Hay tres palabras que se repiten como un mantra estos días en cartelería de grandes superficies, marquesinas, folletos publicitarios y mentes de padres, profes y alumnos: VUELTA AL COLE.
Días atrás fui con mi familia a un centro comercial muy conocido en Pamplona para aprovechar algunas ofertas de ropa para los críos, que tienen la mala costumbre de dejar todo pequeño o roto y desgastado, lo que ocurra antes. Mi hijo mayor, que aún no ha cumplido los siete, preguntó decepcionado por qué la ropa de niñas tiene colores más bonitos y llamativos y la de niños es tan sosa. En concreto señaló un chándal que yo no compraría ni loca, a saber: de color rosa claro tanto el pantalón como la chaqueta, y esta última poblada de ponis multicolores y cruzada de arcoíris. El resto de la sección «niñas» lo poblaban colores como el fucsia, el rosa claro, el morado, y en menor medida el gris, el clásico azul jeans y otros tonos como el beige o el granate.

Photo by Pixabay on Pexels.com
No supe qué contestarle. Por suerte, se contentó con un chándal que encontramos para él que tenía el pantalón rojo y satisfizo su gusto por los colores llamativos. Unos días antes, y en otro centro comercial, estábamos comprando zapatillas de deporte para nuestros hijos. La pequeña eligió unas de color rojo y con el dibujo de Rayo McQueen que estaban en la sección de niños, porque también las zapaterías están en esas. Se las compramos, porque eran de su número y eran preciosas, y también nos llevamos unas de Frozen con purpurina, adornos rosas ¡y luces!