Los domingos

El otro día vi por fin una de las películas más renombradas del pasado año, de la que pongo aquí el tráiler. Voy a intentar no destripar nada por si hay quien no la ha visto aún (está en Movistar Plus+). La cinta fue galardonada como mejor película en el Festival de San Sebastián y también mejor película en la última edición de los Goya. Fue ahí, en la «fiesta del cine español» donde tuvieron lugar unas declaraciones de la actriz Silvia Abril de las que pasaré a hablar más tarde.

Ainara es una joven de diecisiete años que está sintiendo la llamada divina para entrar en un convento. Estudia en un colegio religioso, el mismo al que fueron su padre y su tía, las dos figuras adultas más relevantes de su entorno familiar. Cuando anuncia en casa que, dentro del proceso de discernimiento en el que ya lleva un tiempo inmersa, quiere pasar una semana dentro de un convento de clausura para vivir como las monjas, se desatan reacciones dispares que, a pesar de todo, mantienen a Ainara en su decisión de vivir ese retiro para descubrir si Dios la ha elegido para la vida contemplativa.

Lo más impactante de la película es cómo, sin tomar partido por ninguna opción ni opinión de las expresadas por los personajes, la directora, Alauda Ruiz de Azúa, consigue que el espectador se involucre y empatice con todos los puntos de vista. Tremendo trabajo actoral de todo el reparto, principalmente de Blanca Soroa (Ainara) y de Patricia López-Arnaiz (Maite). Nagore Aramburu también está magnífica encarnando a la madre Isabel. Ninguno de los personajes cae en la exageración ni la caricatura, da la sensación todo el tiempo de que tenemos delante personas muy reales y reconocibles. Nos podemos ver identificados en muchas actitudes, o ver reflejado a alguien que conocemos. La vida misma.

El final es impactante (no lo revelaré) y lo es por el juego de contrastes que se presenta ante el espectador. Dichos contrastes tienen que ver con los personajes de tía (Maite) y sobrina (Ainara), por cómo actúan la una y la otra ante las reacciones de una hacia la otra. En el desenlace, el punto de vista de la cámara en un momento dado, un plano cenital que enlaza dos espacios muy dispares, es de una plasticidad que grita y remueve por dentro. Imposible no quedarse pensando en lo vivido durante los 115 minutos de metraje. E imperdible la escena en el banco de la iglesia.

Aunque pueda parecer que es una película hecha solo para creyentes, no es así. Creo que es una película que habla directamente de la condición humana. Decía antes que Silvia Abril fue preguntada por la revista Cinemanía en la gala de los Goya acerca de las películas nominadas que le habían gustado más. Se metió en un barrizal curioso al denigrar el auge del cristianismo en los jóvenes. Dejo aquí el vídeo.

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Está claro que Silvia es una Maite en todo su esplendor. Estas declaraciones han escocido mucho en el catolicismo. En las últimas Javieradas, el arzobispo de Pamplona y Tudela hizo alusión a la actriz, sin nombrarla, ante miles de fieles congregados en la explanada del castillo de Javier: «Es una falta de respeto criticar por creer». Seamos de la opinión que seamos, una entrega de premios cinematográficos no es lugar para soltar una soflama anticristiana y herir de paso el sentimiento de millones de personas. Si no le gustó Los domingos tanto como Sirat o Sorda, bastaba con que diese algún argumento en favor de sus favoritas. No he visto Sirat, pero Sorda me pareció una gran película, sencilla, sensible y muy necesaria, como dice Abril.

¿Pero no es necesaria ni grande una película como Los domingos? Al margen de lo que crea o no crea cada uno, ¿no es cierto que todos nos hemos planteado alguna vez si habrá algo más allá de la muerte? ¿No tendemos por naturaleza a querer ser amados? Todo el mundo necesita amor: amor paterno, filial, conyugal, de la amistad. Y el amor de Dios, que para los creyentes es el más grande porque es incondicional. La soledad es lo que más tememos, no queremos ser rechazados por cómo somos. Ainara siente el amor de Dios tan real como el viento que le revuelve la melena. Eso la llena más que nada en el mundo.

No sé cuántos jóvenes tienen tan arraigada la fe como Ainara, pero no creo que haya que sentir lástima por ellos. En cierto modo podríamos sentir hasta envidia por tener su fe tan clara. A la mayoría nos asaltan mil dudas y conques. Pero la fe, por pequeña que se tenga, siembra una intención de trascender, aunque se dude. «Hay más fe en una honrada duda, creedme, que en la mitad de las creencias», dijo el poeta Alfred Tennyson, anglicano él. A mí, desde luego, me encantaría tener todo clarísimo.

Termino con una cita de la madre Teresa de Calcuta que creo que resume bien la película: «El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz».

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