Larga vida a la buena música

Cursaba yo octavo de EGB cuando sonaba en la radio el tema Please Forgive Me (1993) como sencillo del álbum recopilatorio So Far So Good. Era la única canción nueva de aquel “grandes éxitos” de Bryan Adams, pero eso yo aún no lo sabía. La portada del disco la ocupaba por completo un neumático con el título escrito en la goma. Aquella balada sentimental me enganchó por su melodía y también por la voz rasgada y afinada del canadiense, nacido en Kingston en 1959. Un día, en aquel octavo de EGB, el profesor de educación física, que ponía música al acabar la clase para disfrutar de unos minutos de relajación tras el ejercicio, puso esta canción, Please Forgive Me. No recuerdo cómo ocurrió, pero un compañero de clase comentó que él (o su madre, no sé) tenía el álbum So Far So Good en casa. Le pregunté si me lo podía grabar en una cinta de cassette. Empezaba así mi amor incondicional por este cantante y compositor de aspecto aniñado.

Con el paso de los años me hice con la mayoría de los CD que iba publicando, y subía el volumen de la radio cada vez que sonaba un sencillo suyo. Los escuchaba una y otra vez mientras leía las letras que venían en el papel del CD, y acababa aprendiéndomelas. Otro día podemos hablar del bien que hace para el aprendizaje de idiomas escuchar música. Mi padre también se aficionó, y en 1999 fuimos él y yo y mi amiga Montse a un concierto de Bryan en San Sebastián, en la plaza de toros de Illumbe, que supuso su inauguración como recinto musical.

Han pasado 26 años (uf, demasiado tiempo) y he tenido la gran suerte de volver a un concierto de Bryan, esta vez en mi ciudad. Presentaba disco nuevo, Roll With The Punches (‘adaptarse a las circunstancias’, viene a significar), que se pondrá a la venta en España en agosto, y de este disco cantó tres temas que sonaron muy bien y en la línea de su música. Pero el resto de las canciones que fue desgranando en las dos horas del concierto del 6 de junio de 2025 fue una estupenda recopilación de grandes y conocidísimas canciones. Todo el Navarra Arena -11 000 espectadores- coreó todos y cada uno de los temas.

En un momento dado, como a la mitad del espectáculo, mi padre se me acercó y me dijo: ¿sabes que en el concierto en el que lo vimos por primera vez yo tenía la edad que tienes tú ahora? No puedo explicar qué interruptor accionó esa pregunta, pero empecé a llorar de emoción dándome cuenta de lo generosa que es la vida en tantas ocasiones. Ahí estábamos en la pista del Navarra Arena, padre e hija, un cuarto de siglo después, compartiendo amor por la música, también con mi marido y mis dos grandes amigos.

Hace falta vivir la experiencia para poder entender lo que se siente en el concierto de alguien a quien admiras y sigues desde hace tanto tiempo. Quien lo ha probado, lo sabe. Solo puedo decir que no olvidaré esa noche mientras viva. La de mayo del 99 fue especial, pero esta lo ha sido mucho más, por el correr de los años, el sentimiento que se produce, no lo sé. Iba con muchas expectativas a este concierto, y fueron superadas por la calidad de sonido y voz, por el ambiente nostálgico, la edad madura de los asistentes y la magia que se creó. En mi última entrada del blog hablaba de los desorbitados precios que tienen hoy los grandes conciertos. Pagué sesenta euros para este concierto, y los volvería a pagar sin dudarlo, lo reconozco.

No soy nada objetiva, porque hablo como fan, pero la música de este hombre siempre me ha tocado el corazón: los temas lentos, por sus letras y sentida música, con esas subidas de guitarra y preciosas melodías; los más roqueros, por su punto canalla y divertido, su exacerbado carpe diem y su juvenil disfrute. 18 Till I Die, 18 hasta que me muera, dice en uno de sus conocidísimos himnos. Así nos hiciste sentir a todos, Bryan. Acertadísimo es el título del nuevo disco: tú sí que te adaptas a las circunstancias. Cincuenta años de carrera y atrapas como el primer día a diferentes generaciones y sin renunciar a tu sello y a tu estilo.

Una canción titulada Kiss Ass, gamberra desde el comienzo, relata la creación del mundo: la tierra, los cielos, los mares, y el hombre, que degeneró y cayó en un agujero negro, el de hacer mala música. Dios lo resolvió enviando un ángel para solventar la falta de rock music. Un ángel que calza botas, pantalones vaqueros y gorra de béisbol, y que suscita las miradas de la creación cuando invoca la guitarra, el bajo, la batería y los teclados. Bryan, you’re an angel to me. Thank you so much.

No te lo puedes perder

Menos mal que el apagón que sufrimos en España y Portugal el pasado 28 de abril no sucedió el 9 de mayo. Creo que hubiéramos lamentado cientos ¡o miles! de suicidios en masa si tal viernes en concreto, con hordas de seguidores pendientes del ordenador o el móvil, se hubiera producido un cero absoluto en plena espera de la cola virtual para conseguir entradas de los conciertos de Bad Bunny.

Confieso que no soy capaz de nombrar o tararear una sola canción de este muchacho al que le llevo 14 años. Lo busco en internet y leo que se llama Benito Antonio Martínez Ocasio; normal que se buscara nombre artístico, y en inglés, claro: no hay narices para hacerse llamar Conejito Malo. Perdió la ocasión, eso sí, de montar un dúo y llamarse Benito y Manolo.

Al parecer, para ver y escuchar a Bad Bunny se han vendido todas las entradas para los conciertos en España, que tendrán lugar ¡dentro de un año! Ha tenido que lanzar nuevas fechas ante la locura colectiva desatada en nuestro país. En este vídeo de El Mundo lo explican muy bien.

Creo que no se habla lo suficiente del fenómeno “compraré entradas al precio de lo que cuesta el kilo de jamón ibérico de bellota para un evento al cual ni sé si podré ir o me habré muerto antes”. El cantante portorriqueño es joven y supongo que gozará de buena salud, pero imaginen esto mismo para ver a los Rolling o a los Scorpions, que vienen a Pamplona en julio, por cierto: gente que viste arrugas por todo el cuerpo a juego con la guitarra eléctrica y tiene más años que un bosque, y que lo mismo estira la pata antes de la fecha de actuar. Que nadie estamos libres de que nos venga a buscar la parca, claro, pero una cosa no quita la otra.

En el último decenio, calculo, se ha normalizado el hecho de sacar a la venta entradas para todo tipo de espectáculos con varios meses de antelación. Da lo mismo que sean montajes teatrales, de ballet o circenses, monólogos de humor, conciertos, espectáculos de magia… La tónica viene siendo anunciar la programación en los grandes auditorios con mucho tiempo de adelanto. Te registras, le das a “comprar entradas” cuando quedan, quizá, cinco o seis meses. Y apenas quedan butacas libres para elegir, solo algún hueco en el gallinero o en las filas de atrás. La gente no corre, vuela.

Photo by Harrison Haines on Pexels.com

Es muy curioso (y desolador) comprobar lo diferente que es adquirir entradas para ir al cine. La taquilla presencial y tradicional, donde alguien te vende la entrada tras informarte de qué filas tiene libres (“la catorce, centraditas”), se está convirtiendo muy rápidamente en una especie en extinción. Lo habitual es acceder tú mismo a la página web del cine, elegir película y sesión, reservar las butacas y pagar. La mayoría de las veces, salvo estrenos muy esperados que arrastren a la gente al cine -que haberlos, haylos-, la web mostrará el dibujo de una sala prácticamente vacía, con casi todos los asientos disponibles para hacer clic.

La oferta para ver, por suscripción, en nuestros televisores y dispositivos multitud de filmes barre y destierra a la pantalla grande. Para qué salir de casa a ver un estreno que, en poco tiempo, tendremos disponible usando el mando a distancia. Lo podremos ver el día que queramos, a la hora que elijamos, y detener la historia, retrasarla o volverla a ver las veces que nos dé la gana; podremos ponerla en otro idioma, con subtítulos o sin ellos. Incluso las plataformas nos permiten crear una lista de lo que tenemos pendiente de ver, algo muy práctico que yo suelo hacer para no tener que acordarme después, pero que en cierto modo me crea algo de ansiedad: tantas pelis (o series) que quiero ver y tan poco tiempo para hacerlo…

Todo esto me lleva a pensar en lo siguiente. Cualquier espectáculo en directo, que transcurre delante de nuestros ojos, con cientos o miles de desconocidos a nuestro alrededor que han ido a ver lo mismo que nosotros, convierte ese espectáculo en un momento único e irrepetible. Por muchos conciertos -o representaciones, recitales, obras, etc.- que un artista tenga programados en su gira, ninguno será idéntico a otro. El público tiene mucha culpa de ello, así como el escenario, el ánimo o la inspiración con los que se encuentre ese día el intérprete, o incluso las condiciones atmosféricas. Una película permanece inalterable y sigue siendo la misma historia con las mismas interpretaciones, diálogos, fotografía o música. Todas las veces.

Pero lo que sucede aquí y ahora no vuelve a repetirse de la misma manera, igual que en la vida. Vale también para los deportes, claro. Un gran evento deportivo (o el partido del chiquillo con su equipo en un campo embarrado) es irrepetible. La primera palabra de un niño o sus primeros pasos tambaleantes son un evento único en la vida de sus orgullosos padres. Cualquier momento de la vida que lleve por delante «la primera vez que» es un instante mágico.

Solo deseo a los afortunados que lograron entrada para el Conejo que realmente merezca la pena el esfuerzo. Y que guarden el móvil en el bolsillo y disfruten del concierto. No se lo pueden perder.

Zorra

No he seguido este año el Benidorm Fest, confieso que ni sabía cuáles eran los intérpretes ni las canciones entre las que había que elegir la que representara a España en Eurovisión. Así que, no teniendo con qué comparar por puro desconocimiento, me quedé de piedra al leer que la elegida se titulaba ‘Zorra’. Deduje, antes de escucharla, que la canción no versaría sobre la vulpes vulpes, hembra del zorro, de la familia Canidae, mamífero de costumbres nocturnas. No me equivoqué, aunque nocturna también es la zorra de la canción, pero no sé si sale de noche a cazar como el animal porque la letra no lo dice. Sí que habla de que se le hace de día y se empodera, también de que puede convertirse en chacal (es una zorra transformer) y de que sale a la calle a gritar (supongo que lo de «sola y borracha quiero llegar a casa»), y también algo de una postal. ¿Qué significa ser una zorra de postal? Interesante cuestión. Eurovision 2024. Letra de Zorra

No voy a entrar en el nivel de mamarracheo en que se está convirtiendo el mundo del espectáculo en general. Tampoco voy a valorar la calidad vocal de la intérprete ni las virtudes musicales de la pieza que nos representará en un festival de música que cada vez lo es menos. Menos de música y más de otras cosas. Centrándome en la implicación de llevar un tema cuyo título es un insulto por definición, expongo las siguientes consideraciones.

La séptima acepción de la entrada zorro (DLE) en femenino es esta, con sus correspondientes sinónimos.

7. f. despect. malson. prostituta.

Sin.:prostituta, meretriz, puta, furcia, ramera, fulana, pelandusca.

Ya sé que se está oyendo en todas las teles que esta canción lo que busca es dar la vuelta a lo que habitualmente se entiende por zorra, dotando a la palabra de una nueva dimensión más feminista, empoderada y reivindicativa. Pues lamento decir que un cambio significativo de tal calibre no va a suceder por una cancioncita. Lo decía el otro día Carmen Calvo en Espejo Público, aunque acertando a medias: tenía razón en eso, en que una canción no va a cambiar lo que una mujer siente como un puñal cuando un cabronazo le grita ¡zorra! Sin embargo, en lo que no estuvo acertada la exministra fue en el tirón de orejas a la Real Academia Española para que revise el significado que todos conocemos. Pues mire, no, ya que los diccionarios recogen y explican las palabras de una lengua, y aunque son repertorios abiertos porque la lengua está en continuo cambio, no podrán reflejar esos cambios en las palabras mientras estos no se produzcan en la conciencia lingüística de los hablantes. Y mucho me temo que, todavía, zorra significa lo que significa, y está muy lejos de referirse a una mujer que sale todo lo que quiere por la noche, que se empodera, se come el mundo y está «reconstruida por dentro». Esto último de la letra me tiene ojiplática, porque no sé si hace referencia a los efectos del bisturí, y en ese jardín no me voy a meter.

Photo by Egor Kamelev on Pexels.com

La segunda acepción de zorro, zorra (coloquial) habla de persona muy taimada, astuta y solapada. Por desgracia pocas veces se utiliza el femenino, zorra, con este significado. En masculino, en cambio, es mucho más frecuente, y creo que la foto de nuestro amado e icónico presidente P.S. iría que ni pintada al lado de esta segunda acepción, porque a taimado, astuto y solapado pocos le ganarán, la verdad. Sugiero una versión para ‘Zorro’, que quedaría tal que así:

Si miento mucho soy muy zorro / Si cojo el Falcon, el más zorro / si les concedo la amnistía / soy más zorro todavía / Cuando consigo lo que quiero (zorro, zorro) / le rindo cuentas a Marruecos (zorro, zorro) / y aunque se os acelere el pulso / no me lo pienso ni un segundo / Estoy en un buen momento, / de Moncloa no me muevo / Vais a salir a la calle a gritar y me importa / menos que un pimiento.

En fin, ahora en serio: como mujer que no ha sufrido nunca, gracias a Dios, violencia verbal ni física me solidarizo desde aquí con las mujeres que sí la han sufrido, porque contemplan con estupor la banalización de un insulto que habrán tenido que escuchar muchas veces. Dejo aquí el comunicado de Alianza contra el borrado de las mujeres, que resume estupendamente y mucho mejor que yo el sentir de quienes pensamos así: CON SU ELECCIÓN PARA EUROVISIÓN, RTVE BANALIZA LA VIOLENCIA CONTRA MUJERES Y NIÑAS

Ah, un último apunte. ‘Zorra’ tiene cierta similitud con temas de Alaska, de ritmo pegadizo y de los ochenta. Directivos de RTVE, ya veo por dónde van. El año pasado perdieron la ocasión de llevar ‘Nochentera’ a Eurovisión, que se convirtió por méritos propios en canción del verano. Ahora lo quieren arreglar con esto, viendo que se equivocaron con el flamenco de Blanca Paloma, veremos en qué puesto nos deja la zorra-chacal. Aunque realmente es lo de menos, porque este festival ya sabemos todos cómo funciona, ¿o no? También les digo que, con la que está cayendo, estar hablando de canciones polémicas como que huele un poco a humo, ¿verdad? A cortina, claro.

Pe-tardeo

A punto estuve de coger entradas para ir con mis antiguos compañeros de universidad al concierto Yo fui a EGB que tuvo lugar en Pamplona el pasado día 3. Terminamos desechando el plan porque eran seis horas de espectáculo y nos pareció mucho, la verdad. Que el precio de las entradas tampoco era barato sumó argumentos para no comprarlas (lo del precio de los conciertos da para otro escrito, en serio lo digo).  

Es sorprendente lo que vende la nostalgia. En la tele tenemos la longeva serie Cuéntame, los programas de recuerdos televisivos musicales Cachitos y Viaje al centro de la tele; los viajes al pasado histórico de la magnífica El Ministerio del Tiempo. En la gran pantalla, sagas ochenteras míticas como Regreso al futuro o los estrenos más recientes Voy a pasármelo bien (con números musicales de los éxitos de Hombres G) o Mañana es hoy, en la que vemos a Javier Gutiérrez y Carmen Machi “viajar” de 1991 a 2022 y vuelta al pasado otra vez: por la pantalla desfilan cabinas de teléfonos, el walk-man o los Héroes del silencio.

La tarde en que finalmente no fuimos al concierto acabamos yendo de tardeo, curiosa palabra que aún no sale en el DRAE. Sí que aparece tardear: «Detenerse más de la cuenta en hacer algo por mera complacencia, entretenimiento o recreo del espíritu«. Me cuadra bastante para tardeo eso del entretenimiento y recreo del espíritu. Tardeo yo lo definiría como divertimento para mayores de 40 consistente en echar unos bailes en un garito de moda con música de los 80, 90 y primeros 2000, tras previamente haber comido y bebido a gusto en cuadrilla. Nota: se empieza a partir de las 6 de la tarde y puede prolongarse lo que se quiera o se aguante. Como dice la RAE (aunque sean palabras diferentes), nos podremos detener “más de la cuenta”. 

Pues ahí estábamos, como en tiempos veinteañeros pero a las siete de la tarde en vez de entrada la madrugada. El local, a rebosar; la media de edad, unos 45. La música, la de entonces: El último de la fila, Mecano, Bon Jovi, Spice Girls, Wham, Robbie Williams, Alaska… El universo egebero en todo su esplendor, la gente dándolo todo y coreando las canciones. Es curioso cómo el haber crecido los de mi generación con los mismos grupos musicales, las mismas películas y los mismos entretenimientos (el futbolín, el pin-ball, el VHS y el videoclub (podría seguir enumerando hasta aburrirles), nos hace estar unidos por un hilo invisible a los nacidos en las décadas de los setenta y ochenta, incluso de más edad. Tengo compañeros de trabajo que me pasan casi diez años y no se nota la diferencia cuando hablamos de personajes, músicos, cine, escándalos o programas de televisión.

Photo by Andre Moura on Pexels.com

Mis hijos me descubrieron hace no mucho a un youtuber barra tiktoker barra creador de contenido (yo ya no sé) llamado Sergio Encinas. Tiene su gracia, un punto club de la comedia pero centrado en sus «clases de historia semimoderna». Por sus vídeos desfilan el tamagotchi, la Nintendo 64, la Game Boy, el Frigopié o los Peta Zeta. Los niños alucinan bastante cuando él describe el objeto en cuestión, lo muestra a cámara, y explica cómo jugaba él o los recuerdos que le suscita hoy. Siempre con un toque de humor, de nostalgia y de niño-adulto muy logrado. Búsquenlo porque pasarán un buen rato.

Me reconozco una viejoven: no escucho apenas la música actual, sí que sé quiénes son Rosalía, Beret, Morat o Aitana, y reconozco muchos de los temas que lo están petando (¿se sigue diciendo esto?). Pero cuando quiero escuchar música por placer voy a lo de antes. Con el cine intento que mis hijos disfruten con películas de siempre, y no hablo del blanco y negro, pero ver a Marty McFly en el Delorean, a ET señalando con el dedo o a unos niños minúsculos encogidos por el chiflado inventor que es su padre bien merece soportar la etiqueta de viejoven. O nostálgica. O boomer, que no sé muy bien qué es pero nos lo llaman a los viejales, ¿no?

Termino reconociendo que el reciente invento del tardeo (o pe-tardeo) me gusta mucho. Ojalá se hubiera puesto de moda hace veinte años. La buena noticia es que aún queda cuerda para rato.

«Pequeñerías»

Una entrevista al cantante Dani Martín en su visita a El Hormiguero, a propósito de su últimos disco y gira, propicia la entrada que van a leer a continuación. Les dejo el enlace: https://www.antena3.com/programas/el-hormiguero/entrevista/entrevista-completa-dani-martin_20210429608b18d6e56957000125cb51.html

Gran parte del tiempo Dani Martín explica a Pablo Motos la historia que hay detrás de la canción Cómo me gustaría contarte, dedicada a su hermana Míriam, fallecida hace doce años https://www.youtube.com/watch?v=DgTSVNMBc3I. Dani ha escrito una letra hermosa y cotidiana, desde un dolor superado que aflora en forma de sonrisa, la sonrisa que suscitan los buenos recuerdos y que se nubla un poquillo por los ojos empañados. «Hay que vivir de los presentes», dice en un momento del programa. A él se le pegaban siempre las sábanas, y su hermana, que le acercaba al sitio al que tuviera que ir, le decía desde el rellano «a las 9 me piro». Esta frase aparece en la canción, como ejemplo de un pasado de días normales y corrientes en los que su hermana estaba. Al cantante le gustaría poder contar a su hermana cómo están sus padres, dónde viven ahora, cómo les va todo: «Cómo me gustaría robarte / del sitio al que te fuiste». Es una canción verdaderamente preciosa.

A veces vamos buscando llenar nuestras vidas de grandes experiencias: viajes increíbles, conciertos en primera fila, restaurantes con estrella Michelín o intensas tardes en parques de atracciones. Nos atrae lo que se sale de la rutina, de esa monotonía de jingle publicitario donde no tienen cabida las sorpresas; de esa peli Atrapado en el tiempo en que a veces convertimos nuestro día a día. Somos unos ciegos que no reparamos en los «presentes» de los que habla Dani Martín. Curioso que ‘presente’ sea el tiempo actual y también un regalo. Cuánto nos cuesta aprender eso: que la vida es un regalo.

Photo by eberhard grossgasteiger on Pexels.com

No sé qué recordaré de la gente que quiero dentro de unos cuantos años cuando eche la vista atrás. Hoy, que aún no tengo canas -pero alguna quiere asomar ya-, hago el ejercicio de revivir «presentes», «pequeñerías«, de recordar otros «a las 9 me piro». Los despertares remolones un domingo cualquiera con el amor de mi vida, con nuestros niños trepando por la cama, dándonos besos y abrazos y los buenos días. Los bailes y las risas con mi hermana cantando como locas alguna de Bon Jovi o de los Backstreet Boys en el salón de casa de nuestros padres, o actuando como en los episodios de Friends. Los gritos de alegría con mis padres en cada gol cantado en las gradas de El Sadar. Mi abuelo revolviendo las brasas en el hogar de la casa del pueblo antes de poner la parrilla con la carne, o contando penurias de su juventud acabando siempre con la frase «qué sabréis lo que hemos pasado». Mi abuela en bata o delantal, sin los dientes puestos y recién levantada poniéndonos el desayuno a mi hermana y a mí cuando nos quedábamos a dormir en su casa. O la hermana de mi abuela y su particular manera de jugar a cartas, con el antebrazo apoyado en la mesa y silbando entre turno y turno.

Los «hija mía» y «princesa» de mis bisabuelas; los largos viajes a Málaga por carretera para ver a mi prima, quemando el radiocasete de la Renault Express, sin cinturones atrás y saliendo de Pamplona de madrugada. Las risas que nos echamos en uno de esos viajes en un bar de carretera, de donde salió para quedarse la frase «son de paso». La camarera nos atendió un poco «regulín» y le escuchamos decir a una compañera lo de «son de paso». Mi madre escondió en el bolso un cenicero de barro (que a saber dónde acabó con los años), y nos fuimos de allí muertos de risa para continuar el viaje. La frasecilla nos saca aún sonrisas a los cuatro, recuerdo de los años de nuestra niñez y adolescencia, ¿verdad, tata?

Aquella camarera dio en el clavo: éramos de paso, sí, meros transeúntes de camino al sur. Nunca hemos vuelto a ese bar; ella ya sabía que con clientes así no merecía la pena esmerarse en la atención. Con su actitud mi familia y yo nos llevamos una anécdota divertida, así que gracias, estés donde estés, no te lo reprochamos porque todos tenemos un mal día. En el viaje de la vida todos somos/estamos de paso, y de nosotros depende dejar huella.

Hay que vivir de los presentes,

que serán pasados

en un futuro.

Sube el volumen

Iba en coche esta mañana oyendo Cadena 100, y sus presentadores, Javi Nieves y Mar Amate, han anunciado nueva sección en el programa: «canciones de subidón». Los oyentes van a poder pedir para que suenen en la radio esas canciones que les provocan buenas «vibras» (como dicen ahora). Javi Nieves ha roto el hielo pinchando esta: The Communards: Don’t Leave Me This Way

Definición de canción que da subidón (perdón por la repetición-ción-ción). Es personal: canción que normalmente escuchamos subiendo el volumen, tarareándola casi entera, bailándola (o como mínimo acompañándola con movimientos de cabeza), y a veces imitando los gestos del cantante original como si estuviéramos en un concierto. Les voy a dejar mi lista de canciones, pueden ponerla en su Spotify (yo no tengo, aún; soy del siglo pasado, pero sí que tengo un USB con música seleccionada). No siguen un orden especial. Solo puedo decir que todas ellas cumplen para mí los requisitos citados.

Un estudio científico la coronó como la canción más efectiva del mundo para hacerte sentir bien Don’t Stop Me Now de Queen es la canción más edificante del mundo. Ciertamente es una maravilla, es imposible no saltar de la cama por mucho sueño que tengamos por la mañana si está sonando esto: Queen: Don’t Stop Me Now

Más clásicos guitarreros. Los dos son rubios y con pelazo: Joey Tempest y Jon Bon Jovi. Imprescindible mover el cuello de atrás hacia delante, agitar la melena si se tiene y poner la manita con los dedos pulgar, índice y meñique en alto. Está permitido desgañitarse en la parte del oh-oh: Bon Jovi: Living On A PrayerEurope: The Final Countdown

Hagamos un salto al blanco y negro con esta maravilla versionada infinitas veces. La mímica aquí obliga a tocar un piano invisible con mucha vehemencia: Jerry Lee Lewis: Great Balls Of Fire . Y sin quitarnos el tupé, bailemos encima del coche al ritmo de John Travolta (magnífica toda la banda sonora de la película): Greased Lightning

person doing tricks on cassette tape

Photo by Ashutosh Sonwani on Pexels.com

El estribillo de este tipo de canciones tiene que pegarse como el Loctite, y la sencillez ha de ser su característica imprescindible. ¿Qué hay más sencillo que un na-na-na-na? Escuchen e intenten estarse quietos con esto: Wilson Pickett: Land Of 1000 Dances

Tampoco podían estarse quietos en esta escena impagable de la película Intocable (si no la han visto, ¿qué están haciendo? ¡corran!). Earth, Wind & Fire tienen temazos a patadas, como este Boogie Wonderland Intocable (2012): Lección de música y baile de Driss

Los últimos dos temas los interpretaban músicos negros (de color, afroamericanos, como prefieran). No puedo evitar acordarme del también estadounidense y afroamericano Alfonso Ribeiro, actor que encarnó a Carlton Banks en la exitosa serie El príncipe de Bel Air. No por cantar, sino por bailar al ritmo de Tom Jones será recordado por los siglos de los siglos: It’s Not Unusual (Carlton Banks’ dance) Da subidón, ¿a que sí?

Melanie B, rizos al viento, da comienzo con gran fuerza a un temazo que empieza con el estribillo en lugar de con una estrofa como suele ser habitual. Parece mentira que hayan pasado ¡veinticuatro años! desde que estas chicas pusieron al planeta patas arriba: Spice Girls: Wannabe

Sigamos con chicas con «power». Extravagante era un rato, pero la tía ha vendido en su carrera más de 80 millones de discos. Tiene canciones conocidísimas e icónicas como ella, pero me quedo con esta, cuyo videoclip, además, es muy divertido: Cindy Lauper: Girls Just Want To Have Fun

Otra mujer extravagante, pero culta, diva e hispanohablante. Lo siento, hoy me ha dado por las rimas internas. Alaska tiene tantas canciones subidoneras que es difícil quedarse con una, pero elijo A Quién Le Importa. Y esta otra gran mujer tiene tantas operaciones que es difícil también quedarse con una. De sus canciones me encanta esta Cher: Strong Enough. Cómo olvidarnos en este punto de Gloria Gaynor y el himno en que se ha convertido I Will Survive

Podría hacer una lista muy larga, pero voy a terminar aquí con tres bandas de nuestro país. Las dos primeras creo haber leído que se admiran mutuamente, y han tenido locas a las fans en distintas épocas. No hay mujeres (lo siento, Irene Montero), pero ni falta que les hace. A mí estas dos canciones me ponen muy loca, con ganas de ir a un concierto, saltar, bailar y lo que haga falta: Hombres G: Voy A Pasármelo BienEl Canto Del Loco: Zapatillas

Y como zapatillas rima con esta última canción, cerramos la lista patria comiéndonos unas natillas: Seguridad Social: Chiquilla

PD. Repito que esta selección es personal. Hay incontables canciones imprescindibles para el buen rollo, podríamos alargar esto y no acabar. Espero que alguna les haya traído buenos recuerdos. Y acabo con una reflexión viejuna: ya no se hacen canciones como las de antes.

 

 

 

 

Que no pare la música

PLAY. La música es esencial en nuestras vidas, nos acompaña día a día y es inherente al ser humano y una de sus máximas expresiones artísticas y sensitivas. Incluso el reggaetón. En esta vida hay que escuchar de todo, amigos, unas veces por gusto y otras por obligación. Mis hijos han pasado, con mayor o menor intensidad o fervor, por las mismas etapas evolutivo-musicales de: Cantajuegos a todas horas (ya saben: Soy una taza, una tetera; El cocodrilo se metió en la cueva; Chu-chu-wá, chu-chu-wá, etc); Miliki versión 3.0 (La gallina Turuleca, Don Pepito y don José, Había una vez un circo…); Todas Las Bandas Sonoras De Las Películas Disney Habidasyporhaber (El rey león, Frozen, VaianaMoana para quienes me leen de fuera de España-, alguna que no es de Disney como Trolls, etc). Todas estas melodías infantiles son, en general, muy buenas opciones para tener a los monstruitos entretenidos en el coche. No soy partidaria de llevar tabletas o pantallas para viajar tranquilos con las fieras, así que enchufo el USB repleto de música, y listo.

boy wearing black jacket holding electric guitar

Photo by Pixabay on Pexels.com

¿Qué ocurre? Que acabamos escuchando hasta la saciedad («en bucle», como dicen ahora los millennials) toda la retahíla, los críos se aprenden las letras y las melodías, comemos y cenamos suéltaloooo (gracias, reina Elsa de Arendelle), y sin darnos cuenta podríamos subir a un karaoke a cantar Hakuna Matata sin mirar a la pantalla.

Pero de repente, un día, una conjunción de astros tiene lugar y el monstruito mayor me pide que le ponga Waka-waka de Shakira porque su compañero de clase la canta a todas horas. O me pide Despacito de Luis Fonsi porque en clase de plástica a veces la profe les pone música y le ha gustado esa canción. Y mi niño, que tiene muy buen oído y se aprende muy rápido las letras de las canciones, empieza a cantar «canciones de la radio», como dice él. Comienza a interesarse por temas, intérpretes y estilos, y contagia a su hermana que, como es más pequeña, copia en todo a su idolatrado tato mayor. Y a día de hoy tengo a estos dos coreando:

Pa fuera lo malo, no, no, no / Pasito a pasito, suave, suavecito / No eres tú, no eres tú, soy yo / y aunque me lo pidas ya no te doy ni la hora, uh-na-na, uh-na-na

Es un salto evolutivo considerable, y lo mejor es que todavía tengo el poder pleno para elegir qué canciones les dejo o no les dejo escuchar (y aprender, que es peor). Porque no todo lo que se oye en el dial es apto para menores, ¿verdad, Maluma? De momento estoy urdiendo un maquiavélico plan musical. Estamos en verano y el cuerpo pide ritmos pegadizos y letras facilonas, no vamos a discutir eso. Pero mis peques ya han entrado por el aro de la música comercial «no infantil», y estoy a un paso de meterles en vena la música que, además de gustarme, es mito e historia de la cultura popular. Ya contaré por aquí, dentro de no mucho -espero-, qué reacciones han tenido ante los cuatro de Liverpool, su majestad Queen, el increíble Michael Jackson o las bandas de rock más legendarias. De momento, en píldoras, a veces sintonizo Rock FM y suspiro aliviada si escuchan la canción que esté sonando sin pedir a gritos que les ponga otra cosa.

No puedo terminar esta entrada sin agradecer a mis padres su paciencia infinita con mi hermana y conmigo por escuchar tantas y tantas veces las canciones de Parchís y aguantarnos a nosotras cantando -o algo parecido. Y animo a todo aquel que tenga niños cerca, sean o no hijos suyos, a que intervengan en su educación musical. Y que viva la música. Y que no reduzcan las horas de música en las escuelas, por favor. Y que pongan música en directo en la tele, que no hay nada más vergonzoso que el play-back. Gracias. Eso. STOP.

Aitana, Ana Guerra – Lo malo

Luis Fonsi – Despacito

Luis Fonsi, Demi Lovato – Échame la culpa

Ana Guerra, Juan Magán – Ni la hora