Dos vidas y un destino

No puedo dejar de pensar en cómo dos trayectorias vitales tan diferentes pueden tener un mismo final. Carlos y Noelia. Eu- thánatos, eutanasia: ‘buena muerte’. Maldito oxímoron. Pero vayamos por partes.

Carlos Ardanaz, vecino de Olite (Navarra), falleció el pasado 10 de marzo a los 59 años. Había iniciado el proceso legal de eutanasia y se convirtió en una voz visible para reclamar más recursos y apoyo a las familias afectadas por la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Su mujer, María García, era su cuidadora a tiempo completo desde que la enfermedad fue incapacitante para El Puma de Olite. En un vídeo sobrecogedor que publicó Diario de Navarra días antes de fallecer, María y Carlos dejaban claro que él quería vivir, pero no le dejaban Vídeo de despedida de Carlos Ardanaz, conocido como el ‘Puma’ de Olite, tras dos años de lucha contra la ELA

Diagnosticado de ELA en 2023, decidió hacer pública su situación para visibilizar las enormes dificultades a las que se enfrentan en el día a día las personas con ELA y sus familias, incrementadas por la falta de ayuda económica para los cuidados que se necesitan. Acompañado de su mujer, compareció en el Parlamento de Navarra para reclamar con urgencia que llegaran las ayudas prometidas, como se escucha en el vídeo anterior. Todo quedó en palmaditas y foto de recuerdo.

En su pueblo estuvo siempre ligado al deporte, al fútbol base; fue árbitro en categorías inferiores más de 25 años, contribuyó a mejorar el campo de fútbol de San Miguel. En 2024 la votación popular lo eligió para lanzar el chupinazo de fiestas, representando a ANELA, la Asociación Navarra de ELA. El ayuntamiento de Olite le otorgó el Pañuelo Deportivo por su labor de fomento del fútbol local. Sus vecinos destacan de Carlos, además, su disposición a ayudar siempre, su entrega y compromiso y su amor por la localidad.

Es indignante que una persona que desea vivir con dignidad se vea obligada a interrumpir su vida por falta de recursos. Las palabras de los políticos siempre están vacías de contenido, son mero artificio y retórica barata, y lamentablemente ese prometer, pero no cumplir, se está llevando ya muchas vidas por delante.

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Noelia Castillo tiene 25 años y ha llevado una vida terriblemente dura. Nadie puede imaginar lo que ha tenido que ser para ella formar parte de una familia desestructurada, haber vivido bajo la tutela del Estado en centros de menores sufriendo violencia, abusos y hasta una violación colectiva, haber intentado suicidarse varias veces y, tras uno de los intentos, que la llevó a arrojarse de un quinto piso, haber quedado parapléjica y con terribles dolores.

Su petición “libre, consciente e informada” no contraviene la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia. En 2024 la Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña autorizó la eutanasia para Noelia, pero entonces su padre recurrió (sus padres están divorciados), y la eutanasia se paralizó cautelarmente y, tras haber agotado el padre las vías legales en España, el caso llegó al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. El dictamen final favorable ha tenido en cuenta, como es lógico, todos los informes médicos y psicológicos elaborados para la cuestión, y ha rechazado las medidas cautelares interpuestas por Abogados Cristianos para dar finalmente luz verde a la decisión de Noelia.

Nadie está legitimado para etiquetar una decisión así porque es imposible ponerse en el lugar de una persona que ha sufrido tanto. Lo que sí podemos juzgar es cómo el Estado, que debe promover el bienestar (artículo 15 Constitución Española: Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes), aquí ha fallado estrepitosamente. Si Noelia era una menor tutelada, debió estar bien protegida y no lo estuvo. Debió estar acompañada tras un trauma tan tremendo como el de sufrir una violación grupal, y no lo estuvo. Debió recibir más atención psicológica, o mejor tratamiento para poder sanar esas heridas tan profundas. Noelia padecía un Trastorno Límite de la Personalidad, que le confería un 70 % de discapacidad según alegaba su familia.

Su única entrevista en televisión la dio hace cuatro días en Antena 3: La entrevista completa a Noelia, la joven de 25 años que ha logrado la eutanasia. Su madre dijo que no comparte su decisión, pero que estaría ahí para acompañarla, y que una juez, “sin haber parido a Noelia”, ha decidido en contra de lo que deseaba la familia.

Querer morir a los 25 años es terrible. «Yo, antes de pedir la eutanasia, veía mi mundo muy oscuro, no tenía ni metas, ni objetivos ni nada«. Cuánto amor le falta a una persona que habla así, me resultan durísimas estas palabras de Noelia. Y qué tremendo es que en los dos años que ha durado el proceso judicial Noelia no haya encontrado motivos para dar marcha atrás en su determinación.

Un caso tan mediático como este podría sentar un peligroso antecedente. A un estado fallido le sale mucho más barato quitarse de en medio a gente sin esperanza de vivir que dotar a esas personas de ayudas económicas, apoyo psicológico, terapia y personal sanitario para su enfermedad terminal o su dolor crónico insoportable. Indudablemente le sale más a cuenta quitarse de en medio a gente sin esperanza de vivir que invertir dinero en investigación o en autorizar compras de nuevos fármacos. Apostar por la muerte y no por la vida.

Noelia, espero que hayas encontrado la paz que buscabas, y que tu familia logre sobreponerse.

Carlos, miraremos al cielo el día que esas ayudas por las que luchaste sean una realidad.

Ambos han peleado los dos últimos años: él para vivir, ella para no vivir más. Descansad en paz.

Un Ángel tomado por demonio

Ángel llevaba tres décadas cuidando de su mujer, enferma de esclerosis múltiple y totalmente dependiente de él para valerse. Ella misma, cuando aún podía, había intentado quitarse la vida. Ella misma había comprado tiempo atrás en el mercado negro el veneno que podría acabar con su sufrimiento. Ellos habían hablado del tema y acordado que él la asistiría, sería sus manos para llevar a cabo el «buen morir», según sus palabras. Eutanasia: el matrimonio grabó en vídeo la petición de María José Carrasco para morir

El caso está estos días en boca de todos, por reabrir el debate en torno a la eutanasia, por recordarnos cómo murió Ramón Sampedro (cuya historia narró Alejandro Amenábar en la película Mar adentro), y por lo excepcional que ha sido que el propio Ángel grabase en vídeo el momento en que María José bebe el pentobarbital sódico y por cómo, inmediatamente después, él llama a emergencias y a la policía para relatar, a pesar del dolor contenido, lo que acaba de hacer, perfectamente consciente de las consecuencias que para él pueden sobrevenir.

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No voy a entrar en debates éticos sobre la eutanasia, pero sí diré que hay que ser muy valiente: para querer acabar con la propia vida si se es incapaz de seguir adelante porque el sufrimiento es insoportable; valiente para pedirle a quien quieres que te ayude a morir; valiente para ser la mano ejecutora que haga cumplir ese deseo. Pero también hay que ser muy valiente para optar por seguir viviendo a pesar de todo; valiente para no abandonar a la persona enferma, porque eso sería lo fácil y lo egoísta. Todas las opciones merecen respeto, y desde luego Ángel y María José eligieron una de estas opciones. Ninguna persona que no haya pasado por un trance así debería juzgar una decisión de este calibre, tanto si es que la muerte llegue cuando tenga que llegar como si es provocarla.

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