Sobre lo políticamente correcto o cómo acabaremos en manos de la censura

El mes pasado, y a raíz de una actuación musical de la concursante navarra Amaia Romero en el programa Operación Triunfo, la Policía Foral tuiteó el siguiente mensaje: “Es rojilla, es navarra, guapa, simpática, natural, canta bien… No sería un mal fichaje como imagen de Policía Foral”. Las reacciones más comentadas a este tuit fueron la de Laura Berro, concejal de igualdad del ayuntamiento de Pamplona, y la de Tere Sáez, parlamentaria foral de Podemos, quienes instaron a este cuerpo de policía a retirar dicho mensaje por considerarlo machista, como finalmente sucedió.

Es este un simple ejemplo de a dónde hemos llegado con la corrección política y los feminismos exacerbados. Me parece que la dignidad de las mujeres es vulnerada de

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muchas maneras, tristemente y a diario, aquí, en otros países, sin distinción de clases sociales o religión. Pero ¿guapa es ofensivo? ¿Y simpática? Quizá lo que el mensaje quería resaltar es que ella es una buena embajadora de Navarra. La repercusión del programa televisivo está siendo muy importante, y de eso quiere hablar, a mi entender, el polémico tuit.

No olvidemos que en su día la Policía Foral condecoró a la escritora Dolores Redondo, autora de la exitosa trilogía del Baztan, por retratar en sus libros el trabajo de este cuerpo de policía encarnado principalmente en la inspectora Amaia Salazar. Anda, otra Amaia. El gobierno foral también le dio el Premio de Turismo, y se le otorgó además el Bastón de Honor como cofrade del Camino de Santiago. Las feministas dirán que eso es diferente, porque se destacó de ella su labor como escritora, no si es guapa o fea. Vaya por delante que Dolores es guapa, y que todas las mujeres lo somos. Porque ¿en qué reside la belleza? Perdón, divago. A lo que iba; si el tuit hubiese sido: “es guapa, no sería un mal fichaje como imagen de Policía Foral”, entonces me callo. Pero no hay que sacar las cosas ni de contexto ni de quicio. Es que así no podremos ni despedirnos de la frutera o la carnicera que nos despacha amablemente con un “gracias, guapa”.

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