté que casi todos los alumnos son nacidos en Pamplona, para empezar (con independencia del país de origen de sus progenitores). Asentía ella, pero razonaba diciendo que muchos alumnos, al no ser nativos de castellano, podían ralentizar a los que sí lo son. Sigue leyendo

¿Comemos fuera?

Comer fuera de casa cuando se tienen niños pequeños es una aventura en el más completo sentido. El Bulli de los restaurantes para ir con niños debería tener, por razones obvias, un menú infantil. Porque no todos los niños comen alubias de Tolosa, cordero al chilindrón o risotto de hongos. Ojalá. Por eso los macarrones, la pechuga de pollo o el sanjacobo con montaña de patatas fritas se hacen imprescindibles si queremos tener la comida (o la cena) en paz. Sigue leyendo