Comunicando

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Hojeando el periódico de hoy me he topado con el anuncio de la fotografía. He tachado el apellido para preservar su identidad, pero no he podido evitar publicarlo aquí y utilizarlo de excusa para darle a la tecla.

La pobre Itziar debe de sentirse muy desubicada sin su móvil. No la culpo, todos estamos más o menos encadenados a ese pequeño artefacto de obsolescencia cada vez más temprana, con cada vez más aplicaciones, que gasta más batería cada vez y nos aplatana y esclaviza como nos descuidemos un poco. Centrémonos en la petición de Itziar: «llamadme, amigos, para recuperar el contacto». Me estoy imaginando la agenda de contactos del itziarphone: con más nombres que la chorboagenda de Will, el Príncipe de Bel Air, con más números de teléfono que las Páginas Amarillas de Tokio. ¿Cómo no va a estar agobiada nuestra amiga? (Un briconsejo: conviene tener una agenda de papel, de las de toda la vida, de las que llevan las abuelas en el bolso, donde apuntemos los contactos que almacenamos en el móvil, para que no nos pasen estas cosas).

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Bye, bye, baby boom

Las mujeres vivimos permanentemente cuestionadas. A partir de cierta edad, comienza el tercer grado: ¿No tienes novio? ¿Y cuándo os casáis? ¿Para cuándo el bebé? ¿No vas a hacer abuelos a tus padres? ¿Cuándo le vas a dar un hermanito a X.? ¿Vas a dejar de trabajar? ¿Cuándo vuelves a trabajar? Y así sucesivamente.

En lo que concierne a tener o no descendencia, me gustaría dar voz desde aquí a varias de mis amigas. La decisión de tener hijos compete, en primer lugar, a las mujeres, por el sencillo e incontestable hecho de que es nuestro cuerpo el que va a soportar un tobogán de cambios físicos, hormonales y emocionales y el que va a pasar por el parto y el puerperio, y solo por estos motivos las mujeres somos las primeras en decidir, apoyadas en todo momento por nuestra pareja y nuestra familia.

Si una mujer en edad fértil, con pareja estable y medios económicos responde que no quiere tener hijos ante la insistencia de familiares y conocidos, siempre soportará la incredulidad de sus interlocutores, y quizá la susceptibilidad: en estos casos, se tiende a pensar que ella no puede tener hijos. Ella o su pareja, claro, aunque por alguna razón se suela señalar a la hembra como la que «no puede» tener hijos, sin tener en cuenta que a lo mejor «no quiere» tener hijos, y no deja de ser una mujer completa, realizada, satisfecha con su vida y, por encima de todo, feliz.

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Cabe la otra posibilidad, y entonces no puedo imaginarme lo doloroso que resultará para estas parejas que les pregunten año tras año cuándo se van a animar a ser papás. Una amiga mía y su marido están ahora esperando su primer hijo, concebido por fecundación in vitro tras superar muchos obstáculos y, según me cuenta ella, soportar habladurías y comentarios de mal gusto, como la sugerencia de relajarse para lograr concebir, pues todo se reduce, parece ser, a estar tranquila y no preocuparse tanto, como si para conseguir un embarazo bastase con asistir a clases de yoga. Sigue leyendo

Sobre lo políticamente correcto o cómo acabaremos en manos de la censura

El mes pasado, y a raíz de una actuación musical de la concursante navarra Amaia Romero en el programa Operación Triunfo, la Policía Foral tuiteó el siguiente mensaje: «Es rojilla, es navarra, guapa, simpática, natural, canta bien… No sería un mal fichaje como imagen de Policía Foral». Las reacciones más comentadas a este tuit fueron la de Laura Berro, concejal de igualdad del ayuntamiento de Pamplona, y la de Tere Sáez, parlamentaria foral de Podemos, quienes instaron a este cuerpo de policía a retirar dicho mensaje por considerarlo machista, como finalmente sucedió. Sigue leyendo