Al volante, paciencia constante

Tenía esto guardado entre mis textos. Sucedió hace unos meses.

De lo más surrealista lo que me ha pasado este mediodía. Voy a aparcar en un hueco en línea, de sobra holgado para mi coche. Delante del hueco hay un coche aparcado, ligeramente torcido hacia la derecha, de manera que asoma un poco el morro hacia la calzada. Lo primero que pienso es quién habrá aparcado tan mal, alguien con prisas seguramente. En la acera, en la puerta de un bar, hay cuatro o cinco hombres de estos que llamamos chiquiteros, asiduos a los bares. Aparco y, cuando estoy por sacar las cosas del coche, una chica algo mayor que yo va a desaparcar el coche torcido. Sigue leyendo