Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

Quemar para leer, así es esta edición…

No acostumbro a leer narrativa de ciencia ficción, pero quería probar con esta famosa novela distópica que no me ha dejado en absoluto indiferente. Empezaré por dejar este apunte: en unos planes de estudios de bachillerato donde se repiten hasta la saciedad Lorca, Unamuno, Valle-Inclán o García Márquez como lecturas obligatorias materia de examen preuniversitario, estaría bien dar una oportunidad a otro tipo de literatura que case más con los gustos de los estudiantes. Si estos acuden en masa al cine a ver Juegos del Hambre o la saga Divergente (ambas basadas en novelas distópicas), no veo por qué no puede entusiasmarles la historia que aquí se nos presenta, escrita (parece mentira) en 1953. O si no encaja como lectura obligatoria, sí al menos como lectura recomendada para trabajar en clase de Filosofía o de Ética.

Bradbury inventa una sociedad alienada y tecnócrata en la que nadie -casi nadie-  piensa ni lee porque hace tiempo que los libros son objetivo de un cuerpo de bomberos que no apaga incendios sino que los provoca. Aquel que guarda libros en su casa puede ser descubierto o denunciado, y los bomberos se ponen en marcha lanzallamas y manguera de petróleo en ristre hasta que no dejan ni una página “viva”. No les importa incluso quemar a los dueños de los libros con ellos, hecho que conmoverá al protagonista del libro, Guy Montag, bombero de profesión, cuando se vea obligado a prender fuego a la casa de una mujer con ella dentro porque se niega a abandonar sus libros. Montag está casado con una completa desconocida cuya única motivación es ver una televisión multipantalla que le habla directamente (es un futuro imaginado, recordemos) y de la que ya ni recuerda cómo se enamoró. Sigue leyendo