Política infantil

El Gobierno debe de tener mucho tiempo libre a pesar del problema de los ERTE, la gestión de la pandemia, la inmigración, la erupción del Cumbre Vieja, los macrobotellones, la movida de Cataluña o la crisis en general. Tiene tanto tiempo libre que ha creado un órgano para el politiqueo cuyos miembros serán niños y adolescentes, por aquello de perpetuar la especie homo politicus vitalicius: dícese del espécimen que desde la más temprana infancia dedica su vida a vivir del cuento y del dinero de los ciudadanos hasta que puede vivir del dinero de las eléctricas o de tertuliano en la Sexta.

https://www.europapress.es/epsocial/infancia/noticia-gobierno-crea-consejo-estatal-participacion-infancia-estara-formado-34-menores-17-anos-20210927123512.html

Esto de que los chiquillos jueguen a cosas de mayores siempre me ha dado grima. Esos concursos de cantar o de cocinar en los que los críos hablan y se comportan como adultos en miniatura me dan como repelús, por muy bien que canten y cocinen, que no digo yo que no lo hagan. Ya me imagino a esos padres orgullosos diciendo en el trabajo que su niño tiene hoy reunión por videoconferencia con el Consejo (el compañero de curro agachará la cabeza porque sus hijos solamente van a baloncesto y a kárate); lo vestirán de Bebé Jefazo o de Angelita Merkel, y sonreirán porque su hijo o hija está dando su tiempo y sus grandes ideas por su país. Todo muy orwelliano; se me ponen los pelos de punta.

El Gobierno se ha curado en salud y la elección de los miembros correrá a cargo de otros menores de colectivos o asociaciones locales o estatales. Vamos, que no vayamos a pensar que los van a poner en el Consejo a dedo o por ser hijos, sobrinos o nietos de. Ni se nos ocurra creer tampoco que los vayan a llevar a su terreno ideológico o que las reuniones vayan a ser guiadas o guionizadas, qué va. No hay que ser malpensados, el Gobierno solo quiere dar voz a las generaciones futuras. Porque es más fácil sacar una partida presupuestaria para crear otro chiringuito cuqui y progresista que enviar al político de turno a entrevistarse con asistentes sociales, docentes, psicólogos infantiles, pedagogos, terapeutas, pediatras o agentes de inmigración para palpar los verdaderos problemas y quebraderos de cabeza de la infancia y la adolescencia. Hacer eso requiere del político de turno una cosa poco común en su especie: trabajar. Pero trabajar de verdad, codo con codo con los miembros de la sociedad, no desde el despacho. Igual que cierta ministra de Educación, que sacó su ley educativa sin pisar un aula, por ejemplo. Es mejor que el trabajo lo hagan los niños, que además no cobran.

Señores políticos: dejen a los niños vivir su infancia y a los adolescentes su adolescencia. Preocúpense más de dotarlos de un sistema educativo firme y sólido, de buenas perspectivas laborales, de inversión en ciencia y tecnología. Preocúpense por sus padres y tutores legales, para que no tengan dificultades en sacarlos adelante.

Y hagan su trabajo, que para eso les pagamos.

Para Reyes, un gobierno

De siempre fui una chiquilla apocada y discreta. Me sonrojo con facilidad, me cuesta hablar en público, pero al mismo tiempo disfruto de largas conversaciones con gente de mi entorno. He callado muchas veces por miedo a encontrarme una opinión contraria: lo descubrí en una sesión terapéutica familiar por motivos que no vienen al caso. Ese día tomé la determinación de no callarme las cosas, porque el nudo que se forma en la garganta, el estómago y la cabeza es demasiado grueso y difícil de soportar.

Pues bien, a riesgo de perder lectores -e incluso amistades, no sería la primera vez-, voy a abrir una rendija de la caja de los truenos.

Seguí por televisión algunas partes del debate de investi-dura. Dura fue un rato, como un parto, según el Rey. Dura, bronca, crispada y tensa. No voy a analizar las intervenciones de unos y de otros: para eso ya tienen ustedes tertulianos muy bien pagados en las televisiones, plumas mejores que la mía y cuñados a quienes recurrir para que les cuenten las salidas de tono de algunos diputados.

Spanish Congress of Deputies. Built in Madrid in 1850.

Lo que sí haré es llamar la atención sobre un hecho al que no se puede llamar en realidad un “hecho” porque no se ha producido: nadie ha salido a las calles a rodear el Congreso, ningún contenedor ha resultado incendiado, ningún aeropuerto ha sido bloqueado ni invadido, ninguna vía, autopista o carretera ha sido cortada. No hay pintadas, caceroladas ni huelgas convocadas. Lo que hay es una ciudadanía que admite el juego democrático que permite que se viertan opiniones tan dispares como las que escuchamos todos este pasado fin de semana. Hay otro tipo de ciudadanos que se echan a las calles cuando no ganan los suyos y arrasan con todo Dos detenidos, quema de contenedores y agresiones a periodistas en la manifestación “antifascista” de Cádiz convocada por Podemos contra Vox Acabo de citar una noticia que habla de las reacciones violentas de algunos tras las elecciones de Andalucía, porque estoy hablando de votos y de decisiones democráticas. No voy a extenderme recordando lo que pasó tras la sentencia del procès en Cataluña: de sobra sabemos la que se armó. Todo muy civilizado y democrático.

Lo mismo que digo aquello, digo esto: no estuvo bien que los diputados de Vox salieran del hemiciclo cuando iba a intervenir la portavoz de Bildu, ya que nadie se marchó cuando Vox intervino en la tribuna de oradores. Igual que hay gente a la que se le revuelve el estómago cuando Abascal abre la boca, hay gente que sufre lo mismo cuando EH Bildu lanza sus proclamas.

Es lo que tenemos, la gente les ha votado a todos ellos, pero eso no significa que haya que tolerarlo todo. Por eso, hago mías las palabras de Carlos García Adanero, diputado por Navarra, y escribo aquí bien claramente: no nos van a callar. Creo que fue la intervención más digna, transparente y respetuosa al mismo tiempo de todas las que pude ver Debate de investidura 7/1/2020: intervención de Carlos García Adanero

Unas líneas más arriba me he referido al juego democrático. Como todos los juegos, tiene unas reglas que seguir, aunque algunos partidos se las quieran saltar todas. Lo que nuestro flamante presidente Sánchez ha estado haciendo estas últimas semanas no puede llamarse juego; en todo caso doble juego, que según el Diccionario fraseológico documentado del español actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos es la “manera engañosa de actuar, haciendo dos cosas contrarias y en propio beneficio”.

No iba a pactar con Pablo Iglesias, y se fundió con él en un abrazo. No iba a hablar ni a negociar con ERC, y su abstención propició su investidura (veremos pronto las exigencias que Esquerra llevará a cabo). No iba a sentarse a hablar con Bildu, y estos han contribuido también a hacerlo presidente, y a que también los socialistas gobiernen en Navarra, después de haberlo negado categóricamente. No iba a dormir tranquilo si Podemos estaba en el gobierno, y les ha comprado otro colchón igual al suyo a Pablo e Irene. En fin, ahí tienen la hemeroteca, que es inagotable.

De veras deseo que estos pactos y esta coalición acaben con los problemas de los españoles: que desciendan las cifras de paro, las listas de espera, que sea factible comprar una vivienda o pagar un alquiler, que acaben las desigualdades, que suba la natalidad, que asesinatos y violaciones dejen de abrir los telediarios, que… Ojalá. De verdad. Pero algo me dice que seguiremos igual. O peor, pero espero equivocarme.

Ah, y feliz año nuevo, que no lo he dicho. Je.