Catálogo de placeres inefables

Comer la última croqueta del plato, la que nadie se atreve a coger, esa: para mí, ¡ñam!

Estar en la cola del supermercado, ver que en la otra caja se avanza más rápido. Ser fuerte para no cambiar de caja, y descubrir finalmente que sí, que la que tú elegiste ha sido en verdad la más rápida.

Que alguien te deje pasar antes en la cola del supermercado porque ha visto que solo llevas dos cositas.

Encontrar aparcamiento a la primera. Llegar y ya.

Aparcar en dos maniobras de nada cuando te está mirando una cuadrilla de expectantes señores que piensan a ver si la cagas porque eres mujer.

Dejar fundir en la boca una pastilla de chocolate del bueno.

Devorar un huevo frito con la única ayuda de un buen trozo de pan y los dedos.

Encontrar dinero en un bolsillo de un pantalón que no te ponías desde hace tiempo.

Cantar un temazo a grito pelao y bailar como una posesa en compañía de tus amigas en un bar abarrotado con la música atronando, porque te da igual, nadie te oye desafinar, y es como si estuvierais solas en ese bar.

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