No me salen las cuentas

De vez en cuando se nos acribilla con consejos de vida saludable, sea en publicaciones, en programas de televisión o en forma de amigo o cuñadoquetodolosabe.

Vamos a analizar estos consejos, sin pretender alzarme en gurú, basándome solo en lo que tantas veces he escuchado o leído.

Empiezo por lo placentero: dormir. Hay que dormir siete horas como mínimo. Si sumamos las no placenteras ocho horas que se supone que estamos trabajando (cuando no miramos el WhatsApp, YouTube o jugamos al Candy Crush, que hace que al final trabajemos seis), nos salen ya quince horas nada menos.

Es importante hacer ejercicio a diario algo así como una hora. Y leer, hay que leer todos los días, que en este país no se lee lo suficiente. Pongamos media hora, va. No nos vengamos arriba, que tampoco somos admiradores de Faulkner como los habitantes de Amanece que no es poco.

Entre capítulo y capítulo de nuestra lectura tendremos que beber agua,  hasta dos litros. Ni más ni menos, así que saquemos el medidor al tiempo que mordisqueamos una manzana, que son sanísimas. Después toca una horita de yoga, reiki, mindfulness o cualquier otra actividad que nos conecte con nuestro yo y nuestra mismidad pero que no sea tumbarse en el sofá y mirar al techo.

No olvidemos el sexo. Todos los días un poco; aquí la duración varía mucho. Si somos unos hachas en yoga emplearemos hora y media por nuestra increíble flexibilidad. Si somos más de sofá estará más que bien emplear media hora.

Sigamos estimulando el cerebro con otra media hora resolviendo sudokus o crucigramas, y así prevenimos el Alzheimer. Una hora más de charla agradable con un amigo, que hay que socializarse y dar de comer a los camareros (porque estas charlas son siempre en un bar, dónde si no).

Y así a lo tonto hemos ido sumando diversas actividades que nos limitan a tres o cuatro horas el tiempo que nos queda para cocinar (paso previo a comer), echar la siesta, ir al cine (hay que apoyar la industria del cine, como nos recuerdan todos los años en la gala de los Goya), cepillarnos los dientes tres veces al día, hacer la compra, limpiar la casa, ver las noticias (hay que estar informado), aprender inglés (propósito de año nuevo de todos los años nuevos), escuchar música (Mozart, que es lo mejor para el cerebro), y…

Ah, y si además tenemos hijos, directamente nos tendremos que mudar a otro planeta donde los días tengan 40 horas. Como mínimo.

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