Despedida

Abuelo, te has ido como tú hacías las cosas: tranquilo y sin hacer ruido. Aunque sabíamos que llegaría este momento, no podemos evitar sentir pena porque dejas un hueco difícil de llenar. No eras muy conversador, más bien discreto, pero tu presencia nos llenaba a todos: esa sonrisa y tus ganas de disfrutar con las pequeñas cosas: una buena comida, la copica de vino y un poco de patxaran; bailar una ranchera o un pasodoble, cantar por Antonio Machín y echar la partida al tute o al chinchón.

Nos dejas montones de buenos momentos, como los bailes que te echaste en la boda de tu nieta pequeña: no hubo moza que se te resistiera. Para siempre recordaremos tus anécdotas de joven, ligadas todas a tu pueblo, adonde ibas siempre que podías, encantado de saludar a tus paisanos y de dejarte saludar. Allí naciste y te enamoraste, tuviste los hijos, y la casa que nos has legado estará siempre llena de recuerdos tuyos y de la abuela. Vas a estar presente cuando hagamos costillas en sarmientos: qué a gusto las comías y cuántas veces preparaste migas con sebo, las últimas veces ayudado por los biznietos. En fiestas disfrutabas como nadie viendo las vacas, y salías a torear cuando eras un muete, y no tan muete. Sin duda has dejado huella, sobre todo en tu familia.

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Te sentiremos también cada vez que juegue el Barça, pero reconoce que un poquillo de Osasuna te habías vuelto. Cuando estemos en familia echando un vermú, ahí estarás seguro, con el frito y el vaso de vino, disfrutando como siempre has hecho, rodeado de tu familia, sonriendo por dentro y por fuera.

No te haces idea de lo que te quiso todo el mundo, porque fuiste un trozo de pan, el abuelo de todos, siempre dispuesto a cualquier cosa por los tuyos. Si hay algo de lo que puedes estar muy orgulloso, abuelo, es de que nos has unido todavía más. Descansa en paz y cuídanos desde el cielo. Te quiero mucho.

D.E.P. (26/11/2022)